¿Conoces la técnica de Kintsugi? Consiste en reparar una pieza rota, por ejemplo, una vasija de cerámica de valor, con laca de oro. Lejos de disimular las grietas, el color dorado las remarca, dotándolas de una belleza singular que, paradójicamente, incrementa su valor. Desde el Coaching hoy te propongo esta metáfora aplicada a tu propia alma: el kintsugi emocional ¿Te has roto emocionalmente alguna vez? ¿Son tus grietas doradas?
Cuando trabajaba en un diario económico, hace ya algún tiempo, uno de mis compañeros a menudo elogiaba el dorso de mis manos. Al parecer, la estructura venosa de las mismas le sugería una gran experiencia y riqueza emocionales.
Fue así como tomé consciencia de esa belleza tan peculiar que, en ocasiones, tenemos las personas y tienen las cosas. No se trata de la perfección sino, precisamente, de las grietas que, con la experiencia, surgen en el rostro, en los ojos o en las manos.
“Nadie más ha caminado por tu mismo terreno, con tus emociones, tus batallas y tus aprendizajes”, dice la coach de Vida Neus Monfort; “es ahí donde radica tu valor único, en esa combinación irrepetible de experiencias que te han hecho ser quién eres hoy”.
Aunque no nos definen, son marcas que indican que la experiencia ha dejado una huella que, quizá, merezca un reconocimiento o, mejor, un homenaje.
“La vida no es una línea recta”, dice Neus Monfort; “es una montaña rusa de ascensos y descensos, de luces y sombras”; “aunque a veces preferiríamos evitar los momentos de dolor, los tiempos difíciles nos enseñan mucho acerca de quiénes somos”.
“Cuando abordas el viaje de la vida, te apuntas a toda la aventura, con sus ascensos y descensos”, dice Monfort; “cada golpe refleja tanto tus fortalezas como las sombras que aún cargas”.
“Todos nos hemos roto en algún momento”, dice Mario Alonso Puig, médico cirujano, escritor y conferenciante; “todos llevamos fracturas; algunas visibles, otras que guardamos en silencio desde hace años”.
“La tentación, cuando eso ocurre, es esconderlas, actuar como si no existieran o. incluso peor: definirnos por ellas”, dice el autor de Vivir es un asunto urgente, Tus tres superpoderes y Resetea tu mente, entre otros títulos.
“Una grieta no es el final de la historia, sino el lugar exacto donde puede entrar el oro”, dice Mario Alonso Puig; “nunca te veas como una pieza rota pues, aunque tus fracturas están ahí, lo que importa es con qué decides rellenarlas”.
Para este experto el rellenado de las grietas emocionales puede hacerse “bien con culpa y vergüenza, o bien con amor, aceptación y a través de la celebración silenciosa de que eres alguien único e irrepetible”. Y propone una de esas preguntas poderosas que tan buen juego dan en el Coaching: ¿Qué parte de ti llevas tiempo necesitando aceptar? Debido a que los tiempos difíciles se basan en tus percepciones, siempre puedes cambiar la forma como los interpretas.
“Nietzsche afirmaba que lo que no nos mata nos hace más fuertes; Viktor Frankl recordaba que siempre podemos elegir nuestra actitud y, en el arte japonés del Kintsugi, las piezas rotas se reparan con oro, convirtiendo las grietas en belleza”, dice Monfort.
“Tus tiempos difíciles te agrietan, mientras que tu resiliencia es el hilo dorado que las vuelve a unir”, dice esta coach; “la clave está en escuchar la historia limitante, reconocer el dolor que trae y después, formular una nueva narrativa que te devuelva el poder”.
Para aplicar ese baño de oro, la coach Monfort nos propone siete reglas que recoge en el acrónimo que da nombre a su propio método: REFLEJA:
“A veces te enfrentas a situaciones que ponen a prueba tus límites, como, por ejemplo, perder a un ser querido, afrontar un problema de salud o luchar contra dificultades financieras”, dice Monfort; “estos eventos pueden hacerte sentir desesperado, impotente o abrumado”
Veamos cuáles son las claves de esta reparación dorada de las grietas de nuestra alma o kintsugi emocional:
Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más a propósito de esas grietas doradas del alma.
La belleza que mi compañero veía en mis manos se debía, quizá, a que, metafóricamente hablando, las grietas se habían reparado con un baño de oro.
Me refiero a la aceptación de lo que me resultaba, y también hoy me resulta, difícil de vivir, de experimentar, ya que aporta una pátina dorada que, con el tiempo, la hace aún más bella, por su serenidad.
Desde el Coaching hoy te propongo hacer kintsugi emocional; para ello te doy una pista, el ejercicio que Mario Alonso Puig nos sugiere: “piensa en algo difícil que hayas vivido y que, con el tiempo, te haya dado algo (fuerza, claridad, compasión); escríbelo, aunque sea sólo una línea: ése es tu oro”.
¡Feliz y Próspero Kintsugi Emocional! ¡Feliz Coaching!
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