Dejar de fumar no es solo cuestión de voluntad: así altera la nicotina el cerebro

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Dejar de fumar no es solo cuestión de voluntad: así altera la nicotina el cerebro.

El nuevo proyecto de ley antitabaco ha vuelto a situar el consumo de tabaco en el centro del debate público. La futura normativa contempla ampliar los espacios libres de humo y endurecer algunas restricciones, con el objetivo de reducir la exposición al tabaco y proteger la salud de la población.

Sin embargo, los especialistas recuerdan que dejar de fumar no depende únicamente de conocer sus consecuencias ni de tener suficiente fuerza de voluntad. La nicotina produce cambios en el cerebro que explican por qué muchas personas continúan fumando pese a ser plenamente conscientes de sus riesgos.

El neurofisiólogo clínico Francisco Martínez Pérez, con más de 20 años de experiencia, señala que la dependencia del tabaco tiene una base neurobiológica ampliamente estudiada.

“La mayoría de los fumadores sabe perfectamente que fumar aumenta el riesgo de cáncer, infarto o ictus. El problema es que la adicción no se instala en la parte más racional del cerebro, sino en circuitos relacionados con la recompensa, la motivación, el aprendizaje, la ansiedad y el control de los impulsos”, explica.

Cómo actúa la nicotina en el cerebro

Cuando una persona fuma, la nicotina llega rápidamente al cerebro y activa unos receptores específicos. Esta activación provoca la liberación de dopamina, un neurotransmisor estrechamente relacionado con la sensación de recompensa, el placer y la motivación.

La repetición de este proceso hace que el cerebro aprenda a relacionar el cigarrillo con una experiencia gratificante. Con el paso del tiempo, la asociación deja de limitarse al efecto de la nicotina y se extiende a numerosos momentos de la vida cotidiana.

Tomar un café, hacer una pausa en el trabajo, salir con amigos, terminar de comer, conducir, combatir el aburrimiento o afrontar una situación estresante pueden convertirse en desencadenantes del deseo de fumar.

De esta manera, determinados lugares, horarios, emociones o actividades acaban funcionando como señales que activan automáticamente los circuitos cerebrales relacionados con el consumo.

“Muchas recaídas no aparecen porque la persona quiera fumar conscientemente, sino porque determinados contextos activan circuitos cerebrales entrenados durante años para buscar nicotina”, afirma Martínez Pérez.

Esta es una de las razones por las que abandonar el tabaco puede resultar tan complicado. El fumador no solo debe superar la dependencia física, sino también modificar hábitos y asociaciones profundamente arraigados en su vida diaria.

El ‘craving’: cuando el deseo parece incontrolable

Uno de los principales obstáculos durante el proceso de dejar de fumar es el denominado craving. Este término se refiere al deseo intenso, urgente y aparentemente automático de consumir una sustancia.

En el caso del tabaco, el craving puede aparecer de forma repentina ante una situación asociada previamente al cigarrillo. En ese momento intervienen diferentes áreas del cerebro relacionadas con la memoria, las emociones, la recompensa y el autocontrol.

Entre ellas se encuentran el núcleo accumbens, implicado en el sistema de recompensa; la amígdala, relacionada con las respuestas emocionales; el hipocampo, vinculado a la memoria, y la corteza prefrontal, que participa en la toma de decisiones y en el control de los impulsos.

Mientras unas regiones recuerdan el alivio o la recompensa que anteriormente proporcionó el cigarrillo, otras intentan frenar el impulso y mantener la decisión de no fumar.

Este equilibrio puede alterarse en momentos de estrés, ansiedad, cansancio o malestar emocional. Cuando disminuye la capacidad de autocontrol, aumenta la probabilidad de que se produzca una recaída.

Las técnicas de neuroimagen han mostrado, además, que ver un cigarrillo o enfrentarse a situaciones relacionadas con el consumo puede activar algunas de las mismas áreas cerebrales que participan cuando la persona fuma.

Por eso, el deseo puede aparecer incluso después de un periodo prolongado sin consumir tabaco. El cerebro conserva las asociaciones aprendidas y puede reactivarlas ante determinados estímulos.

¿Fumar realmente reduce la ansiedad?

Muchas personas aseguran que el tabaco les ayuda a relajarse, despejarse o concentrarse. Sin embargo, esta sensación puede deberse en gran medida al alivio temporal de los síntomas de abstinencia.

“El tabaco no actúa, en la mayoría de los casos, como un verdadero ansiolítico. Lo que hace la nicotina es aliviar durante un periodo breve el malestar generado por la propia dependencia”, explica el especialista.

Entre un cigarrillo y el siguiente pueden aparecer irritabilidad, nerviosismo, inquietud o dificultades para concentrarse. Al fumar de nuevo, la nicotina reduce momentáneamente estas molestias.

El cerebro interpreta entonces que el cigarrillo ha proporcionado calma, aunque en realidad solo ha aliviado el desequilibrio causado por la ausencia de una sustancia a la que ya se había habituado.

Así se crea un círculo difícil de romper: la dependencia genera malestar y el cigarrillo lo reduce temporalmente, reforzando la idea de que fumar resulta necesario para encontrarse bien.

La dependencia también es emocional y conductual

A los cambios neurobiológicos se suma una fuerte dependencia psicológica. El cigarrillo puede convertirse en una herramienta para afrontar emociones o situaciones incómodas, como el estrés, la tristeza, la soledad, el aburrimiento o las preocupaciones.

También adquiere importancia el propio ritual de fumar. Sacar el cigarrillo, encenderlo, sostenerlo con la mano, inhalar y realizar una pausa son acciones que pueden repetirse miles de veces a lo largo de los años.

La reiteración convierte estas conductas en automatismos. Por ello, algunas personas sienten que no solo deben renunciar a la nicotina, sino también a una rutina que estaba presente en múltiples momentos del día.

Comprender esta doble dependencia —física y emocional— permite abordar el abandono del tabaco de una forma más realista. No se trata simplemente de decidir no volver a fumar, sino de aprender a reconocer los desencadenantes, gestionar las emociones y sustituir los hábitos asociados al consumo.

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Frrancisco Martínez, neurofisiólogo.

Estimulación magnética transcraneal: una posible aliada

Entre las nuevas estrategias estudiadas para tratar la adicción se encuentra la estimulación magnética transcraneal repetitiva, conocida como EMTr.

Se trata de una técnica de neuromodulación cerebral no invasiva que emplea pulsos magnéticos para modificar la actividad de determinadas regiones del cerebro. Su aplicación se dirige especialmente a las áreas vinculadas con el autocontrol, la toma de decisiones y la regulación de los impulsos.

En el tratamiento de la dependencia del tabaco, la estimulación se centra principalmente en la corteza prefrontal dorsolateral. El objetivo es reforzar los mecanismos cerebrales que permiten frenar el impulso de fumar y reducir la intensidad del craving.

También se busca debilitar la asociación automática entre algunos estímulos cotidianos —como el café, el estrés o las pausas laborales— y la necesidad de encender un cigarrillo.

“La estimulación magnética transcraneal no sustituye a la motivación personal ni a los tratamientos convencionales, pero puede ayudar a reducir la carga neurobiológica de la dependencia”, indica Martínez Pérez.

La técnica se plantea, por tanto, como un posible complemento dentro de un abordaje más amplio, que puede incluir seguimiento profesional, apoyo psicológico y otros tratamientos recomendados para cada paciente.

Comprender la adicción para dejar atrás la culpa

Conocer cómo afecta la nicotina al cerebro no elimina la responsabilidad personal, pero sí permite entender por qué dejar de fumar puede requerir varios intentos y por qué las recaídas son frecuentes.

Reducir el problema a una falta de voluntad puede aumentar la culpa y dificultar la búsqueda de ayuda. La dependencia del tabaco combina cambios cerebrales, síntomas de abstinencia, hábitos diarios y mecanismos emocionales que necesitan ser abordados de manera conjunta.

En este contexto, las medidas contempladas en la futura ley antitabaco pueden contribuir a reducir la exposición al humo y a modificar la presencia social del cigarrillo. No obstante, los expertos destacan también la importancia de facilitar a las personas fumadoras el acceso a tratamientos y apoyos adecuados.

Dejar de fumar continúa siendo una decisión personal, pero no tiene por qué afrontarse en solitario. Comprender los mecanismos de la adicción y recurrir a la ayuda profesional puede aumentar las posibilidades de abandonar el tabaco de forma duradera.

 

 

francisco
Frrancisco Martínez, neurofisiólogo.
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