Cuando las mejores relaciones intergeneracionales empiezan desde las uñas.
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Un grupo de más de 30 personas mayores de los apartamentos para mayores Ballesol Parque Almansa, en Madrid, participa estos días en un proyecto de envejecimiento activo que une autocuidado, prevención y participación social con un hilo conductor tan cotidiano como simbólico: la estética de manos y la manicura.
La iniciativa, desarrollada junto a Nails by Nails -empresa especializada en estética y uñas-, busca analizar cómo el cuidado de la imagen, la piel y el aspecto externo puede influir en variables emocionales y sociales como la autoestima, la felicidad o la mejora de las relaciones con el entorno. En el programa trabajan de forma coordinada profesionales de Psicología, TASOC y Terapia Ocupacional de Ballesol, con el objetivo de identificar criterios de “optimización” que conecten el autocuidado con el bienestar integral.
“La influencia de la cultura corporal y la estética no solo configura nuestra identidad; también visibiliza una etapa de la vida sin caer en edadismos, generando espacios de participación social a partir de una autopercepción cada vez más valorada e influyente”, señalan desde el equipo impulsor.
La manicura como excusa para compartir tiempo
El proyecto añade un componente clave: la intergeneracionalidad. La experiencia, las preferencias y la vivencia personal de las personas mayores se convierten en el punto de partida para abrir espacios de encuentro con jóvenes y familiares, favoreciendo el intercambio de miradas, aprendizajes y vínculos.
Un ejemplo lo protagoniza Diamar Botella, que acude acompañada de su nieta Paula Campos. No es la primera vez que comparten plan -cafés, cine, compras, paseos y confidencias forman parte de su rutina-, pero esta vez el protagonismo lo tiene la abuela. “He elegido una manicura francesa por su tono rosado y natural, porque imita a la uña natural pero con más brillo”, explica mientras comienza la sesión.
Paula, por su parte, busca un rosa que aguante para una boda próxima y opta por una semipermanente de un solo color. “Venir con ella son todo beneficios: la experiencia, la clase. No necesito recurrir a las redes sociales porque ella es una influencer”, bromea mientras la profesional lima, da forma y retira cutículas.
“La estética también habla de salud”
En la sesión participa Jazmina, profesional del centro de manicura y especialista en imagen personal, que recuerda que la estética puede ofrecer pistas sobre la persona y su estado general. “La estética revela la salud y la personalidad”, apunta. También señala un dato habitual en el proceso de envejecimiento: “En la senectud el crecimiento de las uñas se ralentiza”. En una primera valoración visual y manual, explica que la tasa normal de crecimiento en uñas de las manos ronda los 3 milímetros al mes, y transmite tranquilidad ante las dudas habituales en las primeras visitas.
Un proyecto con impacto social y emocional
Bajo el nombre de “Estética de manos e intergeneracionalidad”, la iniciativa persigue beneficios concretos que van más allá de lo estético:
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Evitar el aislamiento, promoviendo rutinas de salida y contacto social.
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Fomentar el autocuidado, con impacto en la salud física y emocional.
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Mejorar la resiliencia y la adaptación a los cambios asociados a la vejez.
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Reforzar el autoconcepto, es decir, la imagen personal que condiciona la conducta y la confianza.
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Impulsar la participación social y el intercambio entre generaciones —especialmente entre abuelos y nietos— para transferir experiencias e historias de vida.
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Alejar situaciones de edadismo, evitando que la persona mayor sea vista únicamente como vulnerable o sin valor social.
En Ballesol lo resumen como una propuesta sencilla con un efecto multiplicador: un espacio de cuidado personal que se convierte, también, en una oportunidad para sentirse mejor, relacionarse más y compartir tiempo de calidad. Porque, a veces, las mejores conversaciones y conexiones… empiezan por unas mano












