La segueta y el camión

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segueta

Una tarde de cualquier domingo
a mediados de los 80,
cubierta de mariposas nuestras mentes
soñadoras, infantiles, poderosas.

A ruedas con pedales nuestros pies,
fuertes y libres
buscando sin saber el qué
y disfrutando de ese momento.

Chachico quedaba quieto observando
en alguna de aquellas paradas
las palabras mudas
de las nubes
tan bonitas, tan lejanas
como el ruido de los coches
que viajaban
quién sabe hacia qué ciudad,
acariciando con su distancia el tiempo
como una fotografía.

(El recuerdo es el tiempo,
la fotografía el alma al recordarlo)

Las huellas
desaparecieron a los pocos días
de la tierra del camino
junto al humo de un par de cigarrillos.
La imaginación lo esculpió en piedra
y quedó para siempre clavada
en lo más profundo del corazón.

En aquella habitación
las nubes seguían dibujadas
con tus manos y las mías,
con los ojos concentrados.
Fue un momento regalado
y no se olvida.

La madera fina
a través de las seguetas
dejaba ver el camión
que tanta ilusión nos hacía,
que seguirá circulando en nuestras vidas,
como el billar en miniatura en Navidad
o como aquellos sábados al mediodía
en la Cantueña,
con nuestros padres, hermanos y amigos.

Puedo sentir el aire
que respirábamos entonces.
Me llena el color de la distancia,
el aroma puro del recuerdo,
el sabor de haberlo vivido
y el saber cuál fue nuestra infancia.

Los años no han hecho más que alimentarla,
regalándonos lo que no pudimos ver
para ahora contemplarlo.

 

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

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