Una representación artística del niño interior en cada uno de nosotros.
Hay una personita que vive dentro de cada uno y que nos señala algunas cosas que no funcionan del todo en nuestra vida. Si desoímos su voz, irá elevando su tono hasta hacerse entender alto y claro. El niño o la niña interior que llevamos se identifica con esa infancia marcada por alguna de las heridas: rechazo, abandono, traición, humillación e injusticia.
Ya os he hablado antes en esta página de mi niña interior: una rubita de largas trenzas de gesto tímido y mirada perspicaz. Es tan bonita que dan ganas de achucharla con un gran abrazo.
Desde hace ya algún tiempo la escucho con atención; de hecho, ella suele despertarme, a veces a horas tan intempestivas como las cinco de la mañana, para darme un mensaje.
Es tan directa y certera en la comunicación que no le hacen falta ni palabras, ya que me hace sentir la emoción que necesito modular y procesar, pues sabe que, en el fondo, ya estoy lista para sanarla.
La figura de la pequeña Silvia es conocida por la gente de mi entorno; de hecho, una de mis personas favoritas suele bromear con un concepto que le tomo prestado: mi niña interior es, en realidad, la niña de la curva.
Basada en una de las leyendas urbanas más populares surgida en los 60, esta última representa el espíritu de una adolescente que, tras ser recogida en autostop, avisa al conductor de un tramo peligroso en la carretera. Cuidado con la curva es la expresión con la que, al parecer, advierte al conductor, justo antes de desaparecer.
Espectros y fantasmas aparte, el lema o mantra cuidado con la curva se asemeja bastante a los mensajes de mi peque.
Dicen los expertos que la figura del niño o niña interior representa nuestra propia esencia, que es nuestra parte más inocente y auténtica.
Aspectos y valores como la curiosidad, la creatividad, la autenticidad, la bondad, la sabiduría y la capacidad de disfrute son innatos a nuestro peque quien, no obstante, puede estar herido incluso cuando nuestras personas de referencia (padre, madre, profesor o tutor) nos hayan cuidado con esmero y dedicación.
Hasta los 7 años nuestra personalidad se va moldeando a partir de estrategias de supervivencia que, a su vez, son la respuesta a heridas como las del rechazo, el abandono, traición, humillación e injusticia.
Sanar esas heridas es el objetivo que nos plantea nuestro niño interior, haciéndonos prestar atención a aquellos aspectos que todavía no han madurado en nosotros.
Si no escuchamos, nuestro peque elevará la voz, hasta el punto de gritar. Hacer consciente este vínculo con nuestro niño nos permite comprenderlo sin juzgarlo y, sí, hacerle caso.
Te propongo conocer los cinco tipos de heridas del niño interior:
Características. Son personas que a menudo se comparan con los demás. Precisan de la valoración ajena.
Características. Son personas con inseguridad social, con dependencia emocional, miedo a la soledad y con tendencia a las relaciones tóxicas, de amistad o de pareja.
Características. Sensación de desconfianza. Pueden caer en el engaño y la manipulación, reproduciendo el dolor de su propia herida.
Características. Sensación de ser víctima de las circunstancias. Baja autoestima, resentimiento y amargura.
Características. Son personas con un carácter crítico. Se culpa a los demás y a sí mismo.
“Aunque duela reconocerlo, es muy común tener varias heridas y, de hecho, así suele ser porque la mayoría de las personas procedemos de hogares con mucho dolor acumulado durante generaciones”, dice la coach María Mikhailova; “no es necesario culpar a los padres sin más, pues si tus padres fueron duros o injustos contigo probablemente es porque los suyos, a su vez, lo fueron con ellos y así sucesivamente”.
Expertas como Angélica Otiz-Arrieta, consejera y orientadora familiar, proponen los siguientes pasos para sanar a nuestro niño interior:
Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más acerca de mi recién nombrada niña de la curva y de sus mensajes, entendiendo por curva el aspecto a tener en cuenta que, aunque doloroso, merece la pena abordar o confrontar.
Lo último ha sido a propósito del resentimiento. Del que siento hacia algunas personas de mi entorno.
Desde el punto de vista mental o lógico, soy capaz de entender que esas personas hicieron lo que hicieron porque tendrían sus motivos. Sin embargo, mi niña interior me previene acerca del sentir.
Tengo que decir que, en este punto, es infalible: va directa hacia la emoción, hace que la vea, la observe, la identifique y que, finalmente, me permita sentirla sin juicio alguno.
Es entonces cuando me doy cuenta de que la emoción de resentimiento, que me hace humana, a quien hace daño es a mí. Puedo aún sentirla, me lo permito, hasta que vence mi resistencia y decido modular o procesar la emoción.
Mi Niña de la Curva es un encanto. No da nada de miedo; al contrario, despierta en mí una gran ternura. Su sabiduría, de la que no hace alarde, va abriéndose paso, recordándome que ella es parte de mí y, por supuesto, yo lo soy de ella.
Así que, siempre que puedo y me acuerdo, la achucho con un gran abrazo y le digo: “pero qué lista eres, mi niña”.
Y tú, ¿te atreves a hablar con tu niñ@ interior?
¡Feliz Conexión con tu Niña de la Curva! ¡Feliz Coaching!
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