Me quedé
esperando una respuesta,
en el cristal de la ventana grande
de aquel aula,
que tu alma tan pronto abandonó.
Solté mi respiración como humo
y el cristal, sé que empañó,
y no hubo respuesta de nadie.
Y te sentí,
dibujando con el dedo
un círculo pensado
formando un corazón.
Tengo
el recuerdo de tu voz.
Vuelvo a la escalera,
para cogerte de la mano
y sentirme dentro
de tu última sonrisa,
y prenderla en soledad
acompañado de ti
con la última de mis velas.
Vuelve,
tu voz a mi mente,
tu ternura,
tu último pensamiento
grabado en el recuerdo
que más que pasado
es presente.
Te dejé llevarte conmigo
intentando olvidar el día
que me despedí de ti.
Y te veo...
No puedo dejar de hacerlo.
Eres:
todos los días que sonrío,
todas las mañanas deshabitadas
y todas las bajadas de mis ríos.
Te añoro amigo mío.
Estás mucho más cerca
que muchos que, de cerca,
creen ser vivos.
Nunca dejaré
de sentarme en ese banco,
con un árbol por brazo.
Imagino sus raíces
adentrándose en la tierra
para tocarte por debajo...
Voy con ellas.
Si pudieras cogerme de la mano
daría un paseo contigo
por sentirte
como lo hace un hermano.
A José Ramón González Esteban.
losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es
Me quedé esperando una respuesta, en el cristal de la ventana grande de aquel aula, que tu alma tan pronto abandonó.
Solté mi respiración como humo y el cristal, sé que empañó, y no hubo respuesta de nadie.
Y te sentí, dibujando con el dedo un círculo pensado formando un corazón.
Tengo el recuerdo de tu voz.
Vuelvo a la escalera, para cogerte de la mano y sentirme dentro de tu última sonrisa, y prenderla en soledad
acompañado de ti con la última de mis velas.
Vuelve, tu voz a mi mente, tu ternura, tu último pensamiento grabado en el recuerdo que más que pasado
es presente.
Te dejé llevarte conmigo intentando olvidar el día que me despedí de ti.
Y te veo… No puedo dejar de hacerlo.
Eres: todos los días que sonrío, todas las mañanas deshabitadas y todas las bajadas de mis ríos.
Te añoro amigo mío. Estás mucho más cerca que muchos que, de cerca, creen ser vivos.
Nunca dejaré de sentarme en ese banco, con un árbol por brazo.
Imagino sus raíces adentrándose en la tierra para tocarte por debajo… Voy con ellas.
Si pudieras cogerme de la mano daría un paseo contigo por sentirte como lo hace un hermano.
Artista polifacético dedicado a la poesía desde que era niño y a la pintura. Él mismo recuerda “aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante. Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy”.