«Nunca es tarde para ayudarse a sí mismo a estar mejor»

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Imagen de Javier Burgos.
Conocer lo que comemos y conocer cómo nos afecta lo que comemos es clave para recobrar la vitalidad y para llegar a nuestro estado óptimo. Así lo confirma María Kindelán en su nuevo libro: Come para comerte el mundo, publicado por Plataforma Editorial. Una obra que, como ella misma asegura, no habla de dietas sino de encontrar las herramientas para desarrollar «la capacidad que todos tenemos de llevar cambios a la práctica para ayudar al cuerpo a sanarse«.

 

¿Cuál es el objetivo último de este libro?

Este libro es una recopilación de todas las herramientas que he ido aprendiendo y aplicando en los últimos desde que me dedico al mundo de la salud, y que me han parecido tremendamente útiles y prácticas para la vida que llevamos. Estas herramientas nos ayudan a identificar qué necesitamos cada uno de nosotros  para estar al máximo de nuestras posibilidades de rendimiento. A veces podemos pensar que estamos comiendo de una manera saludable pero, a lo mejor, no es lo que nuestro cuerpo necesita. Son pautas sencillas que, a mi personalmente, me cambiaron la vida. Y, cuando ya empecé a asesorar tanto a nivel personal como a diferente colectivos sobre cómo manejarse con la energía de los alimentos, he visto grandes transformaciones. Y esto fue lo que me animó a compartirlo con este libro.

 

Llegas a estas conclusiones a través de tu propia experiencia. Ese convencimiento personal, ¿le da una fuerza mayor a lo que transmites?

Sin duda es así. En mi caso, yo estaba sometida a niveles de estrés muy alto por la vida que llevaba, desde muy joven trabajando en multinacionales, con muchas horas de trabajo y  un nivel de exigencia altísimo. Además era madre de dos niñas pequeñas y la conciliación era casi una utopía. Yo sentía que no descansaba lo suficiente y todo lo achacaba a que tenía mucho estrés, no hacía bien las digestiones, mi cuerpo empezó a rechazar muchos de los alimentos que  había comido normalmente sin problemas y empecé a acumular un cansancio crónico que sabía, que por la edad que tenía y la vitalidad que me había caracterizado siempre, no era normal. No me gustaba esa sensación. Quise entender qué era lo que había pasado. Esto me supuso una crisis porque no entendía por qué no tenía energía, no sabía cómo manejar la situación. Consideraba que había comido relativamente sano, había hecho deporte toda mi vida, y el no estar al 100 % de mis posibilidades me generaba bastante frustración. Esto unido a otras circunstancias personales me llevaron a decidir darle un giro radical a mi vida. Decidí formarme en el campo de la salud, primero para recuperar mi energía y poder aplicarla en mi familia y en mi entorno más cercano y, a medida que fui descubriendo cosas y sobre todo notando cambios en mí, fue cuando me animé a formarme de una manera más profesional.

 

¿Cuáles son los cambios principales que debemos hacer en nuestro día a día?

Los cambios son varios. En primer lugar hay que ordenar los horarios. En España tenemos una costumbre cultural de cenar tremendamente tarde y comer un poco desordenado. Vamos en contra de lo que son los ritmos de nuestro organismo. Le damos trabajo cuando lo que tenemos, en verdad, es que ayudarle a descansar. Cenamos tarde y alimentos contundentes que no nos dejan reparar ni el sistema digestivo ni el sistema nervioso. Por tanto nos levantamos cansados y sin apetito. Otra cosa importante es prestar atención, no solo a lo que comemos sino también a qué efecto tiene lo que comemos. Como vamos en automático, muchas veces no tenemos en cuenta que ese dolor de cabeza o esa falta de concentración o nuestro estado de ánimo, tiene mucho que ver con lo que hemos comido las horas antes. No nos han enseñado a identificarlo. Pero simplemente parando y prestando atención, vamos relacionando. Además de muchas otras cosas que podemos hacer. Que es lo que precisamente recojo en el libro intentando transmitirlo de forma clara y fácil. Fíjate, cuando me estaba formando en salud sí que echaba de menos que me contaran, no solo una información que estaba científicamente comprobada, sino que me lo contaran de verdad, que me dijeran cómo se hace, cómo se pone en práctica. Y mi objetivo con el libro ha sido ese, reunir todas esas pautas de forma que pueda entenderlo todo el mundo, y adaptadas a la vida que de verdad llevamos.

“Hay que ser igualmente constante y paciente y ponerse metas cortas y accesibles”

Imagen de Javier Burgos.

Como dices las rutinas a cambiar llevan con nosotros mucho tiempo. Pero, ¿siempre se puede cambiar? ¿A cualquier edad podemos iniciar el proceso?

Los cambios pueden hacerse en cualquier momento. Pero lo que tenemos que tener en cuenta es que al igual que hemos generado un hábito durante mucho tiempo, no podemos esperar que nuestra vida cambie en cuestión de pocos días o de semanas. Hay que ser igualmente constante y paciente y ponerse metas cortas y accesibles. Si, con las razones de cada uno en particular, sí tengo claro que mi objetivo es sentirme mejor, hay que asesorarse bien y, desde la escucha personal, ponerse metas cortas. Es decir, por ejemplo, proponerse en una semana poner el foco en las cenas. E intentar esa semana cenar más temprano, intentar quitarme los alimentos que sé que pueden hacerme daño por la noche y centrarse solo en eso. Poco a poco se va reforzando la fuerza de voluntad, porque cuando uno ve mejoría y se siente bien, se anima. La motivación es fundamental. La fuerza de voluntad hay que entrenarla con cosas que nos ilusionen, que nos hagan sentir mejor, y así, poco a poco, vamos incorporando cada pocos días un cambio más. Hasta que llegamos a un momento en el que se convierte en algo automático porque lo hemos integrado de una forma natural. Por eso no importa la edad que tengamos. Nunca es tarde para ayudarse a sí mismo a estar mejor.

 

Una de las partes más útiles del libro es aquella en la que relacionas problemas más o menos comunes de salud con aquello que debe o no ingerirse para mejorarlos.

Es lo que más me ayudó a mí. Una vez que conocemos cómo actúan los distintos alimentos en nuestro organismo, nos puede ayudar muchísimo a la hora de aliviar un malestar, incluso prevenirlo. Es importante sobre todo saber qué evitar. Porque el cuerpo tiene la capacidad natural para sanarse pero hay que ayudarle. Entender cómo funcionamos a nivel interno y energético es algo que deberíamos aprender desde muy pequeños.

 

¿Es responsabilidad de las familias, entonces, educar sobre lo que comemos?

Los niños crecen imitando lo que ven. Si en las casas, las familias estamos actuando de una manera concreta, casi de una forma natural, casi sin darnos cuenta, es lo que les estamos inculcando. Esta relación disfrutona pero también medicinal, por decirlo de alguna manera, con la comida.

 

En el libro se habla de estos cambios, de que es posible mejorar nuestro estado prestando atención a la comida pero ¿sin renunciar a disfrutar de ella?

Justo. Qué importante es estar satisfechos a nivel sensorial. Por eso hablamos de distintos niveles de nutrición y no solo el básico, el que nos permite sobrevivir. Tenemos que tener los sentidos satisfechos. Por eso nos gusta un plato que huele bien, que tiene buen aspecto, que tiene colores que contiene diferentes sabores y texturas. Tiene que haber equilibrio en todo, porque los sentidos tienen que estar satisfechos para que me encuentre equilibrada y me encuentre bien. De ahí que con este libro me gusta demostrar que no son antagonistas el mundo de la gastronomía de disfrute y el de la salud. Deben ir de la mano, porque además así se multiplican los efectos cuando comemos cosas ricas y, encima nos sientan bien.

 

 

 

 

 

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