¿Te consideras una buena persona?

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¿Te consideras una buena persona? ¿Cómo mides tu grado de bondad? ¿Te sientes correspondido por otras personas? ¿Qué criterios sigues para ser bondadosa? Desde el Coaching te proponemos tres requisitos básicos que son indispensables para ejercer tu bondad con los demás y hacia los demás

Hace años, cuando el tema del liderazgo y del saber delegar en los equipos de trabajo era tan sólo una tendencia, rodaba una broma a propósito de un manual cuyo título rezaba más o menos así: “Anda, déjalo que ya lo hago yo, que no tienes ni idea. Manual para aprender a delegar”.

Se trataba de una forma de expresar la intención que a veces tenemos las personas de hacerlo todo nosotros, abarcando lo nuestro y lo de los demás. Este ejemplo viene a propósito de los requisitos que Irina de la Flor, especialista en Coaching de la Consciencia, establece para poder ejercer la bondad, tal cual, sin interferir en la sucesión natural de los acontecimientos.

“La gente tiene intención positiva a la hora de ser buena; no obstante, incumple con el orden de las cosas”, dice De la Flor, de Fundación Vivo Sano, quien considera que existen dos cuestiones que solemos hacernos sobre la bondad: “¿Por qué si soy bueno me tratan mal?” Y “¿Por qué, aunque yo doy, no me dan a mí?”.

 

Requisitos bondadosos

Agradable, cortés o de valor positivo son sinónimos de bueno y de bondad. Se puede ser buena de muchas formas, aunque en el sentido universal del término, la bondad define al que da con generosidad a quien lo necesita.

“Al hablar de amor incondicional, se supone que una debería darlo a todo el que lo necesite”, dice Irina de la Flor; “No obstante, hay un aprendizaje que una vez que se comprende nos libra del sufrimiento” Se refiere esta coach, que lidera el proyecto “Lo Mejor de Mí” en FVS, a la compensación que sentimos, en forma de bienestar emocional, cada vez que damos generosamente a los demás, si bien “cuando una no da de forma correcta, lo que se nos devuelve es una energía negativa”.

¿Cómo ejercer correctamente nuestra bondad, entonces?

  • Dar a quien nos lo pide. Si no nos lo solicita, quizá no sea necesario dárselo. “Damos por defecto, porque pensamos que hemos venido a este mundo para dar y entramos en situaciones en las que no nos piden ni consejo, ni dinero, ni ayuda que, sin embargo, otorgamos”, dice De la Flor.
  • Dar si podemos darlo. Una vez se cumpla el primer requisito, nos enfrentamos al segundo: que nosotros podamos darlo, sea tiempo, dinero, atención, cariño o trabajo. Hemos de ser honestos con nosotros mismos y hacernos la pregunta de si podemos dar, si disponemos de elementos suficientes, porque nos sobran, para repartir el excedente. “He de tener un mínimo para vivir”, dice Irina de la Flor; “por lo que ha de haber capacidad, energía y posibilidad.

Pongamos un ejemplo: imaginemos que deseamos ayudar a nuestra nueva compañera de trabajo, que acaba de entrar a nuestro equipo. Nos pide ayuda y accedemos a apoyarla; no obstante, debemos analizar si somos capaces de incrementar el tiempo necesario a nuestra propia jornada para cumplir con ese nuevo miembro del equipo, sin menoscabo de nuestras propias tareas, las que corresponden a nuestro cargo y que constituyen nuestra responsabilidad.

  • Si al otro le corresponde recibirlo. Imagina un escenario en el que te piden el favor, tú estás dispuesto a darlo, pero… aún queda un tercer requisito, como es que a esa persona le corresponda recibirlo. Irina nos invita a imaginar que cada tarde ayudamos a nuestra hija a hacer los deberes de matemáticas porque nos lo solicita. Nosotros estamos dispuestos a ayudarla, aunque ella no sería correspondiente, dado que estaría perdiendo una lección de aprendizaje (al llegar el examen, ella no sabría cómo resolver los ejercicios).

“¿Qué ocurre si no tenemos en cuenta alguna de estas tres leyes o su orden?” se pregunta Irina de la Flor; “Cuando incumplimos este orden y empezamos a dar a gente que no nos pide, o que, aunque nos lo demande, a nosotros no nos conviene darlo, pues nuestra reserva energética no está llena; incluso si no le corresponde, pues esa responsabilidad está en su campo, ocurre que el universo nos devuelve la pelota, pero en forma de malestar emocional”.

 

Cómo darnos cuenta

¿Cómo ver dónde están los límites para la bondad? Según esta coach, existen diversas señales, como son:

  1. Resentimiento. Cuando estamos dando mucho a un ser querido, pareja, compañero de trabajo o familiar el cual no nos corresponde, sobreviene el resentimiento. Tal es la señal para darse cuenta de que estamos otorgando más de lo que deberíamos.
  2. Arquetipo del mártir. Es la figura del salvador en el llamado Triángulo dramático de Karpman, modelo psicológico y social de interacción humana, que atribuye a dicho arquetipo el papel de hacerlo todo por el otro, a pesar de que éste no lo haya solicitado. “El mecanismo del mártir supone que aquél asuma demasiadas cosas para, de esta manera, pedir la validación ajena”, dice Irina del Flor; “Es el mantra del no me quiero lo suficiente, pero haciendo cosas por los demás puedo obtener su reconocimiento”.
  3. El trío del Bueno, Malo y Sabio. Son los arquetipos que se corresponden, respectivamente, con aquél que da, el que no hace nada y el que conoce perfectamente cuándo, a quién y cómo dar.

La coach Irina de la Flor nos invita a reflexionar acerca de estos requisitos, a partir de una lista de responsabilidades: “Estas personas que hacen demasiado no tienen energía para tantas tareas, que exceden de sus capacidades”; “Por otra parte, al volcarse con tanta intensidad en lo ajeno, dejan de hacer lo propio que, no obstante, deben realizar”.

Y recuerda que lo imprescindible para ejercer la bondad es tener capacidad, disponer de energía y contar con la posibilidad.

¡Feliz Bondad! ¡Feliz Coaching!

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