Luciver

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cueva

 

Al anochecer,
cubierto de lagartos-tripas y crudas
alimentándose de la nada-.
El mayor de los desperdicios
siempre fue mi gran cena.

Las partes más amargas
se encuentran siempre al final,
en la punta más sorda de los cuerpos,
saliendo precisamente y entero
de un mismo orificio,
para ser tragada por otro
corrigiendo los acentos
con un guiño.

El pecado es un compás a dos tiempos,
caminando en finas cuerdas de cristal
y con la boca muy abierta.
Puede verse desde dentro,
los temblores poco a poco
son más cuerdos.

Teñida de rojo la morfina baila
entre la única ola
que cambia en color con un baile.
Maderas abiertas
haciendo del desnudo cuerpo único,
visible en el aire.

La ventana sigue abierta.
Delicados los que sienten y sí arden.
Me quedo el abrazo
y con tu silueta transparente
en la distancia.

Poca luz es mucha más luz,
más de la que se puede ver.

 

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

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