La soledad inesperada

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Hace años que elegiste no estar solo. Habéis convivido desde hace ¿cuántos años? Ambos habéis aprendido mucho juntos y el uno del otro; a fuerza de tanta intimidad ya sois inseparables, incluso no concebís la vida sin el otro. Sin embargo, llega un día en el que tras un proceso de enfermedad o debido a un hecho inesperado, tu pareja se va para siempre. Pasas a formar parte del perfil de personas que han enviudado. Es la soledad inesperada.

La soledad suele darnos miedo, de modo que la evitamos; cuando además no la elegimos, sino que nos llega por el fallecimiento de nuestra pareja, se suman otras emociones, como el enfado y sobre todo la tristeza. ¿Cómo gestionar tanta emoción? ¿Cómo superar lo más subyacente, el miedo?

Dice Silvia Congost, en su libro A solas que “hay personas que transitan por el duelo solas y van avanzando, mientras que otras no logran continuar”; “lo más aconsejable es pedir ayuda terapéutica y además apoyarse en grupos de duelo en los que uno conecta con personas que están viviendo lo mismo o han pasado por ello” Según esta psicóloga, experta en dependencia emocional y conflictos de pareja, “suele ser beneficioso porque sentimos que hablamos el mismo idioma y ahí se crea una conexión”.

Dicha conexión “nos hace ver que no estamos solos y que podemos superarlo y entonces el proceso es más llevadero”, dice Congost, quien afirma que en este proceso la persona que ha enviudado transita por cuatro fases emocionales: negación, rabia, tristeza y aceptación. La primera fase, de negación, nos lleva a creer que es todo una pesadilla; a pensar que en cualquier momento nuestro compañero entrará por la puerta, como si tal cosa. Sencillamente no podemos creer que la vida nos haya jugado una mala pasada. Ello nos genera enfado, rabia. Queremos darle una explicación racional al torrente de emociones que nos embarga. No lo aceptamos e incluso nos enfadamos con la persona que se ha ido.

Se da paso luego a la tristeza, a la pena, al dolor más genuino; empezamos a interiorizar que la otra persona no va a volver; “La tristeza nos ayuda a abrazarnos por dentro, a recogernos y a rodearnos del amor, del afecto y del cariño de quienes nos aman y quieren vernos bien”, escribe Silvia Congost en el libro citado. La última fase es la aceptación: en este punto es cuando tenemos el “insight”, la interiorización de lo que nos ha ocurrido. Es cierto que nos hemos quedado sin pareja, pero no estamos solos, pues nos tenemos a nosotros mismos, además de la compañía de todos esos seres que nos quieren, sean familiares, amigos o compañeros de trabajo. “La aceptación coincide con el momento en el que ya nos hemos liberado”, dice Congost; “Cuando incluso llegamos a sentirnos bien estando sin la otra persona, cuando nos damos cuenta de que nos hemos renovado, reconstruido y que nos hemos convertido en una versión mucho mejor de nosotros mismos”.

 

Detrás de la tristeza

Si has vivido una situación de soledad inesperada, no elegida, debido a la muerte de tu pareja, o si aún estás en proceso de duelo sabrás que la emoción más intensa con la que debes convivir es la tristeza. Estás triste por multitud de factores: por la pérdida, porque sientes la soledad, por no poder hacer planes con tu pareja, porque al interactuar con otras personas alguien te la recuerda en un gesto e incluso porque ves a otro hombre con una bufanda de color verde agua idéntica a la que le regalaste en un cumpleaños.

La tristeza se fija en casi todos tus actos cotidianos y parece que nunca se irá. El proceso de duelo requerirá de más o menos tiempo, dependiendo de cada persona. En este sentido, la recomendación de Congost a propósito de ponerte en manos de un psicólogo experto si así lo necesitas es preceptiva; “hacer un correcto proceso de duelo implica llegar al punto en el que logramos sentirnos bien de nuevo, en el que agradecemos lo vivido porque nos ha regalado más fortaleza, más conciencia y más madurez”; “Implica comprender que aquello que se va nos deja unas lecciones que hay que aprender, nos deja espacio para que elijamos a otras personas que encajen con quienes somos ahora”.

Desde el Coaching te invito a que entrenes una tarea personal, como es confrontar la tristeza: ¿Qué hay detrás de ella? Puede haber, por ejemplo, miedo y en concreto, a la soledad. En este punto, si ya has hecho el proceso de duelo pero aún persiste tu melancolía, te propongo que te entrenes para trabajar con la emoción de miedo que “empuja” tu tristeza.

La soledad, aunque sea inesperada, aunque no la hayamos elegido, quizá debería ser asignatura emocional obligatoria. Sabiendo estar solos podemos conectar con nuestro propio ser y no sentir la soledad como aislamiento.

 

¿Cómo se está solo o sola?

En su libro A solas, Silvia Congost hace una bella reflexión a propósito de la soledad y de las personas que tenemos cerca: “Todo cuanto tenemos lo tomamos prestado de la vida, pero nada nos pertenece, nada en absoluto; más tarde o más temprano vamos a tener que devolvérselo; en realidad, todo es muy efímero”.

Cómo estar solos, de qué manera podemos gestionar la soledad o cómo no identificarla como aislamiento son tareas que se pueden abordar desde el Coaching. Te propongo varios pasos:

  • Hacer el duelo por la pérdida de la pareja. Acudir a un terapeuta y solicitar ayuda de los grupos de apoyo si así se necesita
  • Confrontar la tristeza. ¿Qué hay detrás? Confrontar la emoción de miedo, especialmente a la soledad. Mediante ejercicios de afrontamiento y visualización de la emoción (“sentar” al miedo, representándolo con figura, la que queramos; preguntarle qué es lo que quiere de mí, para qué aparece en mi vida en este momento, qué es lo que desea mostrarme, qué le puedo dar yo)
  • ¿Qué significado tiene para mí la soledad? ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Qué es lo que no me gusta de la soledad?
  • Situar el aprendizaje para estar solo como objetivo.
  • Desidentificar la soledad del aislamiento. ¿Qué es para mí la soledad como reto? ¿qué me impide estar solo? ¿cómo lo voy a lograr?

“Cuando hemos comprendido la vida en mayor profundidad, cuando nos hemos dado cuenta de que somos y estamos hechos de lo mismo y que esa misma vida está en ti, en mí y en cada uno de nosotros, entonces la soledad ya no tiene sentido”, dice Silvia Congost. Feliz Coaching

 

 

 

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