Ansiedad y depresión: las señales que conviene reconocer antes de que afecten al día a día.
La ansiedad y la depresión no siempre aparecen por separado. En muchos casos, sus síntomas pueden coexistir, solaparse y afectar de forma importante a la vida cotidiana. Identificarlos cuanto antes resulta clave para poder solicitar ayuda profesional y valorar el tratamiento más adecuado en cada caso.
Según los datos expuestos por varios expertos reunidos por Schwabe Farma Ibérica con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, hasta un 90% de los pacientes con ansiedad pueden presentar también síntomas de depresión.
Esta coexistencia puede dar lugar al denominado trastorno mixto ansioso-depresivo, caracterizado por la presencia simultánea de manifestaciones de ansiedad y depresión sin que ninguna de ellas alcance, por separado, los criterios diagnósticos completos de un trastorno de ansiedad o de un episodio depresivo.
El problema es que algunos de estos síntomas se parecen entre sí, lo que puede dificultar su identificación y retrasar la consulta.
¿Cuáles son los síntomas más habituales de la ansiedad?
La ansiedad puede manifestarse mediante una preocupación persistente, tensión, inquietud o dificultad para relajarse.
A estos síntomas pueden sumarse otros como:
- problemas para dormir;
- cansancio o fatiga;
- dificultades para concentrarse;
- sensación de nerviosismo o intranquilidad.
No todas las personas experimentan la ansiedad de la misma manera ni con la misma intensidad. Por eso, los especialistas recomiendan prestar atención no solo a la presencia de los síntomas, sino también a su duración y a la repercusión que tienen sobre la vida cotidiana.
Depresión: no siempre es solo tristeza
La depresión puede manifestarse a través de un estado de ánimo bajo, pero también mediante la pérdida de interés o de placer por actividades que anteriormente resultaban agradables.
La falta de energía, las alteraciones del sueño o los problemas de concentración pueden formar parte igualmente de un cuadro depresivo.
Precisamente estos últimos síntomas pueden aparecer también asociados a la ansiedad, lo que hace necesario valorar el conjunto de la situación y no interpretar cada señal de forma aislada.
La catedrática de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Fundación López-Ibor, María Inés López Ibor, explica que “cuando ansiedad y depresión se presentan conjuntamente, no basta con identificar síntomas de una u otra dimensión de manera aislada”.
La especialista considera necesario analizar “cómo se combinan, cuánto tiempo llevan presentes y, sobre todo, qué impacto están teniendo en la vida cotidiana de la persona”.
Cuando los síntomas empiezan a limitar el día a día
Una de las señales importantes para solicitar ayuda es comprobar que el malestar empieza a interferir en el funcionamiento habitual.
La presencia simultánea de síntomas ansiosos y depresivos puede afectar a la capacidad de una persona para afrontar sus tareas diarias, concentrarse, descansar adecuadamente o mantener sus actividades habituales.
Por esta razón, los expertos recomiendan no esperar a que los síntomas sean muy intensos.
Una preocupación que se mantiene en el tiempo, la pérdida de interés por actividades habituales, los problemas persistentes de sueño, un cansancio difícil de explicar o las dificultades para concentrarse pueden ser motivos suficientes para consultar con un profesional sanitario si afectan al bienestar o a la vida cotidiana.
Atención Primaria, una puerta de entrada fundamental
La detección precoz adquiere especial importancia en un contexto en el que los problemas de salud mental tienen una presencia elevada entre la población.
Según los datos recogidos, el 35 % de la población tiene registrado en Atención Primaria algún problema de salud mental, y los trastornos de ansiedad figuran entre los más frecuentes.
Además, más del 70% de las personas con trastornos mentales comunes acuden a Atención Primaria, lo que sitúa a los centros de salud en una posición especialmente relevante para detectar los primeros síntomas, realizar una valoración inicial y orientar al paciente.
Un tratamiento diferente para cada persona
No existe una única forma de abordar los síntomas de ansiedad y depresión.
Los profesionales deben valorar la intensidad de las manifestaciones, cuál de las dos dimensiones tiene mayor peso, si existen síntomas físicos asociados y hasta qué punto la situación está alterando la vida diaria.
Entre las posibilidades terapéuticas se encuentran las intervenciones psicoterapéuticas y los tratamientos farmacológicos, cuya elección debe hacerse de manera individualizada.
López Ibor insiste en la necesidad de valorar las distintas alternativas disponibles y evitar asumir automáticamente que todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento.
El consumo de ansiolíticos ha aumentado de forma sostenida en España desde 2019, según los datos presentados durante el encuentro, con un incremento especialmente notable entre las mujeres de 75 años o más.
Los especialistas recuerdan que determinados medicamentos, como las benzodiacepinas, requieren una adecuada valoración médica debido a cuestiones relacionadas con su tolerancia y el riesgo de dependencia.
Mirar más allá de los síntomas
El psiquiatra Siegfried Kasper, jefe emérito del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad Médica de Viena, pone el foco en otro aspecto importante: el éxito de un tratamiento no debería medirse exclusivamente por la reducción de determinados síntomas.
“El objetivo último del tratamiento debe ser conseguir una mejoría que tenga significado para la persona y que responda a sus necesidades concretas y en su rutina diaria”, señala.
Esta visión apunta hacia una atención cada vez más personalizada, en la que ansiedad y depresión se valoren conjuntamente y las decisiones terapéuticas tengan en cuenta las características y preferencias de cada paciente.
No esperar a que el malestar sea insoportable
Reconocer los síntomas es el primer paso para poder actuar.
Sentirse preocupado, triste, cansado o dormir mal de manera puntual no significa necesariamente que exista un trastorno. Sin embargo, cuando estos síntomas persisten, aparecen conjuntamente o empiezan a dificultar las actividades cotidianas, conviene consultar con un profesional.
Detectar el problema en sus primeras fases puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y a encontrar antes la estrategia terapéutica más adecuada.
Conocer las señales de la ansiedad y la depresión permite también que familiares y personas cercanas estén más atentos a determinados cambios y puedan favorecer que quien los está experimentando solicite ayuda.
Porque en salud mental, como en otros ámbitos de la salud, no es necesario esperar a encontrarse muy mal para pedir ayuda.













