SALUD

Uno de cada tres conductores reconoce ponerse al volante tras tomar medicamentos que pueden afectar a la conducción

Uno de cada tres conductores reconoce ponerse al volante tras tomar medicamentos que pueden afectar a la conducción.

Un estudio de Fundación Mapfre y Fundación Bidafarma advierte de que los fármacos siguen siendo un riesgo poco visible en la seguridad vial, pese a que podrían estar relacionados con entre el 5 % y el 10 % de los siniestros de tráfico.

Tomar un medicamento y conducir puede parecer una rutina sin importancia. Sin embargo, algunos tratamientos farmacológicos, incluso habituales o sin receta, pueden alterar la atención, los reflejos, la capacidad de reacción o provocar somnolencia. Aun así, este riesgo continúa siendo poco visible para muchos conductores.

Según el estudio Fármacos y Conducción, elaborado por Fundación Mapfre y Fundación Bidafarma, en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT), el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y la consultora Salvetti Llombart, uno de cada tres conductores habituales, el 34 %, reconoce coger el coche bajo los efectos de medicamentos que pueden interferir en la conducción.

El dato cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que los fármacos podrían estar relacionados con entre el 5 % y el 10 % de los siniestros de tráfico. Sin embargo, la medicación aún no ocupa el mismo lugar en la prevención vial que otros factores de riesgo más interiorizados, como el alcohol, el cansancio, la lluvia o la conducción nocturna.

Un riesgo que se conoce, pero no siempre se evita

El informe pone de manifiesto una contradicción llamativa: los conductores saben que los medicamentos pueden ser peligrosos al volante, pero no siempre actúan en consecuencia.

Cuando se les pregunta por el nivel de riesgo, los encuestados puntúan el consumo de medicamentos con un 6,9 sobre 9, y el 83 % considera que pueden representar un riesgo alto para la conducción. Sin embargo, solo el 26 % afirma extremar la precaución cuando toma medicación, y apenas un 3 % lo menciona de forma espontánea como un factor a tener en cuenta antes de conducir.

En cambio, otras situaciones sí activan de forma clara la alerta preventiva: la lluvia preocupa al 72 % de los conductores, la conducción nocturna al 60 % y el cansancio al 53 %.

La falsa sensación de control

Uno de los principales problemas detectados por el estudio es la confianza excesiva de muchos conductores en su capacidad para valorar si un medicamento les afecta o no.

El 61 % de los conductores medicados considera que su tratamiento no afecta o afecta poco a su conducción. Ese porcentaje sube hasta el 73 % entre quienes, pese a tomar medicación, deciden seguir conduciendo.

Sin embargo, los expertos recuerdan que algunos efectos secundarios pueden pasar desapercibidos o ser difíciles de detectar. De hecho, entre los conductores que toman fármacos, casi la mitad, el 49 %, reconoce haber notado síntomas como somnolencia, fatiga, disminución de reflejos, menor atención o una reacción más lenta.

Pese a ello, la respuesta más habitual no es dejar el coche, sino adaptar la conducción: reducir la velocidad, ir con más cuidado o extremar la atención.

Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre, advierte de que los medicamentos suelen asociarse a una mejora de la salud por estar prescritos por profesionales sanitarios, lo que puede reducir la percepción del riesgo. Esta confianza puede ser aún mayor en el caso de productos sin receta o productos naturales. Por eso insiste en una recomendación clave: consultar siempre con el profesional sanitario si se necesita conducir mientras se está siguiendo un tratamiento.

No solo ansiolíticos: también antigripales, antihistamínicos o relajantes

El estudio revela que los conductores identifican mejor el riesgo de medicamentos asociados al sueño, la ansiedad, la depresión o el dolor intenso. Sin embargo, tienden a infravalorar otros fármacos muy comunes que también pueden afectar a la conducción.

Entre ellos figuran algunos antigripales, antitusivos, antihistamínicos, relajantes musculares y determinados productos “naturales” utilizados para dormir o relajarse.

Los expertos también llaman la atención sobre el aumento de la polimedicación y el consumo normalizado de medicamentos sin receta. La combinación de varios tratamientos puede generar efectos acumulativos o interacciones, especialmente si se mezclan con alcohol u otras sustancias.

El perfil del conductor más expuesto

El informe traza también un perfil del conductor que se pone al volante bajo los efectos de fármacos. Se trata de personas con una edad media de 50 años, sin diferencias claras entre hombres y mujeres.

La mayoría utiliza el coche para gestiones diarias y personales, un 73 %, y cuenta con una larga experiencia al volante: el 64 % tiene más de 20 años de carné.

Este dato demuestra que la experiencia no siempre protege frente al riesgo. La rutina, la confianza y la sensación de control pueden hacer que muchos conductores no incorporen la medicación a su “check mental” antes de arrancar.

La prevención debe empezar antes de conducir

Una de las conclusiones principales del estudio es que la prevención debe activarse antes de iniciar el tratamiento, no cuando la persona ya está al volante.

Los momentos más eficaces para recibir información son la consulta médica, señalada por el 69 %, y la farmacia, mencionada por el 49 %. Médicos, farmacéuticos, prospectos y envases tienen, por tanto, un papel decisivo para advertir sobre los posibles efectos de un medicamento en la conducción.

Montserrat Pérez, subdirectora general de Formación y Educación Vial de la DGT, subraya la importancia de que la advertencia llegue por todas las vías posibles y se convierta en un hábito más de seguridad vial.

En la misma línea, Rita de la Plaza, tesorera del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, destaca que el gran desafío es transformar el conocimiento en acción preventiva. Es decir, lograr que la medicación se tenga en cuenta al mismo nivel que otros riesgos ya asumidos por los conductores, como el alcohol, el sueño o las condiciones meteorológicas adversas.

Informados, pero no siempre prevenidos

El problema no parece estar en la falta de información. De hecho, el 93 % de los conductores medicados afirma haber recibido advertencias o mensajes sobre los riesgos de conducir tras tomar determinados medicamentos.

La dificultad está en que esa información no siempre cambia el comportamiento. El estudio detecta una brecha de 26 puntos entre conocer el riesgo y actuar de forma preventiva. Entre quienes conducen medicados, esa distancia alcanza los 51 puntos porcentuales.

Esto evidencia la necesidad de reforzar los mensajes, mejorar la educación vial y hacer más visible un riesgo que todavía pasa desapercibido para buena parte de la población.

El pictograma de conducción, aún poco reconocido

Desde 2007, algunos medicamentos incluyen en su envase un pictograma de conducción que advierte de los posibles efectos sobre la capacidad para ponerse al volante. Sin embargo, su reconocimiento todavía es limitado.

Según el estudio, el 42 % de los conductores no reconoce este símbolo o no está seguro de su significado.

Además, muchos conductores medicados reconocen que no siempre leen el prospecto. En ocasiones solo lo consultan cuando el profesional sanitario les advierte, cuando se trata de determinados medicamentos o cuando ya han notado algún efecto secundario.

Por eso, los expertos insisten en que el prospecto y el envase deben utilizarse como herramientas preventivas antes de tomar el medicamento, no solo como una respuesta ante una duda o un síntoma.

Consultar antes de conducir

La recomendación es clara: antes de conducir bajo tratamiento farmacológico, conviene preguntar al médico o al farmacéutico si ese medicamento puede afectar a la conducción. Y, en caso de duda, no se debe abandonar el tratamiento por cuenta propia, sino consultar con un profesional para valorar alternativas o medidas de seguridad.

La medicación forma parte de la vida cotidiana de muchas personas y, en muchos casos, es imprescindible para mantener la salud. Precisamente por eso, conocer sus posibles efectos al volante es una medida básica de protección, tanto para quien conduce como para el resto de usuarios de la vía.

Porque prevenir empieza antes de arrancar el motor.

SENIOR 50

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