¿Eres una persona agradecida? ¿Cómo das las gracias? ¿Hay ocasiones en las que te cuesta mostrar gratitud? ¿Te gusta ser el destino del agradecimiento de otros? ¿Cómo te sientes antes, durante y después de agradecer?
Hace unos días, mientras limpiaba el suelo de madera de mi casa, me equivoqué de producto, echando otro que, si bien añadía más brillo, implicaba tener que sacarlo frotando. Ni corta, ni perezosa, coloqué una bayeta de algodón bajo cada uno de mis pies y comencé a deslizarme por habitaciones y pasillo, hasta que el color mate del parqué se convirtió en un reflejo espejado.
Mientras patinaba por mi hogar, sentí de pronto una alegría que me iba envolviendo; me encontraba muy bien, como si jugara, como si hubiera vuelto a los ocho años. Vi con claridad una escena de mi infancia y recordé unos pequeños, pero a la par grandes, momentos con mi madre. ¡Qué divertido era participar en las tareas cotidianas, echando carreras en aquel largo pasillo de nuestra primera casa!
He recordado cómo se le iluminaba a ella la cara, mientras nos batíamos en una dura competición de bayetas “saca-brillos”. Me he acordado de sus gestos exagerados, para hacerme creer que, aunque ella hacía todo lo posible, era yo quien ganaba. Y a todo esto, he dicho en alto: ¡Gracias, mamá, por tu alegría!
Agradecer implica revivir grandes momentos emocionales, lo que nos da una pista a propósito de las personas que hemos llegado a ser. Desde el Coaching te invito a esta nueva aventura del agradecimiento.
Más que decir gracias
El proceso de agradecimiento abarca mucho más que el escueto “gracias”. Empieza cuando identificamos el objeto de nuestra gratitud y la persona que lo ha hecho posible. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de una emoción, nos produzca ésta bienestar o malestar, es realmente cuando se inicia.
El agradecimiento nos envuelve, proporcionándonos bienestar incluso en el caso de que el hecho nos sea adverso. Ello es porque, en términos de Coaching, cada cosa ocurre para algo. De ahí que en ocasiones decidamos dar las gracias a alguien que por ejemplo nos ha permitido darnos cuenta de algo clave para nosotros.
Agradecer conlleva varios pasos, como te propongo seguidamente:
Al dar las gracias cerramos un círculo perfecto de comprensión, compasión y respeto, tanto a los demás como a nosotros mismos. Te invito a comprobar qué efectos y sensaciones te produce la gratitud, tanto si la das, como si la recibes.
El recuerdo de mi infancia, que he compartido contigo, me ha hecho sentirme feliz y me seguirá produciendo alegría cada vez que lo traiga a mi mente, al leer estas líneas o, también, la próxima vez que me confunda de producto y deba abrillantar el suelo. ¡Gracias, mamá! Se lo contaré la próxima vez que la vea.
¡Feliz Agradecimiento! ¡Feliz Coaching!
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