¿Valores para toda la vida?

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¿Te has parado a pensar cuáles son tus valores? ¿Para qué crees que te pueden ser útiles? ¿Piensas que los valores son para toda la vida? ¿Han sido siempre tuyos o quizá te los ha inculcado alguien? ¿Qué pasaría si te encasillaran mediante un único valor al que tuvieras que ser leal para siempre?

 

En estos días he tenido la oportunidad de disfrutar de la serie Divergente, basada en las novelas de Verónica Roth e integrada por tres episodios: Divergente, Insurgente y Leal, (filmes estrenados entre 2014 y 2016, dirigidas por Neil Burger y Robert Schwentke y protagonizadas por Shaile Woodley y Theo James).

A lo largo de esta maratoniana y entretenida sesión (recomiendo verlas, por ser también muy interesantes), he tenido la oportunidad de vibrar con las experiencias de Tris y Cuatro en torno a un tema tan básico como presente en la humanidad: los valores.

En esta distopía (un futurible que suele ser desesperanzador y opuesto a la idealización propia de la utopía) parece que los valores se alinean en torno al concepto del pensamiento convergente. Esto es, aquél que considera una única solución a un problema, eliminando posibles alternativas y marcando una ruta única.

En Divergente la vida se organiza en torno a cinco familias, cada una con su valor, de modo que el clan Abnegación se identifica con el altruismo, el de la Cordialidad con la paz, la facción de la Verdad con la sinceridad, la de la Osadía con la valentía y la de la Erudición es patrimonio de la inteligencia.

Todo parece ir como la seda hasta que llega el relevo generacional, esto es, al alcanzar la mayoría de edad, los adolescentes han de escoger qué valor identifica su vida y cuál será el clan al que quedarán unidos para siempre.

Una prueba previa sirve de indicación a propósito de por dónde van las respectivas habilidades de cada joven, que puede renegar de la facción en la que nació y creció para elegir finalmente aquélla que lo define.

Es entonces cuando surge el dilema, pues ¿qué ocurre con los chicos o chicas que no encajan con ninguna de esas familias y sus respectivos valores? Es más, ¿qué pasa con aquéllos que son capaces de tener un pensamiento divergente?

Quienes poseen este último son capaces de emplear las habilidades y valores de las distintas facciones, hilvanándolo todo mediante la creatividad y plasmándolo en forma de innovación.

Y es aquí cuando surge el conflicto, ya que convergentes son la mayoría, aunque divergentes hay, aparentemente, muy pocos. El pensamiento crítico y sus múltiples valores los convierten, no obstante, en peligrosos para el poder reinante en la ciudad de Chicago, que es el escenario acotado para este mundo distópico.

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Tu lista de valores

Por valores entendemos aquellos preceptos que guían o dirigen nuestro comportamiento, es decir, una especie de manual de instrucciones de nuestra conducta.

Humildad, responsabilidad, honestidad, respeto, prudencia, gratitud, generosidad, compromiso, tolerancia, empatía, autoestima, amistad, optimismo, paciencia, esfuerzo, carácter, felicidad o sensibilidad son algunos de esos principios que se consideran relevantes para desenvolvernos en sociedad.

Valores, principios y preceptos que se clasifican en torno a la siguiente relación:

  • Son aquellos que aplicamos individualmente en nuestro día a día.
  • Tienen que ver con la manera en la que nos relacionamos en un entorno de trabajo.
  • De empresa. Diseñan la manera de producir y de relacionarse en la compañía.
  • Se fundamentan en un sistema de creencias cuya base común es la fe.
  • La pertenencia a un clan familiar conlleva valores tales como el respeto a las personas mayores o la protección a los más débiles (niños).
  • Pueden hacerse extensibles a toda la sociedad y no sólo a un círculo poblacional concreto. La privacidad es uno de estos valores.
  • Políticos. Libertad individual y acceso a los recursos básicos son los más citados, a tenor de las respectivas corrientes políticas.
  • Estéticos. Relacionados con la percepción y con determinadas apreciaciones estéticas.
  • Éticos. Son principios que tienen valor por sí mismos, como la paz y el respeto.
  • Hay personas que viven desde la abundancia y otras desde la escasez, aunque en ambos casos no existe mucha relación con respecto al dinero que se posee.

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Si has llegado hasta aquí, comparto contigo que además de disfrutar de las tres películas, me he sentido muy identificada con Tris y no sólo porque sea la protagonista, sino porque enlazo con gran parte de los valores que muestra: coraje, valentía, flexibilidad y erudición, aunque también respeto (a ella misma y a su clan), compasión, empatía, compartición y responsabilidad.

Así que desde el Coaching te propongo la divergencia al escoger cuáles son los valores que te definen partiendo, por ejemplo, de la relación de más arriba.

Sin llegar a los términos de Groucho Marx, en el hilarante diálogo en el que expresa “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros” (Go west, 1940, dirigida por Edward Buzzell) te invito a que no te encadenes a ningún valor, a que definas los tuyos propios y a que seas consecuente con tu propia evolución.

¡Feliz Divergencia! ¡Feliz Coaching!

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