Cuándo los ronquidos pueden avisar de un problema de salud.
La vuelta a los horarios habituales tras el verano puede hacer más evidente un cansancio que durante las vacaciones había pasado desapercibido. Madrugar de nuevo, recuperar la jornada laboral o escolar y retomar actividades que exigen concentración permiten identificar con mayor facilidad si el descanso nocturno está siendo realmente reparador.
En este contexto, septiembre puede ser también un buen momento para prestar atención a algunos problemas que muchas personas terminan normalizando con los años, como los ronquidos.
El doctor Félix Díaz Caparrós, especialista en Otorrinolaringología con más de tres décadas de experiencia clínica, señala que los ronquidos y las apneas del sueño figuran entre los problemas respiratorios relacionados con el descanso que atiende de manera habitual en consulta.
Roncar no implica necesariamente padecer apnea obstructiva del sueño. Sin embargo, cuando el ronquido es frecuente y se acompaña de pausas respiratorias durante la noche, despertares, sensación de ahogo, somnolencia durante el día o la impresión de no haber descansado pese a dormir suficientes horas, puede ser conveniente solicitar una valoración médica.
Cuando roncar se convierte en algo “normal”
Uno de los principales problemas del ronquido habitual es que tanto quien lo padece como las personas de su entorno pueden acabar considerándolo una característica más del sueño.
“El ronquido puede convertirse con el tiempo en una característica asumida por el propio paciente y su entorno”, explica Díaz Caparrós.
Cuando se mantiene durante años y no aparecen otros síntomas evidentes, es frecuente que no se perciba como un motivo para acudir al especialista.
La situación es distinta cuando existe apnea obstructiva del sueño. Este trastorno se caracteriza por episodios repetidos de obstrucción de la vía aérea durante el descanso, que pueden provocar interrupciones de la respiración y alterar la continuidad y la calidad del sueño.
Durante la noche pueden aparecer ronquidos intensos, pausas respiratorias y despertares frecuentes. Durante el día, las consecuencias pueden manifestarse en forma de cansancio, somnolencia o dificultades para mantener la concentración.
La pareja, una de las primeras en detectar las señales
Una particularidad de los trastornos respiratorios del sueño es que la propia persona puede no ser consciente de lo que sucede mientras duerme.
“Quien los padece no siempre es consciente de lo que sucede durante la noche”, apunta el especialista.
Por este motivo, en muchas ocasiones es la pareja quien detecta primero los ronquidos intensos, las interrupciones de la respiración o determinados cambios bruscos en el patrón respiratorio. Estas observaciones pueden ser una señal para consultar con un profesional.
También resulta importante observar cómo se encuentra la persona al despertar y a lo largo del día.
“Levantarse cansado, tener sueño, experimentar dificultades para concentrarse o sentir que dormir no permite recuperar energía pueden ser señales de que el problema no está solo en el número de horas de descanso, sino en su calidad”, explica Díaz Caparrós.
La vuelta a la rutina puede hacer más visibles estos síntomas. El regreso a los madrugones, las obligaciones laborales o escolares y las actividades que requieren atención sostenida puede poner de manifiesto una somnolencia que durante las vacaciones había quedado en un segundo plano.
Primero, conocer la causa
Ante un problema de ronquidos o una posible apnea, el diagnóstico debe preceder a cualquier decisión terapéutica.
El estudio de la vía aérea superior permite valorar si existen alteraciones anatómicas o funcionales que puedan favorecer la obstrucción durante el sueño.
“No todos los pacientes que roncan presentan las mismas características y, por tanto, tampoco requieren el mismo abordaje. Conocer el origen del problema permite valorar las diferentes alternativas terapéuticas y elegir la más adecuada para cada caso”, señala el otorrinolaringólogo.
Este planteamiento sitúa la valoración individual del paciente por delante de la elección de una técnica concreta. Dependiendo de las características de cada caso, entre las opciones disponibles pueden contemplarse procedimientos como la coblación, los láseres médicos u otras técnicas de cirugía funcional, siempre después de establecer un diagnóstico adecuado.
En un contexto en el que existen cada vez más alternativas terapéuticas, Díaz Caparrós insiste en que el criterio médico es fundamental para determinar cuándo una determinada técnica puede ofrecer un beneficio al paciente.
La tecnología, recalca, no sustituye al diagnóstico. Identificar correctamente el origen del ronquido, valorar la posible existencia de apnea y estudiar las características de la vía aérea son pasos esenciales antes de decidir qué tratamiento puede ser el más adecuado.













