¿Te gusta hablar en público?

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hablar en público

Hay una opinión generalizada a propósito de hablar en público y es que no a todo el mundo, por no decir a una gran parte de la población, le gusta. Contra lo que pudiera parecer a primera vista, no tiene que ver únicamente con el hecho de ser tímido, aunque esto también puntúa a la hora de que las palpitaciones, la dificultad para respirar, la sudoración excesiva o incluso los temblores hagan su entrada. Es el pánico escénico. Desde el Coaching te propongo algunas técnicas para superarlo.

 

Cuando era muy pequeña, algunas veces durante las reuniones familiares varias de mis primas se arrancaban a cantar, bailar o recitar ante el resto de la familia.

Una de ellas, un poco más pequeña que yo, era quien casi siempre se ofrecía voluntaria. Cantaba y bailaba con desparpajo. Yo la admiraba por dos motivos: por lo bien que lo hacía y también porque así nadie me pedía participación.

La verdad es que por entonces mi timidez me hacía temblar sólo con pensar en la actuación, fuera espontánea o preparada. Recuerdo que, aliviada una vez que la artista salía a escena, me quedaba en segundo plano y disfrutaba del evento.

“Algunos reconocemos situaciones de angustia en el colegio o en el ámbito familiar”, dice Carolina Iribarnegaray, terapeuta Integral; “no a todo el mundo le gusta hablar en público, aunque una cosa es sentir vergüenza y otra distinta lo que se conoce como pánico escénico”.

Esta experta, que ha impartido la clase magistral virtual Superando el pánico escénico en la escuela y comunidad de Crecimiento Personal Psicorumbo, considera que “se puede sentir ese miedo o pánico en situaciones cotidianas; es más, a veces la ansiedad es mayor con gente conocida y familiares, ya que tiene que ver más con la autocritica que con el escenario”.

Cualquier persona, por fogueada que esté, puede sentir miedo ante el público; sin embargo, esto no tiene por qué ser pánico escénico, el cual “te limita y genera estados interiores relacionados con pensamientos negativos”, dice Iribarnegaray, que establece siete síntomas fundamentales que, con mayor o menor intensidad, lo caracterizan: “palpitaciones, sudoración intensa, temblores, dificultad para respirar, náuseas, pensamientos negativos abrumadores e incluso parálisis”.

“Los síntomas pueden jugarte malas pasadas”, dice esta experta, que descarta que el pánico escénico tenga que ver con el nerviosismo habitual de un primer encuentro; “de modo que tales manifestaciones físicas indican que la situación te supera, limitando tu acción”.

 

pánico escénico

Dice Carolina Iribarnegaray que todo ello “tiene que ver con la historia familiar” y se apoya en los siguientes aspectos:

  • Miedo al juicio de los demás.
  • Afán por el perfeccionismo. ¿Cuánto te incentivaron o criticaron tus padres? ¿Qué sucede con tu niño interior?
  • Experiencias traumáticas ocurridas con anterioridad.
  • Tener una autoimagen negativa. “Entender qué ocurrió en tu infancia es fundamental para identificar qué factores te influyeron a la hora de exponerte ante los demás”.
  • Temor al fracaso.
  • Subestimar las propias capacidades.
  • Sobreestimación de la opinión de los demás.
  • Temor a ser rechazado.
  • Autocrítica. Es la piedra de toque para el pánico escénico, pues sostiene aquellas creencias relacionadas con la equivocación.

“Tiene que ver con nuestra etapa infantil”, dice Iribarnegaray; “no obstante, el mero hecho de reconocer una equivocación nos ayuda a superarla”; “es el cómo nos enfrentamos a los errores, si somos o no perfeccionistas o si creemos o no que tener el control de todo nos protege de algo lo que nos capacita para aceptar la equivocación”.

 

entrenamiento

Entrénate a pleno pulmón

“La mirada del otro ante el error es empática cuando muestras tu vulnerabilidad”, dice Carolina Iribarnegaray; “si no, destapa la soberbia y el rechazo de los demás”.

Esta experta considera que “la memoria puede ser hackeada por un momento de miedo”, por lo que recomienda algunos tips para afrontar la situación de hablar en público:

  • Ten una guía. Prepárate para aquello que debes presentar.
  • Conecta con las personas de forma empática.
  • Disfruta de lo que estás haciendo. Pregúntate para qué transmitir esas ideas.
  • Usa algún método de anclaje. Puedes repetir mentalmente una frase que tenga relevancia para ti mientras, por ejemplo, jugueteas con la pulsera del reloj, o con un colgante.
  • Cuando te enfrentes al aforo, habla dirigiéndote a aquella persona que te dé seguridad.
  • Puedes interactuar con el público, por ejemplo, haciendo preguntas. (Puedes ensayar con tus familiares o amigos).
  • Emplea técnicas cognitivas. Ten en cuenta que la ansiedad es provocada por tus propias expectativas y juicios. Trabaja aquellos pensamientos relacionados contigo. Escríbele una carta a tu niño interior. Ten en cuenta la compasión (la próxima vez lo haré mejor) y quiérete mucho a ti mismo.
  • Utiliza técnicas de relajación y visualización. Emplea la respiración (activa una parte de tu cerebro que impide que tu amígdala, el centro de la ansiedad, sea secuestrada por el pensamiento negativo). Date cuenta de que tu peor crítico eres tú mismo.

Visualízate previamente realizando la presentación, observándote serenamente a ti y a las personas que te escuchan.

  • Ten en cuenta las técnicas conductuales. Desarrolla habilidades sociales (incluso una conversación en la escalera, con un vecino, puede ayudarte a entrenar). Apúntate en foros de tu interés; selecciona temas que te gusten y añade comentarios.

Ve paso a paso: empieza en espacios con pocas personas para intercambiar opiniones, presentar tus puntos de vista e interactuar con los demás. Puedes ampliar esta red paso a paso.

Si has llegado hasta aquí, te revelo algo más sobre mi proceso de extroversión. Según fui creciendo, tuve la fortuna de contar, entre mis personas favoritas, con alguien que a cada paso me indicaba posibilidades y herramientas para lo que ella identificaba como “vencer la timidez”.

Clases de baile, animarme a participar en clubes juveniles, enseñarme cómo maquillarme e incluso ser mi particular y peculiar asesora de imagen. Es cierto que sus métodos, a veces, eran algo expeditivos, aunque yo adoraba esos momentos de complicidad en el aprendizaje para ser una adulta resuelta.

Esa estupenda asesora ha sido mi madre, a quien siempre querré y a la que ahora de adulta, cada vez que me enfrento a una situación en la que he de exponerme, le brindo mi triunfo. Y si no, “la próxima vez lo haré mejor. Prometido, querida mamá”.

¡Felices Triunfos Escénicos! ¡Feliz Coaching!

 

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