¿Sabes quién eres? ¿Con qué etiquetas te defines? ¿Eres seguidor de algún equipo deportivo? ¿Tienes afinidad por un determinado partido político? ¿Hasta qué punto te involucras con los preceptos ideológicos de un grupo? ¿Piensas que perteneces a alguna tribu o colectivo? ¿Qué es lo que te identifica con ellos?
Hace unos días, una conocida y reputada modista de alta costura expresaba su criterio a propósito de la largura de melenas, bañadores y faldas en mujeres maduras, concretamente a partir de los 40. Al parecer, la elegancia se expresaba mediante opuestos, es decir: a mayor edad, melenas más cortas, nada de biquinis y faldas más largas.
Las declaraciones de la diseñadora a un conocido periódico norteamericano levantaron cierta polémica, como reflejó la encuesta realizada por una cadena de televisión española a gente de la calle. En concreto, una mujer mayor replicó con una seudo afirmación: “Creo que cada cual debe vestirse y arreglarse como mejor le plazca, con libertad, ¿verdad?”.
Sin entrar en acuerdos ni desacuerdos, esta última opinión me ha hecho reflexionar a propósito del ego y de las etiquetas sociales que hacemos nuestras de modo inconsciente. Hay ocasiones en las que asumimos como nuestras determinadas afirmaciones, o sus contrarias, sólo por el hecho de pertenecer a “nuestra tribu”. Sin embargo, es el ego quien nos hace no sólo identificarnos, sino defender “a muerte” esos preceptos que asumimos como nuestros.
“Hay gente a la que le pregunto: Más allá de tus circunstancias, ¿quién eres? Y no lo saben”, dice Irina de la Flor, experta en Coaching de la Consciencia, que explica: “La creencia nos hace tener emociones de rechazo, de negatividad, por lo que para resolver aceptamos lo que nos dice la mente la cual, por cierto, lo hace lo mejor que puede según los elementos que tiene”.
Tal planteamiento puede llevarnos a una identificación fanática con un equipo deportivo, un grupo ideológico, una corriente musical o un partido político hasta el punto de utilizar la violencia verbal y física en defensa de tales criterios, de dichas creencias, las cuales asumimos como nuestras a través del ego.
“El ego es la suma de creencias que responden a quién soy yo y cómo funciono” dice De la Flor; “Cualquier idea errónea que tenga al respecto me va a producir dolor, va a generar una experiencia, una creencia limitante a nivel inconsciente, donde daré la razón a tales ideas imbuidas quizá por otras personas”.
Esas etiquetas a las que nos adscribimos llegan a producirnos sufrimiento, por lo que, desde el Coaching, te invito a seguir las siguientes propuestas de Irina de la Flor, creadora del proyecto “Lo mejor de mí” en Fundación Vivo Sano.
¡Feliz Ego Nuevo! ¡Feliz Coaching!
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