Bienvenida, tristeza

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Hay ocasiones en las que, tras la pérdida de un ser querido, la persona más allegada a este se muestra serena y entera; “qué bien lo lleva”, “qué fuerte es” o “cómo lo ha superado” suelen ser frases en boca de conocidos y amigos, sin pensar que quizá haya algo que no funciona como debiera. Y es que cuando se produce una pérdida (de alguien allegado, del trabajo, de un amigo, incluso de un objeto al que tenemos apego) ocurre una reacción emocional en forma de tristeza, la cual puede llegar a deshacernos lentamente.

 

Natural y saludable

Melancolía, pesadumbre o aflicción, pero también dolor, enojo o insignificancia. Todo esto se cobija bajo el paraguas de una de las principales emociones humanas, la tristeza. El sentimiento que produce ha sido anulado por muchos, que prefieren seguir adelante sin confrontarlo. Sin embargo, algunos expertos hablan de la escucha ¿Estamos preparados para ello?

La emoción de tristeza es natural, incluso saludable; a aquéllos que no la hayáis visto, os invito a hacer “cinemacoaching” con “Inside Out” (“Del revés”) especialmente en las escenas en las que Alegría se da cuenta de la importancia que tiene Tristeza. Este es un sentimiento muy poderoso, casi tanto como el miedo, que puede invalidarnos como personas activas y emocionalmente sanas si no lo confrontamos. La tristeza surge cuando no hemos hecho el duelo, que es la forma más directa para elaborar la pérdida que hayamos sufrido.

“No hay que echarla, sino escucharla y posteriormente despedirla mediante diversas herramientas, reconociendo así que no se trata de una emoción negativa”, dice Cristina Soria, autora de “Adiós, tristeza”; “si la queremos ver como sombra, así será toda la vida”.

 

En el otro lado

En su libro, la popular coach muestra cerca de veinte herramientas para trabajar la tristeza: “vivimos muchas emociones y una de ellas es la tristeza, de la cual hay que extraer la información que nos es valiosa; en este sentido, lo que nos suma es lo que nos da energía, mientras que en el otro lado está la sombra, lo que nos resta” Es precisamente de la sombra de lo que aprendemos más, convirtiéndose en una fuente de fortalezas; sin embargo, durante mucho tiempo nuestra sociedad no ha escuchado la tristeza y actualmente es todo lo contrario, pues se potencia ser “superpositivos”, tal y como explica Cristina Soria: “resulta que con la euforia a veces no somos conscientes de la realidad, nos aleja de ella, lo cual supone un peligro; otra cosa es que se extraiga un aprendizaje, como es ver la cara positiva de cada circunstancia”

 

Buscar el origen

“Como coach invito a que primero se busque el origen de ese malestar, de esa tristeza y se verbalice” dice Soria; “después se trataría de observar las emociones y tomar conciencia de los pensamientos y finalmente invitaría a darse cuenta de las posibilidades de cada uno, aceptación de los momentos de tristeza y en la medida de lo posible, reforzar lo aprendido a lo largo del proceso”

En relación con esto último, puede ser interesante abordar la tristeza desde el planteamiento del Psicoanálisis, la escuela psicológica de la que Freud fue el más destacado representante. Actualmente esta corriente defiende que la única terapia que cura la depresión (tristeza prolongada en el tiempo) es el Psicoanálisis. Dicha melancolía tiene lugar cuando la persona no acepta la tristeza y no se permite la sustitución de lo perdido por otra fuente de bienestar.

Desde el Coaching una de las herramientas que os invito a utilizar es el humor, que es importante buscar cuando hay un momento triste; “de esta manera se logra la resiliencia, entendida como la capacidad de volver a ser lo que se era con anterioridad al golpe” dice la coach Soria; “la resiliencia la poseen algunas personas de forma instintiva, aunque es cierto que va de la mano de la actitud, no sólo de la aptitud”

La buena noticia es que casi todo se puede entrenar, confrontar, experimentar y solucionar; en esto también coincido con el planteamiento de Soria en su libro, en el que propone como herramientas “reconocer lo que nos pasa y expresarlo, observar nuestras emociones y pensamientos, algo de ejercicio para dormir mejor y recuperar esa risa que nos cura todo

Resulta que, al final, la tristeza no tiene por qué deshacernos, sino darnos fuerza, permitiendo la entrada a su opuesta: la alegría.

 

Vídeo realizado por Ágata del Barco:

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