Aunque quizá dé algo de aprensión, hay veces en las que es preciso pararse y observar en qué punto está la vida de uno. Porque es habitual seguir hacia adelante, sin fijarse en lo que se necesita, en lo que se debería hacer o en lo que uno realmente merece. Así que en esta ocasión, desde el Coaching, te hago una pregunta directa: ¿está tu vida en su sitio?
Desde hace varios días, una gran polilla entra en mi casa. He intentado echarla suavemente, para no dañar sus alas. Aunque las veces que lo consigo, vuelve a entrar.
Así que, de vez en cuando, doy un respingo porque, en el momento de regar una planta o de mover un libro, mi amiga la polilla sale revoloteando y me pega un susto.
Dada su insistencia, he investigado un poco acerca de la presencia de las polillas; resulta que su significado simbólico tiene que ver con la transformación a través de la intuición.
Al igual que la polilla, la vida de las personas experimenta cambios que, de pronto, modifican el punto de equilibrio en el que se estaba tan cómodo; la vida se descoloca y conviene ponerla en su lugar, aunque este último sea otro completamente distinto.
“En muchas casas hay una silla que lleva años en el mismo sitio; nadie la usa; está ahí, en un rincón”, dice Álex Rovira, empresario, conferenciante y escritor; “al principio fue provisional, la dejo aquí mientras ordeno esto, aunque lo provisional tiene una extraña vocación de permanencia”.
Para el autor de El laberinto de la felicidad, Cuentos para quererte mejor o La brújula interior, esta silla, con el tiempo, se vuelve invisible, “pasa a formar parte del paisaje, como algo que está pero que ya ni se ve”.

Mover la silla
“Con algunas partes de ti pasa lo mismo”, dice Rovira; “sabes que necesitas descansar, aunque hay algo más urgente; sabes que deberías poner un límite, pero quizá otro día; sabes que mereces pedir ayuda, pero los demás también están ocupados; sabes que algo te agota, pero aguanto un poco más”; “y entonces tu vida se llena de todo, menos de ti”.
“Comprender lo que necesitas es valioso”, dice Álex Rovira; “aunque comprender y darte permiso para tomarlo son dos cosas distintas, pues la comprensión te da claridad y el permiso te da coherencia”.
Lo que ocurre en estos casos en los que empezamos a colocar la vida en su sitio es que “entre lo que comprendes y lo que logras sostener, aparecen fuerzas conocidas como el cansancio, la culpa o el miedo a decepcionar”.
¿Qué hacer entonces? “Hacer sitio empieza con algo pequeño pero real: puedes mover la silla”, dice Rovira; “apartar algo concreto de tu agenda, como una reunión, una respuesta automática o una hora perdida en lo urgente, para poner ahí lo que realmente importa”.
“Hacer sitio incomoda un poco, si bien aquí está lo realmente importante y es que, si tú no haces sitio para ti, nadie más lo hará”, dice Álex Rovira, que deja una pregunta en el aire: ¿qué parte de ti lleva tiempo esperando que le hagas sitio?
“Hay algo curioso cuando volvemos después de parar”, dice Majo Cascales, experta en entrenamiento mental, emocional y espiritual; “y es que pretendemos recuperar cuanto antes la vida que dejamos, como horarios, rutinas y compromisos”.
“Ocurre que queremos volver a sentir que todo está en su sitio, aunque, antes de colocar cada cosa exactamente donde estaba, merece la pena preguntarse si deseas volver a colocarla en el mismo lugar”, dice Cascales, para quien parar “también sirve para tomar distancia”.

Esperando su lugar
Cascales insiste: “a veces necesitas salir de una rutina para darte cuenta de cómo te sentías dentro de ella, de lo que echas de menos y también de lo que no has echado de menos en absoluto”.
Esto pasa, sobre todo, en el cambio de estación; especialmente tras la época estival, que es cuando cuesta un poco volver.
“Es cuando la mente parece más lenta, hay menos ganas y aparece esa sensación de otra vez a lo mismo”, dice esta experta; “aunque es posible que no tengas que volver exactamente a lo mismo, ya que puedes hacerlo de otra manera”.
- Más despacio.
- Con más conciencia.
- Con menos exigencia.
- Eligiendo mejor qué quieres seguir sosteniendo y qué es lo que ya no quieres hacer igual.
- No necesitas cambiar toda tu vida; a veces basta con cambiar una pequeña forma de vivirla.
- Empezar las mañanas con menos prisa.
- Dejar un hueco sin llenar en tu agenda.
- Recuperar un espacio para ti.
- Poner un límite que antes no ponías.
- Dejar de exigirte llegar a todo.
“Volver no implica regresar al mismo punto; de hecho, puede ser una oportunidad para observarte y preguntarte qué es lo que no deseas volver a hacer exactamente igual”, dice Majo Cascales; “no obstante, evita buscar una respuesta perfecta y céntrate en escuchar qué es lo que aparece”.
“Porque comenzar una nueva etapa no siempre significa empezar algo completamente nuevo, sino que, a veces, supone volver a lo de siempre siendo tú un poco diferente”.
Si has llegado hasta aquí, te cuento un poquito más acerca de mi relación con mi entrañable polilla.
No sé siquiera si se trata del mismo insecto todas las veces, aunque le agradezco su valioso mensaje: transformación a través de la intuición. Me he dado cuenta de que he de confiar en ese sexto sentido, el de la clarividencia, el de los presentimientos, el de la comprensión sin necesidad de razonamiento.
De modo que me he puesto manos a la obra y, cada vez que me enfrento a una situación, procuro hacerla consciente, dejando paso a lo que me dice la intuición.
Te adelanto que, sobre todo al principio, no siempre funciona, aunque como todo entrenamiento, mejora día a día.
Y tú, ¿te entrenas para situar tu vida en el sitio que merece?
¡Feliz Posicionamiento Vital! ¡Feliz Coaching!













