La importancia de cuidar a personas con alzhéimer durante el verano.
Verano y alzhéimer: pequeños cuidados que marcan la diferencia.
La llegada del verano suele traer consigo cambios de rutina, desplazamientos, vacaciones familiares y más tiempo al aire libre. Sin embargo, para las personas con alzhéimer y para quienes las cuidan, esta época del año puede suponer un desafío añadido. Las altas temperaturas, los cambios de entorno y la alteración de los horarios habituales pueden aumentar la desorientación y afectar al bienestar físico y emocional.
Además, debido a la propia enfermedad, algunas personas con alzhéimer pueden tener más dificultades para reconocer señales como la sed, el exceso de calor o el malestar físico. Esto incrementa el riesgo de deshidratación o de sufrir un golpe de calor, por lo que la supervisión de familiares y personas cuidadoras resulta especialmente importante durante los meses estivales.
“El verano no tiene por qué ser una época problemática para las personas con alzhéimer pero conviene planificar los cambios propios de estas fechas y prestar especial atención al impacto del calor. Mantener ciertas rutinas, favorecer la hidratación y conocer las señales de alerta de una posible deshidratación o un golpe de calor puede contribuir a prevenir complicaciones y a que tanto la persona afectada como quienes la cuidan disfruten de este periodo con mayor tranquilidad”, explica Elena de Andrés, psicóloga y coordinadora terapéutica de los programas grupales de intervención de la Fundación Pasqual Maragall.
Uno de los aspectos más importantes durante el verano es intentar preservar, en la medida de lo posible, las rutinas habituales. Mantener horarios estables de comidas, descanso, higiene y actividades ayuda a ofrecer seguridad y a reducir la confusión.
Los cambios bruscos pueden generar inquietud o desorientación, especialmente si la persona pasa unos días fuera de su domicilio habitual. Por ello, conviene planificar los desplazamientos con antelación, explicar los cambios de forma sencilla y actuar siempre con paciencia. Ante episodios de confusión, los expertos recomiendan evitar los enfrentamientos y responder con calma, empatía y frases claras.
Las vacaciones pueden implicar estancias en segundas residencias, hoteles o casas de familiares. Aunque estos planes pueden ser positivos, es recomendable evitar los cambios frecuentes de residencia o de cuidadores, ya que pueden resultar desestabilizadores.
Si la persona con alzhéimer va a pasar unos días fuera de casa, puede ayudar llevar objetos familiares, mantener referencias conocidas y conservar algunos hábitos cotidianos. También es aconsejable contar con algún sistema de identificación, especialmente si existe riesgo de desorientación o de que la persona se aleje del entorno sin avisar.
Cuando las vacaciones se comparten con otros familiares, es importante informarles previamente sobre los hábitos, necesidades, preferencias y posibles dificultades de la persona con Alzheimer. Esta coordinación facilita una atención más continuada y evita situaciones que puedan generar confusión o malestar.
Las personas con alzhéimer pueden no pedir agua aunque tengan sed o no expresar con claridad que sienten calor. Por eso, durante el verano es fundamental ofrecer líquidos con frecuencia, incluso aunque no los soliciten, y vigilar que la hidratación sea adecuada a lo largo del día.
También conviene utilizar ropa ligera, cómoda y transpirable; evitar la exposición directa al sol durante las horas centrales del día; buscar espacios frescos y ventilados; y adaptar las actividades a los momentos de menor temperatura, como primera hora de la mañana o última hora de la tarde.
La alimentación también puede ayudar. Comidas ligeras, frutas, verduras, gazpachos, cremas frías o alimentos ricos en agua pueden contribuir al bienestar general, siempre teniendo en cuenta las necesidades y recomendaciones médicas de cada persona.
Durante los meses de calor es importante estar atentos a cualquier cambio repentino. Un aumento de la confusión, somnolencia, debilidad, mareos, fiebre, dolor de cabeza, piel seca o signos de deshidratación pueden indicar que el calor está afectando a la persona.
Ante estas señales, se debe actuar con rapidez: llevar a la persona a un lugar fresco, favorecer la hidratación, retirar prendas innecesarias y observar su evolución. Si los síntomas persisten, empeoran o generan dudas, es recomendable consultar con profesionales sanitarios.
El verano también debe ser una oportunidad para que las personas cuidadoras puedan descansar. Cuidar de una persona con alzhéimer requiere atención, organización y una importante carga emocional, por lo que repartir responsabilidades es clave.
Compartir tareas con otros familiares, pedir apoyo al entorno cercano o reservar pequeños momentos de desconexión ayuda a prevenir el agotamiento. El bienestar de quien cuida repercute directamente en la calidad del acompañamiento que recibe la persona con alzhéimer.
No existe una única manera de organizar el verano cuando se convive con el alzhéimer. Cada persona tiene necesidades, capacidades y preferencias diferentes. Por eso, los planes deben adaptarse a cada situación, evitando expectativas poco realistas y priorizando el bienestar.
Con una buena planificación, el verano puede convertirse en una oportunidad para compartir momentos agradables: paseos tranquilos, comidas familiares, música, fotografías, conversaciones sencillas o actividades adaptadas. Lo importante no es llenar los días de planes, sino crear espacios seguros, calmados y significativos.
Desde la Fundación Pasqual Maragall recuerdan que, ante cualquier duda, es recomendable consultar con los profesionales sanitarios de referencia antes de realizar viajes o introducir cambios importantes en la rutina. La prevención, la información y el cuidado compartido son claves para vivir el verano con más seguridad, tranquilidad y bienestar.
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