Sincericidio o verdad sin filtros

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Decir la verdad suele ser uno de los valores más admirados, el de la sinceridad; aunque ¿qué verdad?, ¿en qué nivel de intensidad? Y, sobre todo, ¿de quién es la verdad y para qué la decimos? Como en tantas ocasiones, lo de irse a los extremos puede distorsionar la realidad, por lo que, si no optamos por la mentira, tampoco deberíamos hacerlo por el sincericidio, esa verdad sin filtros que, una vez que sale de nuestra boca, puede tener consecuencias dolorosas para la otra persona.

 

“Te voy a decir una cosa y espero que no te lo tomes a mal, Silvia”; Cuando Lara se dirigió a mí en estos términos, me temí lo peor. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que conviene deshacerse de prejuicios y ver qué pasa, si bien estaba preparada, casi parapetada, para no tomarme por lo personal aquello que me iba a comentar “de veras” mi amiga.

“El corte de pelo que llevas no te favorece en absoluto; es más, te echa años encima y a mí personalmente no me gusta nada”; Y añadió: “sé que es fuerte lo que te he dicho, pero soy tu amiga y como soy tu amiga tengo que decírtelo, así que ya está”.

Tras soltar tamaño lastre, pues su expresión era como si se hubiera despojado de un peso tremendo, me miró a los ojos por primera vez desde que iniciara su discurso.

Su mirada duró pocos segundos, los que tardé yo en intentar responder. Y digo que lo intenté, pues al abrir literalmente la boca, Lara volvió con un segundo round. Esta vez me pareció como si intentara disculparse, más bien justificarse. Aunque la bomba del sincericidio había sido lanzada.

justicia

¿A quién le importa?

¿Qué hay detrás del sincericidio? ¿Qué nos lleva a saltarnos la cadena de pensamiento-sentimiento-filtro-acción, pasando del primero a la última sin reflexionar?

Desde el Coaching, te propongo recordar una de esas ocasiones en las que hayas sido emisora o receptora de un sincericidio.

Si tomas el rol de lo segundo, intenta escuchar de nuevo el mensaje, como si te lo repitieran en este momento, aunque sin tomártelo por lo personal. Te invito ahora a que respondas a las siguientes preguntas:

  • ¿A qué se refiere el sincericidio? ¿Es algo personal que no es posible cambiar? Si pudiera modificarlo, ¿lo haría?
  • ¿Cómo me afecta lo que me acaba de decir esa persona? ¿Me abre alguna de mis heridas del alma, quizá la de la humillación o la del rechazo?
  • ¿Qué nombre le doy a la emoción que siento tras escuchar a mi interlocutor hablar “de veras”?
  • Me centro en la otra persona; evito juicios al preguntarme ¿qué es lo que está proyectando? ¿Para qué me está diciendo esto?
  • ¿Cómo puedo responder?

En este último punto, te propongo utilizar la herramienta D.E.P.A. (Descripción, Emoción, Petición y Agradecimiento), ya que es importante que la otra persona comprenda el efecto que sus palabras han podido tener en ti.

Por descripción se entiende esto mismo: “Mira, me has dicho esto y has utilizado un lenguaje directo en un tema que es personal”. La emoción puedes expresarla: “Tus palabras me han hecho daño, me hacen sentir humillada y poco querida; hasta siento algo de enfado”. Petición: “Te pido que, por favor, te abstengas de manifestar tus opiniones acerca de mí, sobre todo si no te las he pedido”. Agradecimiento: “Gracias por escucharme y porque sé que en próximas ocasiones respetarás mi petición”.

empatía

Si has sido tú quien ha hablado sin filtros, te invito a que te preguntes lo siguiente:

  • ¿Qué efecto o consecuencia en su autoestima puede tener esto que voy a decirle a la otra persona? ¿Estoy respetando a mi amigo si le digo lo que estoy pensando?
  • ¿Se trata de darle apoyo y ayuda? (a pesar de que no me lo haya pedido) ¿O es acaso ego, esto es, decir lo que me parece porque sí, sin filtros? ¿Qué hay detrás de esta necesidad de manifestar lo que me apetece?
  • ¿Para qué voy a decirle lo que considero una verdad? ¿Para quién es verdad? ¿Cómo me sentaría a mí que mi amiga me dijera esto mismo?

Quien más, quien menos, casi todos hemos cometido sincericidio alguna vez; la buena noticia es que puede servirnos de aprendizaje. Y es que, cuando hemos sido víctimas del hablar “de veras”, podemos dejar a un lado lo personal y atender a lo que realmente está expresando la otra persona.

Como mínimo, puede darnos pistas para conocerla mejor, además de permitirnos sentir empatía con quien antes haya sido nuestra víctima del sincericidio.

Hay una ley no escrita a propósito de lo que se debe y no se debe hacer notar de la otra persona, que consiste en señalar tan sólo aquello que pueda arreglarse en dos minutos, literalmente. Por ejemplo, si nuestra amiga tiene algo entre los dientes al terminar el almuerzo; o también si lleva descuadrada la abotonadura de la camisa, una cremallera bajada o el pelo descolocado. El resto, ¿a quién le importa?

Para quienes habéis llegado hasta aquí, os cuento cómo terminó el sincericidio de Lara. Mientras ella hablaba me di cuenta de algo importante: estaba proyectando su propia frustración hacia afuera y mediante ese “hablar de veras” aprovechó para darme su opinión sin que nadie se la pidiera y sobre un aspecto físico propio muy personal.

Lara simplemente abrió la boca y sus juicios y prejuicios salieron sin más. Bueno, tampoco sin más, pues lo que no debía de tener instalado era el filtro de la responsabilidad. ¿Qué hubiera pasado si en vez de dirigir su sincericidio hacia mí lo hubiera hecho hacia otra persona con baja autoestima?

¿Y si su interlocutora se hubiera sentido humillada, o no querida e incluso maltratada de una forma tan gratuita? Porque lo cierto, ya que hablamos de verdades, es que Lara no tenía ninguna obligación de decir lo que dijo, ni de la forma en que lo dijo. La amistad conlleva una responsabilidad, que se expresa de muchas formas: comprensión, compasión, empatía, cariño y simpatía.

Y antes de cerrar, te dejo uno de esos fantásticos aforismos aprendidos de niña: “Si al hablar no has de agradar, te será mejor callar”. Lo dice una madre, la del conejo Tambor después de que este último hable “de veras” a un entrañable cervatillo llamado Bambi, ¿recuerdas?

¡Feliz Sinceridad Respetuosa! ¡Feliz Coaching!

 

 

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