¿Cargas con el dolor de los demás?

carga emocionl

¿Eres consciente de tus cargas emocionales? ¿Sabes si todas te pertenecen o son de otra persona? A veces, los demás depositan su dolor en nosotros, como si fuéramos los causantes últimos de sus heridas. Abandono y rechazo son las más habituales y, aunque puedas sentir compasión por la otra persona, quizá debas poner algún límite que impida que seas tú quien lleve una mochila que no te corresponde. Desde el Coaching te digo cómo se hace algo así.

 

Desde hace tiempo percibo en una de las personas de mi entorno ciertos cambios en lo que, hasta ahora, venía siendo su forma de relacionarse con los demás y, más concretamente, conmigo. Su conducta es ahora recelosa, rayana en la desconfianza. He intentado hablar con ella en varias ocasiones, aunque sin mucho éxito. Mi sensación personal es que su herida emocional, mezcla de rechazo y abandono, evita precisamente que quiera abordar su propio dolor.

“Todo lo que reprimimos a nivel consciente crece y se expande a nivel inconsciente, hasta llegar a un punto extremo en el que esa energía psíquica tiene que ser liberada, sí o sí”, dice Laura Serghiescu, Maestra de Hatha Yoga y meditación; “a menudo, la liberamos a través de la intensidad emocional que proyectamos hacia fuera, sobre experiencias de vida o personas”.

“La sombra o las partes negadas de nuestra psique se manifiestan a menudo a través del cuerpo emocional”, dice Serghiescu; “nuestras emociones más intensas o descontroladas son el barómetro que nos muestra qué es lo que no queremos ver o integrar a nivel consciente”.

Esto puede llevar a que la persona herida haga lo que se conoce como luz de gas, una manera muy sutil de manipulación que acaba por echar la culpa de lo que siente a la otra persona, sin tomar responsabilidad de sus propias emociones y pretendiendo que sea el otro el que cambie.

desequilibrio

Relaciones desequilibradas

“Vivir con la sensación constante de no ser suficiente para que te amen sin condiciones convierte el amor en un terreno peligroso”, dice la coach Neus Monfort; “se da a medias, se recibe con sospecha y se analizas cada gesto”. “La persona herida se pregunta qué hay detrás, no disfruta y, en cambio, se protege, siendo esa protección lo que la aleja justo de lo que más desea”.

Para Monfort, “hay una mezcla de ansiedad, agotamiento por el sobreesfuerzo de complacer y una profunda soledad acompañada”.

Para Monfort existen varios factores que componen el perfil de la persona herida:

  • Refleja una desconexión profunda con ella misma. Crea relaciones desequilibradas y se desconecta del disfrute. El origen se vincula a la infancia, al relacionar que el cariño se recibe a cambio de ser un hijo modélico.
  • No se siente una persona valiosa, por lo que casi siempre demanda la validación por lo que dice y hace.
  • Sospecha constante. Cuando obtiene un ascenso laboral se preocupa por si va a ser capaz de dar la talla, en lugar de celebrarlo. Si un amigo le hace un favor, le urge devolvérselo, ya que no soporta la sensación de deber algo.
  • Nadie regala nada. Tiene la sensación de que el mundo siempre le pasa factura. La abundancia es para los demás.
  • Permiso para existir. En el fondo cree que para ocupar un lugar en el mundo debe antes pedir permiso. No se ve suficiente.
  • Su conducta es hipervigilante, analiza mensajes, interpreta los gestos y hasta los silencios. No le gusta perder el control durante una conversación.
  • Desequilibrio relacional. En una relación, pone mucho esfuerzo, disculpando cosas que le molestan, dando más de lo que recibe. No pone límites y se adapta demasiado.

Entrenar la seguridad

“La superación de la inseguridad emocional no va de pensar en positivo”, dice Monfort; “sino de reeducar el sistema interno para que entienda que uno puede ser amado gratis”.

Neus Monfort establece un decálogo para entrenar la seguridad, una vez que uno es consciente de que es alguien que está herido:

  • Observa cuándo desconfías sin motivo real.
  • Identifica qué parte tuya se activa. Es posible que sea tu herida emocional.
  • Entrena que puedes recibir sin justificarte; “un gracias a secas es tu mejor medicina”.
  • Entrena el merecimiento cada día, a través de acciones pequeñas que educan a tu cerebro en el sentido de que tú importas. Por ejemplo, acepta un cumplido sin minimizarlo, pide ayuda sin sentirte en deuda, di no y sostenlo. “Cada acción envía un mensaje claro a tu cuerpo: no tengo que ganarme mi lugar, ya lo tengo”, dice Monfort.

límites

Ponerle límites

“Podemos encontrar contextos adecuados para conectar conscientemente con ese contenido y expresar las emociones sombra en un ambiente de seguridad y contención, independientemente de si hablamos de rabia, celos, posesividad, frustración, egoísmo, vergüenza o culpa”, dice Serghiescu.

Se trata de un ejercicio que todos podemos hacer; no obstante, si eres de las personas que sufres una relación de amistad, familiar o de pareja de este estilo, si eres de las que cargan no sólo con su dolor, sino con el de los demás, puedes empezar a ponerle límites. Te doy algunas pistas:

  • Analiza el comportamiento de quien crees que te está haciendo cargar con su mochila emocional. ¿Cuál es el contenido de ese macuto? ¿Desde cuándo lo tienes a tus espaldas? ¿Qué supone para ti esa carga?
  • Esa persona, ¿muestra desconfianza? ¿Dice alguna vez “no” a lo que se le plantea? ¿Se afana en devolver el favor que le hayas hecho? ¿Es discreta o, por el contrario, no respeta aquello que le confías, contándolo a los demás?
  • ¿Se inmiscuye en tu vida, queriendo ser inseparable de ti y sin respetar la distancia que hayas establecido? ¿Se disculpa constantemente por lo que dice o hace, aunque no deje de decirlo ni de hacerlo?
  • Al hacer consciente que la otra persona pretende cargarte con su dolor, con sus heridas, puedes tomar acción, ¿cómo? Pues poniéndole límites. Ahora eres tú quien ha de decirle que no cuando sientas que no respeta tu espacio, ni tus tiempos.
  • Entender y comprender la conducta de la otra persona no implica que cargues con su mochila. Trata de mantener una conversación con ella donde expongas, de modo asertivo y con un lenguaje lo más neutro posible, la incomodidad que sientes cuando se comporta de ese modo.
  • Si no es posible mantener una conversación con esa persona, pon espacio entre ambos. Puede que aún no esté preparado para aceptar lo que deseas transmitirle que, en el fondo y en la forma, consiste en que se responsabilice de sus emociones, de su dolor.
  • Evita la culpa; en ocasiones esta emoción es consecuencia de la manipulación del otro, al pretender que te responsabilices de algo que no te corresponde. Date cuenta de que cada uno tiene su camino y es responsable de sanar su dolor.

Si has llegado hasta aquí, te cuento un poco más acerca de los cambios en mi relación con Elena.Tengo la impresión de que ella se siente a menudo rechazada, incluso abandonada. Sin embargo, lejos de intentar sanar esas sensaciones mediante la cercanía, parece empeñada en lograr lo contrario, es decir, la profecía autocumplida de que todo el mundo la aparta, de que  todo el mundo la deja.Es la paradoja de la carga del dolor que, en numerosas ocasiones y en el caso de algunas personas, pretende hacer responsable a los demás de su sufrimiento propio.El límite que he puesto a nuestra relación estriba precisamente en esto, en la responsabilidad que cada cual ha de tomar de sus heridas y de su emocionalidad.Lo demás es echar sobre mí un peso emocional que no me corresponde.Y tú, ¿eres consciente de qué cargas emocionales no son tuyas?

¡Feliz Liberación de Cargas Ajenas! ¡Feliz Coaching!

  • Soy coach ontológica para acompañarte en la identificación de tu objetivo y apoyarte durante tu proceso de Coaching. Sistemas propios: ArkeCoaching, AstroCoaching y IronCoaching.

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