¿Existen los nativos digitales?

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Las nuevas tecnologías nos proporcionan diversos beneficios, aunque, si tienes hijos, sobrinos o nietos en edad escolar, ya habrás oído hablar del término estrés digital, provocado por el desequilibrio entre el volumen de información recibida y la capacidad del cerebro para absorberla, especialmente en el caso de los más pequeños. Desde el Coaching te formulo una pregunta: ¿cuál crees que es el precio de tener móviles cada vez más rápidos?

 

Hace algún tiempo, mientras disfrutaba de la compañía de algunas de mis personas favoritas en una terraza, al término de un almuerzo, me dieron los ojos en un bebé de unos diez meses que, sentado en su carrito, daba vueltas, con sus manitas regordetas a un móvil de gran tamaño.

En un momento determinado, el bebé acercó el teléfono a su boca y empezó a chuparlo, tal y como suelen hacer los peques para reconocer y aprender las formas de los objetos.

Fue entonces cuando me levanté y avisé a la madre, que en ese instante estaba hablando con una de las personas de su mesa. Ella creyó que mi aviso estaba relacionado con la posibilidad de que el bebé pudiera estropear el smart phone.

Tras disculparme por inmiscuirme en su intimidad, le expliqué que cuando los niños son tan pequeños las radiofrecuencias tienen un impacto negativo en sus órganos, especialmente en el cerebro.

“Los nativos digitales no existen”, dice David Pérez, experto en Brain Care y Bienestar Digital; “los niños necesitan que los adultos cuidemos de ellos en el mundo digital”.

“Las radiofrecuencias de 60 GHz, dentro del espectro 5G utilizado por los teléfonos, tiene un impacto negativo en el hígado, los riñones, el tejido del bazo, en la sangre y en la médula ósea”, dice este experto; “por ésta y otras razones relacionadas con el estrés, los móviles han de darse a los niños cuanto más tarde, mejor, pues a más edad, tanto su empatía como su capacidad de mantener relaciones, en suma, su salud mental, estarán más fortalecidas”.

 

jóvenes y tecnologia

Estrés en niños y mayores

“La ansiedad, irritabilidad, la inquietud, los pensamientos obsesivos y el aislamiento son conductas cada vez más habituales en niños y adolescentes, debido a la digitalización acelerada de la sociedad”, dice David Pérez, durante su conferencia virtual “Conectados desde la cuna”, para la Fundación Vivo Sano.

Surge así el concepto de normalidad para la sobreconexión, “según datos de Unicef, uno de cada tres niños menores de 11 años está enganchado a las redes e Internet en España”, dice Pérez; “el 31,5 % pasa más de 5 horas al día en esta actividad entre semana y además, duermen con el smart phone al lado”.

En este sentido, los datos de diversos estudios internacionales hablan de un incremento del 70 % en los niveles de ansiedad y estrés en menores durante el último cuarto de siglo. “Existe una correlación entre los tiempos de pantalla y el desempeño de las funciones ejecutivas complejas, tales como la creatividad, el autocontrol y la memoria, pues interfieren con las ondas cerebrales”.

Las consecuencias se disponen en torno al círculo del estrés, que se inicia cuando un aumento del estrés digital (el volumen de información recibida es mayor que la capacidad del cerebro para procesarla) provoca el cansancio físico y mental.

Desde este punto se pasa a la desmotivación, luego a tener un tiempo de mala calidad; de ahí, a las tareas incompletas con la consiguiente rumiación, la bajada de la autoestima, la incapacidad para desconectar y a una nueva rumia, hasta el aumento de los conflictos y del nivel de irascibilidad. Y vuelta a empezar, en un círculo sin fin.

“Son varios los tipos de estrés digital”, dice David Pérez; “en primer lugar, el estrés por disponibilidad, seguido de la ansiedad de aprobación, del miedo a perderse algo, de la sobrecarga de conexión, sobre todo entre los adolescentes y en adultos jóvenes, además de la vigilancia en línea, es decir, la comprobación compulsiva del dispositivo”.

En los niños, estos efectos son más intensos: mayor probabilidad de desarrollar obesidad, problemas con el sueño, deterioro de la empatía, con la consiguiente dificultad para relacionarse, problemas de concentración, la reducción de su nivel de lectura, lo que lleva a un menor desarrollo del lenguaje y al empobrecimiento de su nivel de creatividad.

 

 

abuela sin móvil

Hacia el bienestar digital

Dice este experto que el bienestar digital se obtiene mediante el uso consciente de la tecnología, permitiendo que tanto las personas como las comunidades alcancen todo su potencial.

¿Cómo logramos ese nivel óptimo? David Pérez comparte cuáles son las mejores estrategias para educar en la era digital:

  • Liderar con el ejemplo. Que padres e hijos compitan por la atención de sus respectivos teléfonos en la mesa, provoca un alejamiento. En cambio, el indicador de éxito de un niño puede medirse en función del número de comidas que disfruta en compañía de su familia.
  • Sacar partido a la tecnología. Comprenderla supone darle el uso que nos facilita la vida, en lugar de entorpecerla.
  • Conversaciones cara a cara. Si no hay dispositivos, es más fácil mirarse a los ojos, favoreciendo la comunicación entre padres e hijos.
  • Dedicar tiempo a los menores. Permite conectar emocionalmente con los niños y adolescentes, creando confianza.
  • Generar experiencias sociales. Contribuyen al desarrollo físico y emocional del cerebro de los menores.

Si has llegado hasta aquí, comparto contigo un término para mí novedoso, “doomscrolling”, es decir, la acción de leer noticias en línea durante mucho tiempo. “Hay algunos tipos de personalidad con mayor posibilidad de hacerlo”, dice David Pérez; “no obstante, las de menor riesgo son aquellas personas extrovertidas y abiertas a la experiencia”.

 

¡Feliz Bienestar Digital! ¡Feliz Coaching!

 

 

 

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