Resilientes como juncos

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¿Eres resiliente? ¿Qué significado emocional tiene para nosotros? ¿Qué ocurre cuando sufrimos un revés en la vida que nos deja en shock? ¿Cómo superar el juicio de los demás? ¿Somos capaces de sobreponernos a la humillación derivada de un error que hemos cometido?

En el mundo de la física la resiliencia es la capacidad que tiene un material de recuperar su estado inicial, una vez que ha finalizado la fuerza o perturbación a la que ha estado sometido. Traducido a términos psicológicos, se trata de una habilidad que desarrollamos las personas para adaptarnos positivamente a situaciones adversas. El efecto visual es el de un junco inclinado por un viento fuerte que, al cesar, deja al primero recuperar su forma enhiesta. Es la resiliencia.

 

El ABC de la resiliencia

El origen etimológico del término resiliencia nos da casi todas las pistas: proviene del verbo latino resilire, que significa rebotar, volver de un salto, saltar hacia atrás. Y ello en el mismo momento en el que la fuerza del error, del suceso o del trauma deje de apretarnos. Se sabe que la resiliencia no es innata, esto es, que no venimos con ella al nacer; sin embargo, como tantas otras cosas, puede entrenarse.

Imaginemos a una bailarina que al ejecutar una pirouette o un toor an l’air tropieza y cae al escenario, ante la mirada atónita de orquesta, espectadores y directores de escena. Ahora, un tenor a quien se le escapa algo distinto a la nota que pretendía cantar. Alguien que va caminando móvil en mano y que no ve el cartel publicitario contra el que se estampa. Uno más: un cocinero que al intentar evitar los cazos colgados del techo no calcula la altura y se da un sonoro sartenazo.

Ya, ya sé que a más de uno se le estará escapando una risita pero, ¿qué pasaría si hubiéramos sido uno de nosotros protagonista en alguna de esas escenas? ¿Cómo hubiéramos reaccionado? ¿Qué habríamos pensado, sentido y hecho a continuación? Desde el Coaching os invito a aplicar la resiliencia que también parte de la autoestima, del cariño que nos profesemos a nosotros mismos.

La psiquiatra Rafaela Santos, que es además presidenta del Instituto Español de Resiliencia, propone la fórmula de las “Tres A”: Aceptación, Adaptación y Actitud. Explica esta experta que es conveniente aceptar la realidad, asumir lo que haya ocurrido. Después es preciso adaptarse a ese nuevo escenario ante el que hay que mostrar una actitud positiva.

Antes de referirnos a la teoría de las “Tres C” me permito la licencia de introducir la regla de las “Tres B”: Botar, Búsqueda y Bondad. El primer término tiene una gran poder simbólico, pues referido a un cuerpo elástico supone cambiar de dirección al chocar con un cuerpo duro: la adversidad. La búsqueda implica un aprendizaje que nos permita escoger la manera de salir de forma digna tras el suceso. Mientras que la bondad es para aplicárnosla a nosotros, perdonándonos por el error que creamos haber cometido.

La escuela de Seligman, uno de los fundadores de la Psicología Positiva, recomienda: “no personalices, ya que si no te echarás la culpa de todo lo que te ocurra; no generalices, ya que en caso contrario ese error torpedeará en adelante toda tu vida y no es para siempre, pues el dolor es pasajero” Propone la teoría de las “Tres C”: Control, Cambio y Compromiso. El control de uno mismo implica que no dependamos de los demás, ni tampoco de sus juicios. El cambio es preciso aceptarlo, pues todo fluye continuamente y el compromiso ha de partir del propio, con uno mismo. Conviene aceptar la responsabilidad inherente a este compromiso, para seguir avanzando.

Desde el Coaching os invito a evitar en lo posible el juicio, tanto a los demás como a nosotros mismos. Sabemos que es proporcional, es decir, que en la medida en que nos juzgamos personalmente, en el mismo grado lo haremos a los demás y al revés. ¿Cómo detenerlo? Entrenamiento, entrenamiento y más entrenamiento: querernos, aceptarnos y aprovechar nuestras fortalezas, que son numerosas, ¿verdad?

 

 

 

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