«No hay que tenerle miedo a la muerte ni a los espíritus»

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Fotografía de Olivier Gobel.

Así de rotundo se muestra Mikel Lizarralde, médium de prestigio internacional que ayuda a muchas personas en su proceso de duelo, y así lo confirma en Un nuevo mensaje, su primer libro publicado por Vergara. Una obra en la que relata cómo ha sido su camino hasta aceptar lo que hoy es, “un camino duro que me llevó incluso a ignorar lo que sentía, porque yo nunca quise dedicarme a esto”. Pero, llega un momento en su vida en la que descubre que esa capacidad que tiene para comunicarse con el mundo de los espíritus “es un regalo y no un castigo”. En nuestra conversación con Mikel, descubrimos a un hombre tranquilo, sereno, que habla con toda naturalidad de un mundo que se ha propuesto acercar a todos, desterrando estereotipos. Además, nos explica cómo debemos entender la muerte y cómo, en estos momentos tan complicados, despedirnos de nuestros seres queridos cuando no podemos estar con ellos físicamente en los últimos momentos.

 

¿Cuál es la respuesta que estás teniendo de los lectores con este primer libro, Mikel?

Lo que dicen es que empiezan y no pueden parar de leer, que se enganchan, y luego que sienten que soy yo el que les habla, que sienten que están conmigo. Y esa era mi intención al escribir. Los lectores me han agradecido que les abra mi corazón y hay quienes se emocionan mucho con algunos capítulos.

Para el lector es de agradecer pero, ¿no has sentido vértigo al “desnudarte” así, al contar toda tu historia con detalle?

No lo pensé. La editorial me pidió un libro sobre guías. Empecé a escribir un capítulo y necesitaba explicar una cosa mía del pasado antes de seguir. Decidí hacer un flash black y cuando empecé a escribir, salió este libro. Cuando preguntaba a mi familia sobre el pasado, me recordaban sucesos e historias que creí que tenían que estar en el libro.

Recuerdo la frase del libro: “La vida te presenta lo que necesitas saber en cada momento”. ¿Crees realmente que las casualidades no existen?

Sí, a veces pensamos que algunas cosas no van con nosotros y se nos olvida que a veces tenemos un plan para nuestra vida, pero la vida tiene otro plan para ti. La vida nos da muchas señales, una guía que, si la sabes escuchar, el camino es mucho más fácil.

¿Todos estamos capacitados para ver esas señales?

Sí, claro. Lo que pasa es que, primero, tal vez no sabemos escucharlas de forma perceptible y, en segundo lugar, no tomamos el tiempo necesario para escuchar esa voz interior. Vivimos todo el rato hacia afuera, dando mucha importancia a la imagen, al éxito, vivimos en un mundo muy visual en el que hay mucho ruido externo. Y no tomamos ese tiempo de conectar con nosotros mismos, con la naturaleza. Pero una vez que te abres a eso, viene esa guía interior de forma muy sutil. La razón grita mucho, y la intuición habla por lo bajito, así muy sutil, como una abuelita que no quiere molestar. Pero cuando la haces caso se hace más notoria, cobra más fuerza.

“La vida te presenta lo que necesitas saber en cada momento”

¿Qué es la intuición Mikel y cómo podemos trabajarla?

Pues hay muchos ejercicios que podemos hacer para trabajarla, sobre todo la visualización creativa, enfocar la vista en un punto, los ejercicios de visualización, de imaginación, nos van a ayudar con la intuición. Y la intuición no es nada más que un instinto que todos tenemos, un instinto animal de guía o de superviviencia. No tenemos cinco sentido, en realidad tenemos más.

Cuando nos cuentas tu historia en el libro, es fácil ver que el camino hasta encontrar quién eras, qué eras, no ha sido fácil.

No, no lo ha sido. Y he encontrado el sitio cuando he dejado de luchar. Ha sido muy duro. Siempre le digo a la gente que yo nunca he querido ser médium. Primero quise ser periodista y estudié, aunque no terminé periodismo. Luego quise estudiar traducción e interpretación, pero a la vez iba haciendo cursos relacionados con el tarot, con la intuición, pero más como un hobby. Pero la vida me ha llevado a esto. Y es cierto. No quería hacer esto sobre todo cuando me empecé a dar cuenta de que las predicciones que yo hacía se hacían realidad, porque no lo entendía. No pensaba que estaba viendo un hecho del futuro, sino que pensaba que había ocurrido algo porque yo había dicho que iba a ocurrir. Por eso tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Y mi familia tampoco lo sabía entender, tenían mucho miedo de que me pudiera pasar algo con algún espíritu, miedo a qué diría la gente. Tuve la suerte de que nunca me dijeron que lo que yo percibía no era real, pero sí desde los 13-14 años hasta los 20-21, intenté ocultarlo, negarlo, ignorarlo. Imagino que es un proceso que otras personas habrán pesado.

Hasta que a esa edad aceptas lo que eres, y lo entiendes como un don, como un regalo.

Eso es, porque con más edad, con más práctica ya vas entendiendo las cosas. Yo hacía tarot, bueno, en realidad hacía videncia y tenía la excusa de las cartas. En realidad no sabía leer el tarot. Y, sí, con el tiempo pensé que igual no era una maldición, no era algo negativo, sino que era un don y me dejé. Porque, cuando te llega una persona y te dice que la has ayudado mucho, ves que aportas luz y tranquilidad, poco a poco vas soltándote y dices que sea lo que tenga que ser. Pero nunca pensé que yo me dedicaría a esto.

Fotografía de Olivier Gobel.

«Debemos entender la muerte como una transición a otro estado»

 

Al margen de estereotipos que nos puedan llegar a través de la literatura o el cine, ¿qué es un médium hoy?

A mí me ha pasado mucho lo de los estereotipos. La gente se sorprendía de que, primero era un chico, después era joven, y después iba vestido normal. Estamos desmitificando muchas cosas. El médium es alguien que es capaz de tener sensaciones, percibir visiones, señales, de ver y escuchar espíritus, y de dar mensajes, unas evidencias claras desde ese otro lado. Es un intermediario entre el mundo de los vivos y el mundo de, voy a decir, los vivos que no están con cuerpo físico, que puede dar una información clara que es demostrable.

¿Cómo ayudas a las personas que acudes a ti?

Cuando alguien viene a verte, y cuando se va te dice que le has ayudado, que se va con mucha paz, eso es lo más importante. Cuando vienes a una consulta y tienes la evidencia de que tu ser querido está ahí, tienes la comunicación de que interactúan en tu vida diaria contigo y te dan señales de que están contigo desde el amor, eso te da una paz de corazón que nada más te puede dar. Te quita los miedos. Sobre todo, lo que me piden es saber que está bien su ser querido, que están tranquilos y, muchas veces, poderse despedir, poder decir adiós. Eso te da una noción de que la vida sigue. Obviamente nadie quiere morir antes de lo que le toca, pero se te quita el miedo a la muerte. Pero sobre todo es la paz de corazón.

Entonces, ¿no hay que tenerle miedo ni a la muerte ni a los espíritus?

No, no hay que tenerles miedo. ¿Cómo vamos a tener miedo a un familiar, a una persona muy querida. Porque el espíritu no quiere hacerte mal en ningún caso, y sobre todo porque no tiene la capacidad de hacerte daño. Si entendemos cómo funciona la mediumnidad real, sabemos que se comunican desde un lugar de amor incondicional. No hay espíritus que se enganchen a tu cuerpo, no hay ataques de espíritus, la posesión es la obsesión con la idea de la posesión. Nada de esto es verdad. Esos espíritus son, como digo yo, la versión 2.0 de cada uno. Es una relación de a dos, en la que tú también puedes poner tus normas y ellos siempre te van a respetar.

¿No influye en esos espíritus la condición en la que abandonó este mundo?

Podemos ver algunos espíritus, no que nos quieran hacer daño, pero sí que en el tránsito se pueden quedar un poco perdidas, no entiendan lo que ha sucedido. Pero, también, debemos darnos cuenta de que desde el otro lado venimos con un séquito, nadie nace solo y nadie muere solo, y esos guías también les van a poder ayudar. Todo esto tiene mucho que ver con la forma en la que uno se va y con la espiritualidad que uno tiene, y con la noción que uno tenga de un más allá, independientemente de la religión de la que se trate. Aquellos que, sean católicos, musulmanes, judíos… tienen una noción del más allá, o creen en algo, tienen la transición más fácil. Y, es cierto que cuando hay un shock, cuando alguien se muere repentinamente, el duelo es más traumático, es más difícil de elaborar. Y a ellos también les cuesta más hacer la transición. Pero nadie se queda perdido por siempre jamás.

Ya que hablamos de duelo, y teniendo presente la situación que vivimos en la que, desgraciadamente muchas familias no pueden despedirse de sus seres queridos, ¿cómo podemos ayudarles?

Claro, es muy importante la despedida para el proceso de duelo. Antes de morir, al menos tres días antes, el alma ya empieza a salir del cuerpo. Si yo no puedo estar físicamente con mi ser querido, sí puedo estar con él a través de la meditación, de la oración, telepáticamente o pedir que se conecte conmigo en sueños. Así me puedo despedir de esa persona y ayudarle a despedirse de mí en la distancia. Por ejemplo, si pongo una foto, y una vela blanca o un velón que me ayude, y hago una despedida en la distancia, como ese alma ya está más fuera que dentro de su cuerpo, esa despedida la van a recibir. Estoy seguro de que, como a los 15 o 20 días del fallecimiento, las personas tendrán un sueño en el que su ser querido viene a despedirse.

Fotografía de Olivier Gobel.

“La intuición no es nada más que un instinto que todos tenemos, de guía o de superviviencia”

Hablabas de entender la muerte como lo que es. ¿A eso contribuyes también desde la Asociación Izargi de Ayuda en Duelo y Pérdida?

Es que en realidad cuando alguien se está yendo somos egoístas, porque no queremos que se vaya. Pero tenemos que entender que no les perdemos. Ellos siguen viviendo en otro estado, en otro lugar, de otra manera diferente, que nos van a seguir acompañando. Debemos entender la muerte como una transición a otro estado. Es como cuando te vas de viaje, digo adiós pero luego me sigo comunicando con esa persona. Esto es muy parecido. Ellos dejan el traje aquí, el vehículo, pero su esencia cambia de estado. Y, claro que a todos nos duele la pérdida física de alguien. Es inevitable, pero no les perdemos, y creo que hay que hacer un cambio de paradigma. También es muy importante saber morir. Debemos realizar un trabajo personal, trabajar el desapego, saber decir adiós, dejar las cosas solucionadas, tener consciencia de lo que está ocurriendo en esos últimos momentos. Esto es muy importante. Y a ello ayudamos desde la Asociación Izargi, que creamos en 2010, una entidad sin ánimo de lucro con la que trabajamos con personas mayores, con personas que ya no tienen a sus hijos, o viven lejos, o se muere su pareja. Es un sector que está muy solo y que a veces no se comprende.

¿Qué es y cómo trabajáis en el Instituto Izarpe?

El Instituto es la consecuencia de una pequeña tiendecita que yo abrí antes en San Sebastián. Y como todo en la vida, llegó a mí. Una mujer vino a la consulta a mi casa, y como ella tenía una tienda me invitó a pasar consulta allí. Y al final acabé abriendo una tienda con ella. Era pequeñita, apenas 17 metros cuadrados, donde también vendíamos minerales, cartas de tarots, inciensos… Y veía que había gente que compraba un tarot y se hacía un curso de un mes o así y comenzaba a pasar consulta. Siempre quise darle legitimidad a este campo, la seriedad necesaria. Porque puedes hacer mucho daño si, por ejemplo, tienes el don pero no la formación y la seriedad suficiente. Quería acercar todo el campo de las artes adivinatorias al mundo más académico. Así que en enero de 2008 fundamos el Instituto Izarpe, que ha ido evolucionando hasta lo que hoy es. Contamos con una amplio espacio, diferentes profesionales que pasan consulta, tenemos clases, talleres, y ahora también cursos online.

Este es tu primer libro pero, ¿el gusanillo se ha quedado para crear un segundo?

Sí, se ha quedado. Y fue difícil, no te creas. Pero estoy con un segundo libro, con el que he empezado hace nada que es una especie de diario. Y quisiera hacer también un tercero.

 

 

Mikel Lizarralde nació en Urretxu (Guipúzcoa) y desde niño supo que tenía la capacidad de ver y sentir espíritus, así como de predecir acontecimientos futuros. En el año 2004 viajó a Canadá para formarse en el campo de la comunicación con el más allá, y desde entonces se ha convertido en uno de los médiums más aclamados del mundo. Dirige el Instituto Izarpe en San Sebastián, donde se reúnen diferentes disciplinas relacionadas con una existencia holística, y participa habitualmente eventos y conferencias.

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