¿Qué es lo que te hace enfadar? ¿Cuáles son tus límites antes del gesto airado, la elevación del tono de voz o el uso de un lenguaje lleno de exabruptos? ¿Eres tú quien se enfada o son los demás quienes provocan tu ira? ¿Cómo te sientes después de una discusión fuerte? ¿Qué te aporta el enfado? ¿Crees que te beneficia en algo?Casi por casualidad, en la que no creo, por cierto, la pasada semana he visto la película Unhigged (Desquiciado), traducida en España como Salvaje (Derrick Borte, 2020).Tom Cooper, personaje interpretado por Rossell Crowe, se convierte en el villano perfecto, armado de una ira incontenible que nada ni nadie parece capaz de parar.
El objeto de su ira es Rachel Hunter, interpretada por Caren Pistorius, una madre trabajadora que parece tener un problema con la puntualidad lo que, a su vez, la lleva a sentirse desquiciada, particularmente desde el momento en el que Tom Cooper inicia una persecución implacable tras ella, después de una discusión de tráfico.
“Cada emoción que surge en ti habla de ti, no del comportamiento de los demás”, dice la coach Neus Monfort; “aunque parezca lo contrario, las personas sólo activan en ti lo que ya estaba guardado en tu interior”.
“Esa reacción interna te muestra aquello que necesitas atender, no aquello que debes atacar o cambiar fuera”, dice Monfort.
“El enfado o la rabia parecen tener una causa visible externa; sin embargo, muchas veces son la máscara de otra emoción que se esconde detrás, como, por ejemplo, la envidia”, dice Monfort, que hace referencia a la denominada ley del espejo: “cuando algo en otra persona te incomoda, te confronta con un rasgo o una necesidad propia que no aceptas o no reconoces, la emoción te señala ese espejo para que te mires, no para que juzgues a la otra persona”.
Dice esta experta que, ser consciente de esto, “exige introspección y valentía para reconocer me molesta y envidio porque también lo deseo, me duele porque no me lo permito, me enfado porque esa persona expresa lo que yo reprimo”. “La honestidad te libera, te devuelve poder, te permite transformar”, dice Neus Monfort.
En este sentido, es interesante confrontar lo que se siente, para aprender a modular el enfado: “cuando te invade una emoción intensa y sólo percibes malestar, te estás quedando con una versión incompleta”, dice Monfort; “debajo de esa incomodidad existe un matiz que revela información valiosa, la cual no es ni blanca, ni negra, pues el mundo interior abarca un arcoíris completo”.
“Cada experiencia emocional que rechazas insiste en repetirse fuera de ti hasta que la atiendes”, dice Monfort; “el espejo te muestra la misma escena desde diferentes perspectivas, para que puedas comprender tu papel en ella”.
“Normalmente, la ira es la expresión de una herida emocional anclada en el inconsciente”, dice el médico, conferenciante y escritor Mario Alonso Puig; “si entendemos nuestras emociones no como simples reacciones ante lo que nos sucede, sino como revelaciones de lo que tenemos dentro, comenzaremos a ver que, cada enfado, cada resentimiento es, en realidad, el grito de una herida emocional interna pidiendo ser reconocida, atendida y sanada”.
“Si nos hiciéramos responsables de nuestras heridas, en lugar de hacer responsables a los que consideramos que nos las causaron, no sólo estaríamos aliviando ese dolor, sino que también seríamos capaces de disminuir, en gran medida, nuestro nivel de irascibilidad, de resentimiento y de enfado”, dice Alonso Puig.
Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más acerca de mi relación con el resentimiento y el enfado.
Mientras veía la película, a pesar de entender que se trataba de una dramatización en forma de thriller o intriga, me sentí identificada con ambos protagonistas. Y digo ambos con toda la intención.
Es obvio que el despliegue de furia, violencia y odio que el personaje de Tom Cooper desarrolla durante el film no es mi forma de responder a la frustración o al desengaño. Sin embargo, el trasfondo de sufrimiento implícito que explica sus acciones, aunque nunca las justifica, me hizo sentir cierta compasión empática por el personaje (no por su brutalidad, claro)
También conecté con Rachel Hunter, una mujer con dificultad para mantener sus compromisos laborales debido a su mala relación con la puntualidad. Ello le lleva a que su clienta la despida, lo cual eleva su nivel de ansiedad e impaciencia, reduciendo el de educación y cortesía en similar proporción.
Discusión, enfrentamiento, comportamientos agresivos y road movie angustiosa que no te digo como termina, aunque la conclusión final todavía esté dando vueltas en mi mente, cual pelota de ping-pong.
Esto me lleva a compartir contigo uno de los hilos de mi proceso de modulación emocional que tiene que ver con el resentimiento. Éste es ya un viejo amigo, aunque no me resulte apenas incómodo, pues a lo largo de los años hemos aprendido a relacionarnos desde el respeto.
Tiene que ver mucho con la ira y el enfado. Tiene mucho que ver con ese echar balones fuera que suele usarse para no hacerse responsable de las emociones. Y tiene mucho que ver con el autoconocimiento y el perdón.
“La autoconciencia emocional consiste en reconocer cómo se relacionan tus sentimientos, tus pensamientos y tus comportamientos pasados y presentes”, dice Neus Monfort; “implica observar cómo tus expectativas te llevan a la frustración o a la ilusión”.
“Comprender esto es el primer paso; no supone controlar tus emociones, sino hacerte cargo de lo que te sucede, pues tú eres quien valida lo que sientes; de ahí que no sirva para nada buscar culpables fuera”, dice Monfort; “y es que, cuando culpas, pierdes poder mientras que, cuando observas, lo recuperas”.
Hoy comparto contigo un poquito más. Porque me gustaría recordarte las principales claves o vectores de la ira, una de las emociones más potentes:
¡Feliz Modulación de tu Ira! ¡Feliz Coaching!
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