¿Crees que es importante relacionarse con los demás? ¿Cómo es la manera en que lo haces? ¿Conectas inmediatamente o requiere de tiempo y dedicación? La neurociencia reconoce que conectar con otras personas es una necesidad biológica, de modo que las relaciones que construimos marcan tanto la percepción del éxito como nuestro bienestar emocional; es más, incluso la longevidad. Así que ¿te apuntas al entrenamiento de la conexión?
La experiencia que voy a contarte es posible que ya la haya referido antes en este mismo foro (disculpa si es tu caso); no obstante, viene hoy ad hoc al tema de las relaciones y las conexiones.
Hace ya un par de años, mientras pasaba una de esas fases de tristeza post estrés, hablé con una amiga buscando apoyo.
Tras expresarle lo que sentía, ella me respondió que también había pasado por fases así, aunque ella, en lugar de compartirlo, lo resolvía quedándose en su casa, incluso en la cama, hasta que se le pasaba. Su tiempo medio de resolución era de un día.
En ese momento, se mostró empática y me aseguró que ahí estaba para mí, para cuando lo necesitara. Le agradecí el gesto, dispuesta a tomarle la palabra más adelante si así lo requería.
“El amor es la medicina de la vida”, dice la psicóloga Ana Asensio, creadora de Vidas en Positivo; “ese amor se manifiesta a través de la conexión tanto con uno mismo como con los demás e implica sentirse parte de algo y ocurre cuando se nos ve y cuando se nos escucha”.
“El mayor predictor de calidad de vida y de la sensación subjetiva de bienestar es la naturaleza de tus vínculos”, dice esta experta, que recientemente ha presentado en Madrid su cuarto libro, El cerebro necesita abrazos;
“En el cerebro, el dolor físico se sitúa al mismo nivel que el dolor emocional o el rechazo”, dice Asensio; “el vínculo regula el cuerpo y la conexión alarga la vida”.
“Desde pequeños nos han enseñado a saludar o a dar las gracias, aunque no siempre a cómo estar de verdad con otro ser humano”, dice Ana Asensio; “¿cómo se hace esto? pues mirando con atención, con presencia, escuchando sin juzgar, sin interrumpir ni adelantarse o estando con la otra persona permitiéndole que sea como es, aceptándola a pesar de las diferencias que tenga con nosotros”
Dice Asensio que contar con vínculos significativos protege nuestra salud a todos los niveles, además de alargar la vida; “con los años lo que cambia no es tanto la necesidad de conectar, cuanto la forma que toma ese deseo”; “desde los brazos que nos acunan hasta las manos que nos sostienen toda nuestra vida es un camino de vínculos”.
De la mano de Ana Asensio, veamos los pasos que podemos dar para conectar mediante esos vínculos tan necesarios:
“La mirada apreciativa consiste en centrarse en las habilidades y dones de los demás, también de nosotros mismos, para entrar, desde ahí, a sugerir una mejora o un refuerzo del comportamiento”, dice Álex Rovira, escritor, conferenciante y creador de Escuela de Transformación Vital; “mirar apreciativamente a los demás implica poner el foco en lo bueno, libres de prejuicios y falsas creencias hacia la otra persona”.
“Esto facilita un proceso y desenlace de la relación mucho más saludable para todas las partes”, dice Rovira; “la mirada apreciativa no implica ser ingenuos; muy al contrario, permite estar con los pies en el suelo, aunque centrarnos en aquello que permite reconocer a la otra persona, potenciar sus talentos, virtudes y habilidades, darle alas, pues, quizá, nadie le ha reconocido a esa persona”.
Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más acerca de mis conexiones emocionales.
El ofrecimiento de mi amiga hizo, en palabras de Asensio, de bálsamo para el alma, hasta el punto que, tal y como hablamos, quedé con ella para pedir su apoyo.
La conversación empezó bien y ella parecía estar centrada y dispuesta. Sin embargo, cuando llevábamos unos veinte minutos hablando, durante los que hice lo posible por aproximarme a lo que le quería transmitir, ella mostró una leve impaciencia, miró su reloj y dijo “he que irme, que tengo hora para hacerme las uñas”.
No me dejó siquiera terminar la primera frase. Y se fue, dejándome más confusa que enfadada.
Han pasado más de dos años y la afamada frase ha quedado como latinillo de broma en mi entorno familiar y de amigos. Lo decimos, por ejemplo, cuando tenemos prisa o llegamos justos de tiempo a una cita.
A mí siempre me hace reír e incluso recuerdo la escena en la que mi por entonces amiga mostró su más absoluta desconexión emocional no ya conmigo, sino consigo misma.
No se lo tengo en cuenta, pues sé que en aquel momento ella desconocía que no estaba disponible, aunque en silencio le agradezco que me mostrara el tipo de vínculo que realmente estaba dispuesta a dar.
Ahora, después de mudarme, he tenido la suerte de contar con unos vecinos extraordinarios. Con algunos de ellos (sobre todo son ellas) he conectado enseguida.
De hecho, cada vez que hablamos de conexiones y vínculos, decimos eso de “ahora tengo que irme a hacerme las uñas”.
¡Felices y Amorosas Conexiones y Vínculos! ¡Feliz Coaching!
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