¿Sientes que eres independiente? ¿Crees por ello que no necesitas a los demás? ¿Temes estar a solas? ¿A qué crees que se debe? ¿Y si te dijera que todos estamos interconectados a través del universo? Hoy, desde el Coaching, te propongo dejar atrás la sensación del miedo a la soledad, a través de la esperanza en que todo está vinculado, enlazado y unido. ¿Me sigues?
Reconozco que no soy futbolera. Para nada. Es un deporte que nunca me ha interesado practicar y mucho menos seguir en televisión.
Sin embargo, el pasado domingo decidí hacer algo distinto, intentar cambiar el patrón de conducta, por así decirlo. La verdad es que mis personas favoritas lo pusieron fácil: no me digas que no vas a seguir la final, es que tienes que verla, no te la puedes perder; es más que fútbol.
Mi elección fue que sí, que iba a ver el partido final del Mundial de Fútbol. Era casi imposible resistirse al impulso del Vamos España, todos a una. Era una compartición de alegría e ilusión muy contagiosa.
“El ser humano es parte de un todo que llamamos universo”, decía Albert Einstein (1879 a 1955), quizá el físico más influyente del siglo pasado por su Teoría de la relatividad; “se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, aunque no es más que una especie de ilusión óptica de su conciencia, la cual es una cárcel para nosotros”.
Actualmente, la llamada física o mecánica Cuántica, que estudia la materia y la energía a escala atómica y subatómica, de alguna manera integra esta creencia de la interconexión de las personas y de las cosas.
De hecho, uno de los principios fundamentales de esta rama de la ciencia, el de entrelazamiento cuántico, se refiere a que dos partículas, independientemente de la distancia que exista entre ellas, pueden conectarse de forma que el estado de una determine el de la otra instantáneamente.
Tomar consciencia de la interconexión existente en la naturaleza es algo que podemos hacer mirando, simplemente, una bandada de patos o un banco de peces (¿recuerdas la escena en la que los peces deciden unirse para salir de la red lanzada por los pescadores en la película de animación Buscando a Nemo?) Al fijarnos en el comportamiento de todos los individuos de la bandada o del banco, nos damos cuenta de que se mueven como si fueran uno solo, debido al sistema interconectado que conforman.
“Admito que cuesta visualizar nuestra conexión con un mundo que no podemos ver aunque, creedme, las generaciones futuras lo comprenderán”, dice el personaje de Katherine, la científica protagonista de El último secreto, de Dan Brown, al personaje del editor, Faukman; “un día nos daremos cuenta de que nuestra percepción individualista del mundo no ha sido más que el mayor engaño compartido de la humanidad”.
Mediante el eneagrama de la personalidad se estudia la identidad de las personas. Esta herramienta de autoconocimiento, dividida entre nueve tipos de personalidad o eneatipos, permite acceder a las llamadas heridas de la infancia, las cuales, a su vez, condicionan nuestra evolución emocional, psicológica y espiritual también en la edad adulta.
Cada uno de los nueve eneatipos tiene un temor. Así, el número 1 (afán por la perfección) teme que lo consideren malo.
Al número 2 (necesidad de amor), le asusta no ser digno del amor de la gente. Miedo a ser un fracasado es el que corresponde al eneatipo número 3 (necesita valoración).
El eneatipo 4 (precisa de atención) teme que lo consideren vulgar, mientras el número 5 (le cuesta expresar sus sentimientos), tiene miedo a ser ignorante. El número 6 tiene miedo a tomar decisiones, con una fuerte sensación de desconfianza hacia sí mismo.
El sufrimiento es el miedo que caracteriza al eneatipo número 7; sentir dolor y quedarse sin nada son sus temores. En cambio, el eneatipo número 8 desea tener el control, lo que se convierte en su miedo principal: ser dominado o controlado.
Finalmente, el eneatipo número 9 teme, sobre todo, separarse de los demás; de hecho, esta personalidad es quizá, la más alejada de la teoría de la interconexión, negándose a sentir que todo y todos los seres vivos estamos entrelazados.
“Todos nacemos con una necesidad imperiosa de recibir amor incondicional”, dice José Manuel Sánchez, director de El desafío de la conciencia en el Centro de Estudios del Coaching (CEC); “un amor que nos garantiza la supervivencia y nos permite crecer y madurar con seguridad y confianza”.
“Lo que ocurre es que todos experimentamos, en mayor o menor medida, que el amor que recibimos no es suficiente, no es tan completo y absoluto como desearíamos”, dice Sánchez; “tal vivencia genera en nosotros una dolorosa herida durante los primeros años, como consecuencia de nuestra relación con los padres, con el reto de la familia y, en general, con los sistemas tempranos en los que crecemos”.
Si has llegado hasta aquí, te cuento un poco más a propósito de la afirmación de que todos los seres estamos conectados a través del Universo.
Lo compro como verdad, sobre todo porque me encanta como planteamiento ya que encaja, a la perfección, con algunos de mis valores. Te digo cuáles: lealtad, generosidad, bondad, amistad, compasión empática y plenitud (aunque este último suena más bien a propósito).
Enlaza esta interconexión con mi afán por ser, cada día, mi mejor versión como persona.
Me viene a la mente un refrán aprendido de una de mis personas favoritas: Un grano no hace el granero, aunque ayuda a su compañero.
Pues esto mismo es lo que ha hecho la Selección Española, la Roja: pensar y, sobre todo, sentir en conexión, creando un equipo-familia que ha podido con todo. Hasta con la peor versión, humanamente hablando, del equipo contrario.
Esto último tampoco importa mucho ya que, al final, la frecuencia vibratoria de los jugadores españoles, su energía, era elevada, muy alta, como la del resto del mundo que contemplaba el partido. Y la mía, también.
Por cierto, al hilo de esto último, varios sismómetros repartidos por toda España registraron el momento justo en el que Ferrán Torres marcó el 1-0 durante la prórroga de la final del Mundial, es decir, midieron la alegría.
¿Cómo? Al parecer, las vibraciones del suelo, provocadas por la celebración de miles de personas al mismo tiempo fueron registradas por las redes del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del Institut Geològic i Cartogràfic de Catalunya (ICCG), así como también por una de las redes del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas)
Mediciones energéticas aparte y, sin menoscabo del buen fútbol del que, según los entendidos, hicieron gala los españoles, para mí hubo algo más especial, como fue la esperanza de que la soledad es tan sólo una ilusión que, no obstante, a veces nos atrapa, haciéndonos creer que estamos aislados.
Y tú, ¿también eres consciente del poder de la unión?
¡Feliz Unión con los Demás! ¡Feliz Coaching!
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