Un nuevo índice cerebral revela cómo progresa el alzhéimer de forma desigual.
Un equipo internacional de investigadores con participación de la Universitat Oberta de Catalunya ha desarrollado una nueva herramienta capaz de medir con precisión cómo avanza la enfermedad de Alzheimer en el cerebro. El sistema permite analizar el desgaste desigual que sufren distintas regiones cerebrales a medida que progresa la enfermedad y podría convertirse en un biomarcador clave para evaluar tanto la evolución de la demencia como la eficacia de futuros tratamientos farmacológicos.
El estudio, publicado en la revista científica Brain Communications, revela que el cerebro de las personas con alzhéimer no se deteriora de manera uniforme, como se pensaba hasta ahora, sino de forma asimétrica. Según los investigadores, cuanto mayor es esa asimetría cerebral, mayor es también el grado de neurodegeneración y la aparición de síntomas asociados a la demencia.
La investigación ha contado con la participación de Agnès Pérez Millan, investigadora del grupo AIWELL -centrado en inteligencia artificial aplicada al bienestar humano- y adscrito al eHealth Center de la UOC. La científica explica que el equipo ha desarrollado “un índice de asimetría general del cerebro” que permite cuantificar estas diferencias estructurales. “Vemos que, cuanto más valor tiene el índice, más asimetría hay en el cerebro, lo que se correlaciona con más neurodegeneración y más síntomas”, resume.
El trabajo parte de la observación de cómo envejece el cerebro de forma natural. Con el paso de los años, las personas pierden progresivamente sustancia gris, especialmente en regiones como el hipocampo, fundamental para la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. En un envejecimiento saludable, este desgaste suele producirse de manera relativamente equilibrada entre ambos hemisferios cerebrales.
Patrón del deterioro
Sin embargo, los investigadores comprobaron que en el alzhéimer el deterioro no sigue ese patrón simétrico. El hallazgo surgió mientras el equipo analizaba otra enfermedad neurodegenerativa, la demencia frontotemporal, caracterizada precisamente por presentar una gran asimetría cerebral.
“Partíamos de la hipótesis de que los pacientes con enfermedad de Alzheimer tendrían un cerebro simétrico similar al de individuos sanos, pero descubrimos que no era así”, señala la investigadora de la UOC.
La nueva herramienta abre la puerta a estudiar de forma más precisa la progresión del alzhéimer en cada paciente y podría resultar especialmente útil en el desarrollo de nuevos fármacos, al permitir medir con mayor exactitud si los tratamientos logran frenar el deterioro cerebral.
Además, los autores consideran que este índice podría ayudar a detectar cambios cerebrales asociados a la enfermedad incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos, algo especialmente relevante teniendo en cuenta que el alzhéimer comienza a desarrollarse entre 15 y 20 años antes del diagnóstico.














