Es tiempo de agradecer

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Aunque todos los días son propicios para sentir y expresar gratitud, hay momentos y fechas especiales, cuando estos sentimientos afloran en nuestro ser, pero… ¿Qué significa agradecer?

El término gratitud, define a una emoción, sentimiento o actitud de reconocimiento, que aparece cuando algo nos causa gozo, bienestar o nos sentimos librados de algún malestar.

Por ser común al ser humano, su valor es universal, al permitirnos conectar con los demás, ya que todas las culturas incluyen palabras o gestos para expresarla, más allá de cual sea la raza, sexo, clase, credo o condición, mientras que la palabra agradecimiento, es la acción que surge como consecuencia del sentimiento de gratitud, ya que expresamos agradecimiento, con un gesto, un detalle o una palabra.

Ambos términos, han sido foco de atención para algunas culturas y religiones, y nos han acompañado desde el inicio de la era cristiana, cuando el maestro Jesús, frecuentemente «oraba y daba gracias». También son citados varias veces en la Biblia, y el apóstol Pablo en el Salmo 92.1, nos recuerda: «dar gracias en todo».

Más allá de la creencia, fe o religión que podamos profesar o practicar, la gratitud se ha convertido en una receta de sanación universal, que aunque no nos libre del pesar, la tristeza y la aflicción, también resulta de gran utilidad en momentos de adversidad y de dolor.

Este sentido de reconocimiento y valoración, se ha redimensionado en una gran festividad, que según señala la tradición anglosajona, se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre, en los Estados Unidos de Norteamérica, y se ha bautizado como el «Día de Acción de Gracias», (Thanksgiving Day).

A este homenaje, se le atribuyen varios orígenes, que se remontan al siglo XVI, entre los que destacan, los siguientes:

 – Dicen que en 1620, un grupo de peregrinos ingleses, que venían huyendo del Rey James I, de Holanda, encontraron un nuevo hogar en la costa este de Norteamérica, en la localidad de Plymouth Rock, actual Massachusetts. Su primer período invernal fue especialmente frío y duro, con escasos alimentos, motivo por el cual, más de la mitad de estos peregrinos enfermaron y fallecieron, mientras que los restantes lograron sobrevivir, gracias a la ayuda de los nativos Wampanoag.

Cuando llegó el buen tiempo, los indígenas enseñaron a los ingleses sus técnicas para la caza, la pesca, y el cultivo del maíz, por lo que en el otoño de 1621, los peregrinos en señal de agradecimiento por sus abundantes cosechas, invitaron a los nativos a compartir un gran banquete, que se extendió por varios días.

Fue así, como al combinarse dos tradiciones, por una parte la costumbre de Nueva Inglaterra de regocijarse luego de una cosecha exitosa, y por la otra, la observancia religiosa que combina el banquete y la oración, nació la celebración de acción de gracias.

Aun cuando se dice que la festividad había sido proclamada en 1777, y contó con el apoyo de diferentes presidentes, como Washington, Adams o Monroe, luego de 40 años, se extinguió.

Posteriormente, en 1827, Sara Hale, una influyente editora de la revista femenina Godey´s Ladys Book, inició una campaña, dirigiéndose públicamente a varios presidentes, con la finalidad de restablecer la celebración, del Día de Acción de Gracias, en el que las familias se reuniesen, para compartir y agradecer con un banquete.

Luego de transcurridos varios años, en 1863, en un país devastado por la guerra de secesión, Sara Hale, convenció al presidente Abraham Lincoln, de proclamar oficialmente ante el Congreso, la celebración del Día de Acción de Gracias, como una excelente oportunidad para unir a la nación.

En la actualidad, aun cuando se sigue considerando la versión oficial realizada en 1621, como la original, debido al creciente auge de la comunidad hispana en Estados Unidos, algunos historiadores se han dedicado a investigar en relación con otros posibles orígenes para esta festividad.

 – En tal sentido, y como resultado de estas investigaciones, han surgido otras explicaciones, una de las cuales, atribuye el origen de la celebración del Día de Acción de Gracias, al asturiano Pedro Menéndez de Avilés, quien fue enviado por los Reyes, en agosto de 1565, para defender las posiciones del regimiento español, amenazadas por el avance de los franceses, en el nuevo continente. Tras atacar Ford Caroline, hoy Jacksonville, junto con el apoyo de la tribu Saturiwa, Menéndez de Avilés, fundo la ciudad de San Agustín y reconquistó La Florida.

Por tal motivo, y como señal de agradecimiento por el apoyo recibido, el 8 de septiembre de 1565, Menéndez de Avilés, ofreció a estos nativos, un gran banquete y misa, que es considerado por algunos historiadores y también por la tradición católica, como el origen real del Día de Acción de Gracias.

 – Adicionalmente, hay otra versión que data de 1598, que atribuye al explorador español Juan de Oñate, el origen de esta celebración, ya que luego de haber realizado una caminata de más de 500 kilómetros por el desierto mexicano, compartió un gran banquete con varios nativos a orillas del Río Grande.

 

Aunque el agradecimiento debería ser constante en nuestras vidas, nunca está de más, dedicar un día en especial a manifestar y compartir nuestro gozo, tal como lo cita el refrán español: «Es de bien nacidos, ser agradecidos«.

Afortunadamente, esta tradición, sigue trascendiendo fronteras y cada vez son más los países que se unen a ella, entre los que es oportuno mencionar:

  • Canadá, que realiza su celebración, el segundo lunes de octubre.
  • Alemania, que aunque no se conozca el origen de la que llaman la Fiesta de la cosecha, “Erntedank”, se dice, que tiene connotaciones religiosas, y las iglesias son decoradas con frutos.
  • Japón, lo celebra el 23 de noviembre, como día festivo nacional, que tiene su origen en un festival por la cosecha de cereales. Este día, las empresas cierran, y se da las gracias a los trabajadores por ser fuente de riqueza.

En estos momentos de cambios profundos, en los que nos enfrentamos con la fragilidad y transitoriedad del ser, es cuando son más necesarias las caricias afectivas, lejos de la queja, los juicios, la crítica y el rencor, para sanar nuestras heridas.

Busquemos los espacios nutritivos de respeto, tolerancia y aceptación, que nos permitan conectar con aquello que nos reconcilia con la vida, valorando y disfrutando de esas cosas sencillas, que nos alegran el día a día.

El Día de Acción de Gracias, nos recuerda que llegó el tiempo de tumbar muros, derribar paredes y tender puentes, porque, como todos los días: Hoy es tiempo de agradecer.

«Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud´», Jean de La Bruyére, Siglo XVII.

Nancy América Pérez Barreiro.

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