Puedes preguntarme lo que quieras.
Devoro mis entrañas
a la misma velocidad
que las gaviotas,
que buscan suelo
para tratar la suciedad.
Aves idiotas,
ciegas,
sin verdad.
Estómagos.
Telas de arañas.
¿Conoces tú los límites?
No dejo de nacer
en misma cueva,
ni que el fuego se consuma.
Una a una
parte en dos,
el cuervo la aceituna.
La miel en piel
dibuja cuerpo.
Negros dardos afilados.
Cosquillas entre las piernas,
en el borde acantilados…
Piedras eternas.
Largo pasillo de acuario,
música sin fin,
pabellón de sirenas
y el baile en aquel rincón.
Puedes preguntarme lo que quieras.
Conozco mis límites
y las aguas no potables
y los pasos.
Pies descalzos en altura
por los cables.
Tragos de aire.
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