Cómo salvar los enfados familiares

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En estos días de reuniones festivas, hay momentos en los que alguien dice algo que puede resultar inconveniente para alguno. Uno dice, otra responde y es posible que el conflicto esté servido. Son escenas familiares más típicas de lo que pudiera parecer, quedando un poso de enojo que puede dañar tanto la reunión, como la relación familiar o incluso tu propia autoestima. Desde el Coaching te acompaño en tu entrenamiento para salvar los enfados familiares.

 

Hay un vídeo muy divertido del humorista José Mota en el que se narra una celebración familiar que se inicia con puyas y ataques que toman forma de tiros y escaramuzas de trinchera, como si de un conflicto bélico se tratase, en el que todos pegan tiros a todos.

La exageración de la metáfora bélica provoca la sonrisa, aunque también la reflexión y también la pregunta: ¿qué pasa con el enfado que se genera en algunas reuniones familiares? ¿Te ha ocurrido alguna vez a ti?

“Las emociones aparecen para mostrarte algo”, dice Carolina Iribarnegaray, terapeuta Integral; “es preciso observar qué decisiones tomas para que la emoción no te desborde”.

“El enojo, enfado o ira es la expresión última de otras emociones y tiene que ver con los límites”, dice Iribarnegaray, refiriéndose a la tristeza, soledad o el miedo a no pertenecer, que pueden estar agazapados tras esa expresión de malestar.

Esta última puede convertirse en una respuesta iracunda o ser adaptativa; “reprimir tus impulsos puede ser interesante como mecanismo adaptativo”, dice la terapeuta; “si bien has de hacerlo sanamente, dándote cuenta de cómo pones el límite”.

 

cien

Antes de enfadarte cuenta hasta cien

¿Qué es lo que te produce enojo, enfado o ira? En esas reuniones es fácil que te comenten algo que te tomes por lo personal. ¿Qué puedes hacer si otro te dice que estás más gordo, que tienes mala cara, o que ese vestido no te queda bien? ¿Cómo reaccionar ante lo que, a todas luces, parece un ataque directo hacia ti?

Lo primero es darte cuenta de que, sea lo que sea lo que exprese esa persona, está diciendo más de ella misma que de ti; es tan sólo una proyección de cómo se siente consigo, lo que hace que proyecte ese malestar en forma de lo que interpretas como una ofensa para ti.

En tales momentos, “el sentido del humor puede ayudarte a gestionar ese enfado”, dice Iribarnegaray; “dándote la oportunidad de responder de forma adaptativa, sin obedecer al impulso”.

Date cuenta de que esa persona tendrá sus motivos y que, sobre todo, una velada o una reunión familiar no merece la pena que se estropee porque alguien diga una inconveniencia.

“Busca estrategias para acercarte de forma distinta a esa persona que se enfada casi siempre”, dice Iribarnegaray; “es importante que te des cuenta desde dónde sientes y desde dónde actúas”.

Esta experta propone las siguientes estrategias para no ceder al impulso:

  • Observa lo que sientes. Si en una fiesta familiar alguien te comenta una cosa que te ofende o te crea malestar, observa qué es lo que estás sintiendo en ese momento.
  • Qué te pide el enojo. Piensa un momento par qué o por qué te enfadas, pues así será más fácil para ti no obedecer al impulso del contraataque.
  • ¿Es adaptativo tu enfado? Tu respuesta puede ser pasivo-agresiva, con lo que estarás siendo reactivo.
  • Ojo al control excesivo. Cuando se habla de reprimir impulso no se trata de reprimir tus emociones. Permítete sentir lo que sea que sientas, aunque sin perder de vista tu poder.
  • ¿Estás manipulando a otros a través de tu enfado? A veces puedes ser tú quien manifieste enfado como una manera de llamar la atención o para conseguir lo que deseas.
  • ¿Es emoción o es estado? Observa si tus emociones se transforman en estados; por ejemplo, tu estado habitual puede ser de enfado, de tristeza o de desconfianza. Todo ello provoca reacciones de enojo y respuestas automáticas e impulsivas.
  • En una situación en la que sientes tu ira, puedes mirar, revisar (si puede o no salir tu respuesta en ese momento) y decidir (si actúas o no y cómo).

familia

Si has llegado hasta aquí, lo que te propongo es que seas tu mejor versión en esos encuentros familiares y ello por dos motivos: cuando evitas juzgar, dejas de juzgarte a ti mismo, por lo que las críticas dejarán de afectarte. El segundo motivo es que no se trata tanto de combatir el insulto, agravio o crítica, cuanto de ir hacia el bien, favoreciendo que cada cual proyecte su mejor versión.

Durante esas fiestas familiares, una de mis frases favoritas es “estás estupenda” o “te encuentro en forma”, incluso cuando la respuesta por parte de la aludida sea contraria (pues he engordado, estoy agotado). Miro a esa persona a los ojos y repito la misma frase: te veo genial.

No se trata de mentir, sino de proyectar esa luz, a la que la otra persona reacciona con agradecimiento, aunque inmediatamente lo niegue.

“Cuando veas que tu enojo sube a ira o a furia, date cuenta de que, cuanto más crezca, menos control tendrás sobre ti, pues se activará tu amígdala cerebral y confundirás acciones y diálogo”, dice Carolina Iribarnegaray.

Desde el Coaching, te comparto la siguiente reflexión, por si puede serte de utilidad para tu próxima reunión familiar: “Cuando la conducta de los demás te afecta, estás perdiendo poder sobre ti; aprende el fino arte de ignorar”.

¡Felices Encuentros Familiares! ¡Feliz Coaching!

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