Amantes del Camino: Ana Santos

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Ana Santos ha sido este año la coach que Meritene ha elegido para guiar la grupo de Amantes del Camino. Gallega, deportista, profesora de educación física y amante de la vida, Santos ya participó el año pasado en esta aventura como una caminante más. Ha sido la mano en la que apoyarse para los peregrinos, la guía necesaria ante los momentos de duda y la alegría en muchos momentos porque desprende positividad por todos lados. Está más que satisfecha del resultado de este camino, del trabajo realizado en grupo y agradecida por haber podido compartirlo y vivirlo de nuevo.

 

El año pasado fuiste una de las Amantes del Camino y este año asumes una nueva responsabilidad, ser la coach del grupo. ¿Cómo ha ido?

Ana. Este año para mí supuso un reto enorme tener que guiar al resto. Con la experiencia que yo tenía, asesorar a los peregrinos, primero para que no se lesionaran, para que supieran utilizar los bastones y para que llegáramos todos juntos de la mejor manera posible. Si el año pasado mi mayor preocupación era hacerlo lo mejor posible e interactuar con los compañeros, este año tenía que ayudar y colaborar con ellos. He aprendido mucho.

 

¿Cómo definirías al grupo? ¿Cuál ha sido la respuesta que recibiste de ellos?

Ana. Fue un grupo muy homogéneo y me gustó mucho que las parejas al tener una relación tan cercana siempre se cuidaban, se esperaban, y muchas veces era el padre o la madre quienes tiraban de los hijos, y no al revés. Fue un grupo muy humano. Todos se preocuparan de todos. Fue una experiencia preciosa.

 

A pesar de que eran madre e hija, padre e hijo, y tuvieran una relación tan familiar, ¿ayuda el camino a redescubrir al otro?

Ana. Claro. Presupones que padres e hijos se conocen. Pero, ¿cómo se conocen? El camino es un ambiente diferente, un espacio diferente en el que ves a tu familiar de un modo al que no estás acostumbrado. Estos días, esta experiencia te ayuda a redescubrir a la persona que tienes al lado, y eso es maravilloso.

Si tuvieras que definirles en conjunto, ¿cómo lo harías?

Ana. Luchador. Sí, porque estaban preocupados unos por otros. Ha sido un grupo muy motivador y luchador desde el primer momento. Al principio yo escuchaba: “Bueno si no podemos, tenemos coche de apoyo, ¿no? Pero esa opción no se dio. Nadie, en ningún momento, tiró la toalla.

 

De tu labor como coach, ¿cuál ha sido la parte más fácil?

Ana. Lo más fácil ha sido compartir con ellos trocitos de tu vida.

El Camino no es nuevo para ti, ¿verdad?

Ana. No, lo hice muchas veces. Este francés lo hice ya cinco veces. Pero con gente a priori desconocida para mí es la segunda vez. Y ha sido todo un reto por eso, aunque desde el minuto uno me acogieron y formamos una auténtica familia.

 

Ana, ¿qué tiene el Camino para hacerte volver una y otra vez? Y, ¿qué te ha enseñado este?

Ana. Yo siempre digo que el Camino engancha y quien lo hace una vez lo repite, porque es un camino hacia el interior de uno mismo. No sabes lo que eres capaz de hacer hasta que estás aquí.  Me enseñó que puedo, eso es lo más importante. Para mí los retos son trabajos, que con trabajo, puedes alcanzarlos. Y esto ha sido un reto que me enseñó que puedo ayudar a la gente y, al mismo tiempo, aprender de ellos, y que puedo adaptarme a cualquier tipo de entorno, y hacerlo de manera positiva.

 

Conociendo las historias tan diferentes de las cuatro parejas, podemos decir también que el Camino iguala, nivela, en él no hay lugar para diferencias

Ana. Aquí los títulos universitarios, como no importan otras muchas cosas. Somos personas. Personas que nos encontramos en un camino, donde nos miramos a los ojos y nos ayudamos. Además, cuando acaba el camino es cuando empiezas a escribir realmente tu historia personal.

 

Hablando de escribir, Ana. Cada tarde te veíamos acompañada de tu libretita y te retirabas para anotar cosas en ella. ¿Qué esconden esas hojas?

Ana.  Cada día buscaba un ratito para escribir lo que había sentido, para plasmar lo que me había pasado. Pensamientos que reflejan cómo me siento cada día, y también sumo cosas y anécdotas de los demás, o curiosidades sobre los sitios a los que vamos llegando. Me gusta muchísimo escribir.

 

Durante estos días has demostrado tener mucha alegría y mucha energía. ¿Cómo lo consigues?

Ana. Sabiendo que si compartes, la gente comparte contigo. Y si eres positiva, atraes el buen rollo a tu vida.

 

¿Qué suma la diferencia de edad de los participantes en el Camino?

Ana. Te das cuenta de que no importa. No solo en el grupo que llevamos, te encuentras peregrinos de todas las edades. En el camino la edad no existe, es un número.

83 es un número. Es la edad de Amalia. ¿Te ha sorprendido como peregrina?

Ana. Me sorprendió muchísimo. Es una mujer tenaz y generosa, porque yo la escuché decir que hacía el camino por su hija, porque quería sacarla de su sitio de confort. Es un ejemplo de mujer. Super curiosa para todo, siempre muestra interés, quiere aprenderlo todo. Es una mujer increíble.

 

¿Qué te parece que una empresa como Meritene organice una actividad como esta?

Ana. Te diré lo que nos dijo una chica biolorusa que encontramos en el Camino cuando le explicamos qué estábamos haciendo, que habíamos participado en un concurso y que el premio era el Camino. Ella nos preguntó extrañada: “¿El premio es andar?”. Entendió que poder compartir con esta gente tu experiencia, tus rollos buenos y malos, no es un regalo, es un regalazo.

 

Muchas cosas cambian cuando acabas el Camino en cada peregrino. ¿Crees que Merite es consciente de esos cambios profundos y vitales que propia en los participantes?

Ana. Yo creo que sí. Ellos saben que detrás del Camino hay historias. Todo lo que se forma alrededor de la familia que somos estos días, produce un enganche. Y sí que es cierto que algo cambia para los participantes, dependiendo de sus propias historias. Pero todos vuelven a sus casas habiendo conseguido un reto, sabiendo que puedes hacer lo que te propongas.

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