Cinco claves para favorecer la recuperación cognitiva después de sufrir un ictus

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Cinco claves para favorecer la recuperación cognitiva después de sufrir un ictus.

 

La recuperación después de un ictus no se limita a volver a caminar, mejorar la movilidad o recuperar la fuerza muscular. Aunque estos avances suelen ser los más visibles, muchas personas continúan experimentando dificultades relacionadas con la memoria, la atención, el lenguaje o la capacidad para organizar sus actividades cotidianas.

Estas alteraciones cognitivas pueden pasar desapercibidas inicialmente, pero llegar a tener un impacto importante en la autonomía personal y en la calidad de vida. Por ello, los especialistas destacan la necesidad de prestar atención a estas secuelas e incorporar estrategias de rehabilitación adaptadas a las capacidades y necesidades de cada paciente.

«Poder caminar o mover los brazos no permite concluir que no existan dificultades cognitivas. Después de un ictus pueden verse afectadas funciones como la atención, la memoria, el lenguaje, la velocidad de procesamiento o la capacidad para planificar y tomar decisiones», como  explica Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUP.

Cinco recomendaciones para estimular las funciones cognitivas tras un ictus

La rehabilitación cognitiva debe diseñarse de forma individualizada, teniendo en cuenta las funciones afectadas, las capacidades conservadas y los objetivos personales.

Aunque no existe un único tratamiento válido para todos los pacientes ni puede garantizarse una recuperación completa, desde NeuronUP señalan cinco estrategias que pueden contribuir a mejorar el funcionamiento cognitivo y facilitar la realización de las actividades diarias.

1. Ejercitar la memoria y la atención mediante actividades cotidianas

Una de las recomendaciones es trabajar las capacidades cognitivas a través de tareas que formen parte de la vida diaria.

Elaborar una lista de la compra, organizar una salida, preparar una receta o planificar las actividades de la semana son algunos ejemplos de ejercicios que permiten trabajar la memoria, la atención y las funciones ejecutivas, relacionadas con la organización y la toma de decisiones.

Este tipo de actividades tiene la ventaja de que los aprendizajes se desarrollan en situaciones prácticas, lo que puede facilitar su aplicación en el entorno habitual del paciente.

2. Utilizar herramientas para recordar y organizar las tareas

Las dificultades de memoria o planificación pueden hacer que algunas personas olviden citas, medicamentos o actividades programadas.

Para compensar estas alteraciones, los especialistas recomiendan recurrir a herramientas sencillas, como agendas, calendarios, alarmas en el teléfono móvil o listas con los pasos necesarios para realizar una tarea.

Estos recursos pueden favorecer la autonomía, siempre que se adapten a las capacidades de la persona y se practique su utilización en situaciones reales.

El objetivo no es únicamente recordar información, sino facilitar que el paciente pueda gestionar determinadas actividades con la mayor independencia posible.

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3. Evitar distracciones y adaptar la dificultad de los ejercicios

Después de un ictus pueden aparecer problemas para mantener la concentración o procesar la información con la misma rapidez que antes.

En estos casos, realizar actividades en entornos tranquilos, reducir los estímulos que puedan distraer y centrarse en una sola tarea cada vez puede facilitar el rendimiento cognitivo.

También resulta útil proporcionar instrucciones claras y sencillas, especialmente cuando una actividad requiere seguir varios pasos.

La dificultad de los ejercicios debe ajustarse progresivamente a la evolución de cada persona, evitando tanto las tareas excesivamente complejas como aquellas que no representan ningún estímulo para sus capacidades.

4. Estimular el lenguaje y facilitar la comunicación

Las alteraciones del lenguaje son otra de las posibles consecuencias del ictus. Algunas personas pueden tener dificultades para encontrar las palabras adecuadas, construir frases, comprender mensajes o seguir una conversación.

Para favorecer la comunicación pueden utilizarse imágenes, gestos, palabras escritas y conversaciones sobre temas conocidos o de interés para el paciente.

La participación de los familiares y cuidadores también es importante. Dar tiempo para responder, mantener un entorno tranquilo y adaptar la forma de comunicarse puede ayudar a reducir las dificultades en las interacciones cotidianas.

Estas estrategias deben formar parte de una intervención adaptada a las alteraciones específicas del lenguaje que presente cada persona.

5. Respetar el cansancio y combinar actividad con descanso

La fatiga es una dificultad que puede aparecer después de un ictus y que influye tanto en el rendimiento físico como en el cognitivo.

Por este motivo, los especialistas aconsejan organizar las actividades teniendo en cuenta los momentos del día en los que la persona dispone de más energía y establecer descansos entre las tareas.

También es importante evitar la sobrecarga y adaptar la duración de los ejercicios a la capacidad de concentración y al estado general del paciente.

El cansancio persistente y las alteraciones del sueño deben comunicarse al equipo sanitario, ya que pueden dificultar la participación en el proceso de rehabilitación.

Cómo detectar las secuelas cognitivas que pasan desapercibidas

Además de aplicar estrategias de rehabilitación, es importante reconocer las posibles alteraciones cognitivas que pueden aparecer después de un ictus.

Sus consecuencias dependen de la zona cerebral afectada y de la extensión de la lesión. Además de las dificultades motoras, pueden producirse problemas de memoria, atención, lenguaje, orientación espacial y planificación.

Según Valeria Medina, estas funciones dependen de redes cerebrales que trabajan de manera coordinada, por lo que una lesión puede alterar diferentes capacidades incluso cuando las secuelas físicas son poco perceptibles.

La especialista recuerda también que factores como el estado de ánimo, la calidad del sueño, la salud cerebral previa o determinados medicamentos pueden influir en el rendimiento cognitivo.

Entre las señales a las que conviene prestar atención se encuentran los olvidos frecuentes de citas o tomas de medicación, las dificultades para seguir instrucciones, los errores al gestionar el dinero o la necesidad de recibir ayuda en actividades que antes se realizaban de forma autónoma.

También pueden observarse cambios en el lenguaje, como una mayor dificultad para encontrar palabras, construir frases o mantener el hilo de las conversaciones.

El papel de los familiares y cuidadores en la recuperación

El entorno familiar puede desempeñar un papel importante en la identificación de estas dificultades y en el seguimiento de la evolución del paciente.

Comparar las capacidades actuales con las que tenía antes del ictus permite detectar cambios que podrían requerir una valoración especializada.

Los profesionales recomiendan registrar ejemplos concretos de las dificultades observadas y trasladarlos al equipo sanitario, ya que esta información puede resultar útil para orientar la evaluación y diseñar las intervenciones de rehabilitación.

Asimismo, el acompañamiento de familiares y cuidadores puede contribuir a facilitar la práctica de las actividades recomendadas, siempre respetando los tiempos, las preferencias y el grado de autonomía de la persona afectada.

Es importante distinguir estas secuelas de la aparición repentina de nuevos síntomas. Una dificultad súbita para hablar, la pérdida de fuerza en un lado del cuerpo o una alteración brusca de la visión requieren atención médica urgente, incluso si desaparecen al cabo de unos minutos.

Una rehabilitación individualizada para mejorar la autonomía

La recuperación cognitiva tras un ictus puede evolucionar de forma diferente en cada paciente, dependiendo de las características de la lesión, las funciones afectadas y otros factores personales y de salud.

Por ello, la rehabilitación debe contar con una valoración profesional que permita establecer objetivos realistas y seleccionar las estrategias más adecuadas en cada caso.

La combinación de intervenciones especializadas, actividades funcionales y herramientas de apoyo puede contribuir a compensar las dificultades cognitivas y favorecer la participación en la vida cotidiana.

En este proceso, los especialistas insisten en que recuperar autonomía no significa necesariamente volver a realizar todas las actividades de la misma manera que antes del ictus, sino encontrar recursos y estrategias que permitan desenvolverse con la mayor independencia y calidad de vida posibles.

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