¿Qué es lo que te mueve cada día a levantarte y empezar? ¿Eres consciente de cuál es tu motivación al iniciar un proyecto? ¿Te ilusionas ante una nueva meta o propósito? ¿Qué es, en definitiva, lo que alimenta tus anhelos? Lo que para algunos es sólo una fantasía, para otros es el motor del cambio. Hoy te hablo de la ilusión entendida como foco de la esperanza, pues es posible que ya sepas que con ilusión se vive mejor.
Daniel, un pequeño que aún no ha cumplido dos años, es un niño feliz. Sonríe y, al hacerlo, su carita se ilumina y sus ojos se achinan para dar espacio a esa gran sonrisa, mientras se acerca a ti para darte un abrazo.
Es uno de los dos hijos de mis vecinos de al lado y es una delicia verlo en acción. Su alegría es contagiosa por desbordante y cualquiera puede ver el trasfondo de ilusión.
A Daniel le gusta jugar con el balón, una pelota hinchable transparente y algo abollada con la que hace sus primeros pinitos de chute. Le encanta entrar en la casita de juguete que tiene en la terraza y, desde allí, contarte algo en un lenguaje que como adulto no entiendes, aunque te quedas un poco más hasta ver esa sonrisa con la que remata su soliloquio de bebé.

Las claves de la motivación
De entre las distintas acepciones que tiene la palabra ilusión, hay una que es, por así decirlo, más positiva, por estar relacionada con el bienestar emocional. Es la que tiene que ver con la motivación, que nos dirige hacia un objetivo que entendemos como posible, realizable.
Existen varios pasos mediante los que puedes activar tu ilusión:
- Conecta con tus valores, que es donde debe confluir tu objetivo.
- Identifica tus para qué. Conocer por qué te importa lograr lo que te has propuesto mantendrá viva tu ilusión.
- Dirige tu atención hacia lo que vas a conseguir y a cómo te vas a sentir cuando lo logres. No te enfoques exclusivamente en el esfuerzo que te va a suponer tu objetivo.
- Enfoque realista. Reparte el camino en metas a corto plazo, de forma que puedas celebrar a menudo la consecución parcial de tu objetivo, manteniendo así tu ilusión.
- Recuerda disfrutar a cada paso, encontrando estímulos que te ayuden a mantener tu motivación.
- Modula tu energía. Gestiona tu resistencia física, mental y psicológica. Descansa lo suficiente, aliméntate de forma equilibrada y practica algo de ejercicio físico. La ilusión se esfuma si estás agotado.
- Escoge a las personas con quienes compartas tu ilusión. Evita que se trate de gente con tendencia al pensamiento negativo o excesivamente crítico. Rodéate de personas entusiastas, que te acompañen en tu proceso ilusionante.
“Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes; no hagas caso, pon límites, ponte metas, trabaja para conseguirlas, demuéstrate que te amas y crea tu bienestar”, dice la coach Neus Monfort.
Se enciende y se apaga
Dice Monfort: “necesitas ilusiones vivas y en renovación constante, ya que sin ellas la vida pierde brillo; aunque la ilusión sin conciencia tiene luces y sombras”; “crea autoengaño y, si las expectativas no se cumplen, sentirás que has fracasado”.
Para esta experta, no tomar consciencia de la ilusión conlleva a creer que lo que se anhela te lo ha de proporcionar otra persona; en tal caso, “no te responsabilizas de conseguirlo, lo cual te desconecta de ti mismo, te roba tu poder y te mantiene en la inmadurez emocional”.
Según Monfort, la toma de consciencia de la ilusión implica tener en cuenta lo siguiente:
- Pregúntate¿En qué área espero algo externo? ¿Qué necesito? Una vez identificado, ponte en marcha para dártelo y evita proyectar tus expectativas en los demás.
- Tu cuerpo. Responde a la ilusión. La necesita. La ilusión te da ánimo y dirección. Sin ilusión no hay avance porque no hay motivación para conseguir retos.
- Revisa tus miedos. Los miedos no deberían apagar tu ilusión. La incertidumbre existe, pero la ilusión es la energía que te anima a recorrer el camino y esto es lo único que te puede llevar a tu meta.
- Si se apaga. Perder la ilusión no es el final, es sólo una señal de algo que te pide atención. Puedes hacerle caso, reconectar, redefinir y empezar nuevos caminos.
“Es normal pasar por etapas en las que la chispa se atenúa, aunque no significa que hayas perdido tu capacidad de disfrutar”, dice Neus Monfort; “lo importante es entender que esa sensación tiene una causa y que hay formas de volver a conectar con la ilusión”.
Aspectos como la rutina, la presión por rendir, por alcanzar determinadas expectativas, las nuevas responsabilidades, el estrés o incluso que se den cambios en aquello que valoras son elementos que, a veces, apagan la ilusión.
¿Cómo volver a encenderla o, si no, aceptar que es momento de soltar?
Neus Monfort identifica diversas técnicas para volver a encender tu ilusión en ese proyecto que te motiva:
- Regresa al origen de tu motivación: ¿Qué te enamoró de esa actividad, persona o proyecto?
- Da espacio a nuevas pasiones: aceptar que algo ya no te mueve no es un fracaso, sino una evolución. Abre espacios a intereses nuevos.
- Pregúntate qué cosas drenan tu energía en el día a día y prioriza tu bienestar; descansa, delega, tómate un tiempo para ti. Tu ilusión necesita espacio interior.
- El cerebro necesita novedad. Cambia el escenario, prueba nuevas formas de hacer las cosas o comparte las experiencias con alguien distinto. A veces, un detalle puede devolver la frescura.
- Atento a los detalles. Practica la atención plena y pon presencia en todo.
- Marca un orden y establece prioridades. La ilusión florece en el orden.
- Busca actividades que te llenen: Eres más feliz cuando haces algo que te gusta. Ocupa tu tiempo con lo que te nutre, ya que el interés genuino despertará tu ilusión.
- Paso a paso. Márcate pequeñas metas alcanzables. Reconocerlas te ayudará a ir ganando en autoestima y superación personal.

¿Es lo mismo ilusión que esperanza?
Neus Monfort establece diferencias y similitudes entre la ilusión y la esperanza. “En común tienen que ambas nacen de un deseo profundo, activan tu energía interna, influyen en tus decisiones, dan dirección cuando sientes confusión e incluso sostienen tu motivación en días grises”.
En cuanto a las diferencias, para Monfort se concretan en algunos matices: “la ilusión se mueve en el presente y te impulsa a avanzar con ligereza, mientras que la esperanza mira al futuro, te ancla, te permite sostenerte cuando el camino se vuelve lento”.“Mientras que la ilusión se conecta con la emoción del deseo, la esperanza se conecta con la confianza en tu camino”, dice Monfort; “la ilusión te invita a crear y la esperanza, a perseverar”.Y añade un ejemplo: “una persona con ilusión siente ganas de arrancar un proyecto, compra la libreta, organiza ideas y se nota encendida; una persona con esperanza sigue adelante cuando el proyecto se estanca, ajusta, respira y confía en que su proceso sigue teniendo sentido”.
“Usa la ilusión para encender, usa la esperanza para sostener”, dice Monfort; “las dos juntas te convierten en imparable”.
Si has llegado hasta aquí, te cuento un poco más a propósito de la ilusión. Creo que es importante dejarse contagiar por quienes están motivados, por quienes no abandonan la esperanza, por esas personas que sienten la ilusión.
En este sentido, suelo observar a los niños, porque ellos tienen la llave del presente, del ahoramismo. Se centran en lo que tienen ante sus ojos, disfrutan y no dejan que casi nada los distraiga.
Justo ésas son las claves de una vida ilusionante y feliz: saber mantenerse en el presente, disfrutar de lo que se esté haciendo e ilusionarse con alcanzar un propósito, que no ha de ser grande, sino sólo un objetivo que se vea alcanzable.
Y tú, ¿vas a practicar la ilusión para vivir mejor?
¡Feliz e Ilusionante Vida! ¡Feliz Coaching!













