La pandemia nos obliga a aferrarnos al presente

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Esta crisis sanitaria, este año que vivimos desde que se decretara el Estado de Alarma, nos está dejando muchas lecciones de vida. Y tal vez una de las que hemos aprendido de forma más rápida es que debemos valorar sobre todo el presente, el aquí y el ahora.

Así lo han constatado los expertos del Centro de Neurología Avanzada, CNA, quienes aseguran que para evitar el deterioro cognitivo que genera el aislamiento, debemos cultivar «la capacidad de no vivir en el futuro«. En estos meses se han incrementado las consultas por problemas cognitivos y, en muchos casos, estos problemas están directamente relacionados con el impacto emocional que causa la soledad, los cambios en la rutina a la que estábamos acostumbrados. La neuropsicóloga del CNA, Elisabeth Rodríguez, asegura que «atender estas emociones y disfrutar del aquí y ahora nos puede ayudar a combatir muchas de estas emociones negativas y evitar por tanto un declive cognitivo«.

Hemos aprendido en muy poco tiempo, como nos recuerda esta experta, que el futuro es «incierto», y que por tanto es necesario centrarse en el hoy, «priorizar el bienestar emocional en las pequeñas cosas diarias», dejando que las emociones fluyan. De no hacerlo podrán aparecer, y de hecho así está ocurriendo, secuelas psicológicas y neurológicas a consecuencia de la COVID-19.

Y, como en otros momentos complicados que podamos vivir, los expertos nos invitan a enfrentar esta situación con una perspectiva positiva, constructiva buscando nuestra bienestar psicológico que nos proteja de un posible deterioro cognitivo. En este sentido es importante reconocer que la soledad es una de las peores consecuencias de esta crisis, y lo es a nivel mundial, de ahí que algunos países como Alemania o Japón hayan creado el Ministerio de la Soledad, organismos con el que se pretender luchar contra el aislamiento social y sus consecuencias.

Cuidado con la soledad

Las cifras en nuestros país no dejan lugar a dudas: casi cinco millones de personas afrontan el confinamiento en soledad. Y dos millones de esas personas son mayores de 65 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Rodríguez insiste en que a nivel psicológico, la soledad genera «sensación de abandono, falta de respuesta emocional, facilita la apatía, la inactividad y favorece la aparición de síntomas de depresión al no contar con nadie con quien compartir y sentirnos queridos». Además, la experta reconoce que los colectivos que más pueden acusar las consecuencias de la soledad son aquellos que menos integración social tenían antes de la pandemia.

La doctora aclara que esta soledad se ha evidenciado con la crisis sanitaria pero que es un síntoma «que existía antes y es probable que en un mañana vaya acentuarse». ¿Cómo afrontarla en el futuro? Rodríguez afirma que más que enseñar a evitar la soledad, es necesario facilitar «herramientas para empoderar al paciente y que pueda controlar y gestionar sus emociones cuando se sienta solo».

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