¿Sabes poner límites? ¿O eres de las personas que pasan por encima de sí mismas para dar a los demás lo que le piden? ¿Cómo te sientes al decir sí cuando lo que realmente deseas es decir no? ¿Soportas las opiniones no pedidas de personas a quienes quieres? ¿Para qué lo haces, quizá para ser más querido? Desde el Coaching, hoy te propongo que empieces a decir sí y no según tus propias preferencias, atendiendo a tu libertad y dejando a un lado la culpa por no cumplir con las expectativas de los demás, ¿me acompañas?

 

Hay una escena memorable en una de las series míticas de la televisión, Friends. En ella, Joey (personaje interpretado por Matt LeBlanc) pregunta que quién quiere ayudarle a montar los muebles de su apartamento. A lo que Phoebe (personaje interpretado por Lisa Kudrow) rápidamente responde: “me encantaría, pero no me apetece”.

“Decir si cuando quieres decir no, tener tiempo para todos menos para ti, permitir que otros se metan en tu vida, escuchar constantemente opiniones no solicitadas sobre lo que deberías o no deberías hacer con tu vida”, dice Miriam Martín, psicóloga y directora de psicorumbo.com; “asistir a compromisos a los que no te apetece en absoluto para que nadie se moleste, fingir ser quien no eres para encajar, permitir que te traten regular, no expresar lo que te molesta o sentir que mostrar enfado es algo incorrecto”.

Todos ellos son comportamientos con la misma consecuencia: evitar poner límites “una de las asignaturas pendientes en muchos de nosotros para aprender a vivir”, dice Martín.

Para esta psicóloga “que te cueste poner límites es normal, ya que desear encajar o agradar a los demás es algo que está en nuestro ADN y no puede evitarse pensar que, si no gustamos, nos echan del clan y, si esto ocurre, tendremos menos posibilidades de sobrevivir; es algo biológico”.

Acabas siendo invisible

Marta Doallo, psicóloga en el gabinete Enmí, psicología para la vida, considera que no establecer los propios límites es, metafóricamente, como poner tiritas en una herida, la cual nunca cura; sin embargo, “en el momento en el que dices no y pones un límite y a pesar de que también va a haber un malestar en ti, será como si retiraras el apósito y echaras desinfectante en esa herida”.

“Duele, pues curar una herida produce dolor”, dice Doallo; “no obstante, conforme vayas poniendo esos límites, llegará un momento en el que deje de doler y la herida cicatrizará”.

Según esta experta, al no establecer límites “la sensación de rechazo, de abandono y de soledad, seguirá creciendo”.

En el lado opuesto, poner límites puede producirnos una sensación de incumplimiento, incluso una falta de responsabilidad; “lo que sentimos intenta protegernos del rechazo de la sociedad, del miedo a no cumplir una expectativa, a no ser buenos”, dice Doallo; “aunque, paradójicamente, cuanto más disponibles estamos para los demás, más riesgo corremos de ser invisibles; es decir, cuanto más nos abandonamos a nosotros mismos, más riesgo corremos de perdernos”.

Esta psicóloga recomienda “decir un pequeño no cada día, atreverse a decir no, me encantaría, pero no puedo, o también no, gracias, ahora mismo no puedo, aunque me encantaría ayudarte”. “No hace falta generar un conflicto, basta con mantenerse duro por dentro, aunque blando por fuera”.

El sentimiento de culpa

Los límites que marcamos suelen generarnos un falso sentido de la responsabilidad y, sobre todo, culpa.

Los expertos consideran que esta emoción secundaria surge cuando creemos que hemos roto algo, hemos dañado a alguien o hemos infringido alguna norma establecida.

“Muchas veces, surge de patrones aprendidos en la infancia, cuando nos condicionaron a pensar que, para ser aceptados y queridos, debíamos complacer a los demás”, dice Silvia López-Jorrín, responsable del área Académica del Centro de Estudios del Coaching (CEC) en Madrid.

Dice esta coach que “aprendimos que decir no o priorizar nuestras necesidades era egoísta, y con el tiempo, construimos una imagen de nosotros mismos basada en el sacrificio y la entrega incondicional, convencidos de que, sólo siendo siempre generosos, disponibles y dispuestos a ceder, seríamos dignos de amor y aceptación”.

Según López-Jorrín, “la culpa aparece cuando rompemos con estos patrones antiguos, cuando reconocemos que nuestras necesidades también son importantes”.

“Cuando todo está siempre disponible, cuando todo es , la vida se queda sin espacio por dentro”, dice el escritor y conferenciante Álex Rovira; “es entonces cuando aparecen señales conocidas, como el cansancio que no se va, la irritación pequeña, una sensación de estar dando más de lo que realmente tienes”.

“Un límite es un acto de responsabilidad con tu energía, con tu tiempo y con tu salud emocional”, dice el autor de títulos como La brújula interior o de Cuentos para quererte mejor; “cuando te cuidas, tus síes cambian de calidad, dejan de salir de la obligación y vuelven a salir de la elección”.

Lo que propone Rovira es que, antes de responder a una demanda o petición de los demás, respires y te preguntes:

  • ¿Estoy diciendo que sí por amor o por culpa?
  • ¿Estoy diciendo que sí por voluntad o por miedo a decepcionar?
  • Si lo que aparece es un límite, prueba con una frase breve, humana, sin aspereza.
  • No necesitas justificarte de más. La claridad serena es suficiente.
  • Posibles respuestas: Ahora mismo no puedo. Gracias por entenderlo, Hoy necesito cuidarme. Lo dejamos para otro momento.

Si has llegado hasta aquí

Es posible que algunas de las ideas y de las claves expresadas hasta ahora te estén resonando. En mi caso, hay alguna, rebotando en mi cabeza cual pelota de ping pong.

Porque, aunque es cierto que en teoría esto de poner límites parece muy racional, en términos de sentir ya es otra cosa. Me refiero a la de veces que he dicho bueno, si no me viene mal, dime cuándo quieres que esté o también mi favorita: me da igual; tú ¿qué prefieres?.

En realidad, lo que deseaba es, por un momento, ser Phoebe y contestar eso de me encantaría, pero no me apetece.

También te recuerdo que, casi todo, se entrena, por lo que cierro con un decálogo de Miriam Martín (psicorumbo.com), que recoge los derechos de quien pone límites:

  • Recuerda que tu vida es tuya.
  • Que no tienes que agradar a todo el mundo.
  • Que tú, principalmente, eres quien va a tener que lidiar con las consecuencias de tus decisiones.
  • Que poner límites es respetarte y valorarte.
  • Que poner límites es respetar también a la persona a quien se lo estás poniendo.
  • Que respetar los límites de los demás es sano (no te quita nada; te da la libertad de tener relaciones más sanas y genuinas)
  • Que puedes expresar tus opiniones, pensamientos y sentimientos.
  • Que puedes decir no sin sentir culpa.
  • Que puedes pedir lo que necesitas o deseas.
  • Que puedes cometer errores sin sentirte menos.
  • Que puedes cambiar de opinión cuando lo necesites.
  • Que puedes establecer límites para cuidar tu espacio y tiempo.
  • Que no necesitas dar explicaciones excesivas.
  • Que mereces ser tratado con respeto y dignidad.
  • Que puedes expresar tu desacuerdo sin miedo.
  • Que puedes cuidar de tu bienestar físico, emocional y mental.
  • Que puedes sentir y mostrar tus emociones libremente.
  • Que está bien decir no sé o no puedo cuando lo necesites.
  • Que puedes elegir tus relaciones y compañía.
  • Que puedes recibir apoyo y ayuda sin culpa.
  • Que mereces disfrutar de la vida y de tus logros.

¡Felices Límites sin Culpa! ¡Feliz Coaching!

Silvia Resa

Soy coach ontológica para acompañarte en la identificación de tu objetivo y apoyarte durante tu proceso de Coaching. Sistemas propios: ArkeCoaching, AstroCoaching y IronCoaching.

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