El reflejo en nuestras pupilas, nuestra seño, mamá
El aula de la infancia es un jardín
donde para crecer,
solo se necesita luz.
Las voces que lo inundan
están tan llenas como el aire
que les hace respirar.
Cecilia vista desde arriba,
en la cima de una montaña
con forma de escalera
y repleta de niños.
Hay un corazón
que sigue alimentando el recuerdo
de una niñez llena de magia.
La misma que tú cada mañana,
al entrar por la puerta,
ibas dejando en cada una de las mesas
con tu perfume de cristal.
El pasado, al ser tanta vida,
vuelve al corazón.
Y es el corazón el que,
al traerlo a la memoria,
no lo olvida.
Música entrelazada,
música invisible
pero calada en 24 almas
que aprendieron a tu lado, por ti.
Navidad del 84.
Todos te quisieron honrar con su palabra,
sintiéndote tan cerca como entonces
después de 40 años.
Será porque algo hiciste bien.
Yo solo veo colores en las ropas de esos niños,
en los que también estoy yo.
Y todos los que sin nombrar
forman una parte eterna de ti.
Hay una sonrisa verdadera en tu mirada,
que no encuentro manera al mirarte
sin que las lágrimas deslicen por el rostro
lo que pensamos cada uno de nosotros
al nombrarte.
La vida es el aire respirado
dentro de una habitación grande,
con ventanas a una calle,
de las cuatro que enmarcaban
el Vicente Aleixandre.
La pizarra un sol,
donde tu presencia iluminaba como él
y más que nadie.
Cecilia Salazar
Tu ausencia es dolor.
Ahora,
a veces, sonrío al pensarte,
pero dura poco,
aunque lo intento
con todas mis fuerzas.
Quiero,
quiero reír mientras te recuerdo,
mientras te hablo.
Pero hasta entonces
me conformo con pensarte mucho
cada noche,
para ver si sueño contigo
y así poder hablarte,
tocarte, abrazarte.
A Cecilia Rivas Asensio
losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es
El aula de la infancia es un jardín donde para crecer, solo se necesita luz.
Las voces que lo inundan están tan llenas como el aire que les hace respirar.
Cecilia vista desde arriba, en la cima de una montaña con forma de escalera y repleta de niños.
Hay un corazón que sigue alimentando el recuerdo de una niñez llena de magia. La misma que tú cada mañana, al entrar por la puerta, ibas dejando en cada una de las mesas con tu perfume de cristal.
El pasado, al ser tanta vida, vuelve al corazón. Y es el corazón el que, al traerlo a la memoria, no lo olvida.
Música entrelazada, música invisible pero calada en 24 almas que aprendieron a tu lado, por ti.
Navidad del 84.
Todos te quisieron honrar con su palabra, sintiéndote tan cerca como entonces después de 40 años. Será porque algo hiciste bien.
Yo solo veo colores en las ropas de esos niños, en los que también estoy yo. Y todos los que sin nombrar forman una parte eterna de ti.
Hay una sonrisa verdadera en tu mirada, que no encuentro manera al mirarte sin que las lágrimas deslicen por el rostro lo que pensamos cada uno de nosotros al nombrarte.
La vida es el aire respirado dentro de una habitación grande, con ventanas a una calle, de las cuatro que enmarcaban el Vicente Aleixandre.
La pizarra un sol, donde tu presencia iluminaba como él y más que nadie.
Cecilia Salazar
Tu ausencia es dolor. Ahora, a veces, sonrío al pensarte, pero dura poco, aunque lo intento con todas mis fuerzas.
Quiero, quiero reír mientras te recuerdo, mientras te hablo. Pero hasta entonces me conformo con pensarte mucho cada noche, para ver si sueño contigo y así poder hablarte, tocarte, abrazarte.
Artista polifacético dedicado a la poesía desde que era niño y a la pintura. Él mismo recuerda “aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante. Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy”.