Menopausia y aumento de peso: por qué cambia el cuerpo y cómo afrontar esta etapa

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Menopausia y aumento de peso: por qué cambia el cuerpo y cómo afrontar esta etapa.

 

La menopausia es una etapa natural en la vida de las mujeres, pero sigue rodeada de mitos y desinformación. Uno de los más extendidos es que su llegada provoca inevitablemente un aumento de peso. Aunque no todas las mujeres engordan durante este periodo, los cambios hormonales y metabólicos pueden modificar tanto la composición corporal como la distribución de la grasa.

El doctor Carlos Blanco-Soler, jefe de Ginecología del Hospital Hospiten Roca y de la Unidad de Apoyo a la Pérdida de Peso, explica que al menos el 50 % de las mujeres experimenta un aumento de peso durante el climaterio. Sin embargo, advierte de que el cambio más relevante no es necesariamente el que refleja la báscula, sino el incremento de la grasa corporal, especialmente la visceral, y la pérdida progresiva de masa muscular.

Estos cambios pueden traducirse en aumentos de peso de entre el 7% y el 10% en algunas mujeres, con consecuencias para su bienestar físico y emocional. El especialista insiste en que no deben interpretarse como un fracaso de la dieta o del ejercicio, ya que responden a mecanismos fisiológicos que requieren estrategias adaptadas a esta etapa.

Por qué aumenta la grasa abdominal durante la menopausia

Uno de los cambios más característicos de la menopausia es la redistribución de la grasa corporal. El descenso de los estrógenos, especialmente del estradiol, favorece que la grasa deje de acumularse predominantemente en caderas, glúteos y muslos y se concentre en mayor medida en el abdomen.

Se produce así una transición desde el patrón de distribución conocido como «forma de pera» hacia otro más central, asociado a un aumento del perímetro abdominal.

«Durante la menopausia no solo puede modificarse la cantidad de grasa corporal, sino también su distribución anatómica y su actividad metabólica», señala Blanco-Soler.

Esta transformación va más allá de una cuestión estética. La grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos abdominales, está relacionada con un mayor riesgo de resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, alteraciones del colesterol, enfermedad hepática metabólica y problemas cardiovasculares, como el infarto de miocardio o el ictus.

Además, aunque la menopausia no provoca necesariamente una caída brusca del metabolismo basal, sí puede alterar el procesamiento de las grasas y la glucosa, favoreciendo un perfil metabólico menos saludable.

menopausia

El sueño, los sofocos y el estrés también influyen en el peso

Los cambios hormonales no son los únicos factores que intervienen en el control del peso. Los sofocos, las dificultades para dormir y el estrés, frecuentes durante esta etapa, también pueden influir en el apetito y los hábitos alimentarios.

La falta de descanso puede dificultar el mantenimiento de rutinas saludables, mientras que el estrés puede alterar los mecanismos cerebrales relacionados con el hambre y la recompensa. En algunas mujeres, esto se traduce en una mayor tendencia a comer por motivos emocionales o en dificultades para controlar la ingesta.

Por ello, los especialistas recomiendan evaluar de forma individualizada las circunstancias de cada paciente, prestando atención no solo a la alimentación y la actividad física, sino también al descanso y al bienestar emocional.

Por qué las dietas y el ejercicio pueden dejar de funcionar como antes

Muchas mujeres llegan a las consultas médicas frustradas después de probar diferentes dietas, aumentar la actividad física o recurrir a estrategias como el ayuno intermitente sin conseguir los resultados esperados.

Según Blanco-Soler, es habitual que métodos que habían funcionado durante años pierdan eficacia con la llegada de la menopausia.

«Nuestro trabajo es explicarles que la menopausia introduce nuevos factores que influyen en el peso y que es necesario adaptar la estrategia a esta etapa», señala.

El abordaje debe contemplar, por tanto, los cambios en la composición corporal, la pérdida de masa muscular y las posibles alteraciones metabólicas, evitando centrar todos los esfuerzos exclusivamente en reducir los kilos que marca la báscula.

Nuevos tratamientos farmacológicos para controlar la obesidad

Los avances en el tratamiento de la obesidad han ampliado las alternativas para aquellas pacientes en las que los cambios en la alimentación y el ejercicio físico no son suficientes.

Fármacos como la semaglutida y la tirzepatida han abierto nuevas posibilidades para favorecer la pérdida de peso y mejorar determinados parámetros metabólicos en personas con indicación médica para recibir estos tratamientos.

A ellos podrían sumarse en el futuro otras moléculas actualmente en investigación, como la retatrutida, que apuntan hacia opciones terapéuticas cada vez más personalizadas.

No obstante, estos medicamentos no están indicados de forma generalizada para cualquier aumento de peso asociado a la menopausia. Su utilización debe responder a criterios clínicos y formar parte de un seguimiento médico integral, que tenga en cuenta las necesidades y los riesgos de cada paciente.

Preservar la masa muscular y mejorar la salud, objetivos prioritarios

Más allá de la pérdida de peso, los especialistas destacan la importancia de preservar la masa muscular, mantener una alimentación equilibrada y practicar ejercicio físico adaptado a las características de cada mujer.

El seguimiento médico permite identificar posibles alteraciones metabólicas, valorar las necesidades nutricionales y determinar si es necesario incorporar tratamientos específicos.

Blanco-Soler recomienda a las mujeres a partir de los 40 años que experimenten dificultades para controlar su peso que busquen asesoramiento profesional y eviten desanimarse ante la falta de resultados.

«Hoy contamos con herramientas para mejorar la salud metabólica, adaptar la alimentación e incorporar tratamientos farmacológicos cuando estén indicados», destaca.

El objetivo, concluye, no debe limitarse a adelgazar, sino a conservar la masa muscular, prevenir complicaciones y mantener la calidad de vida a largo plazo. Una perspectiva que invita a abordar los cambios de la menopausia desde la salud y no únicamente desde el peso corporal.

 

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