Los mayores y sus capacidades ante la crisis

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La epidemia que estamos viviendo, con los riesgos que conlleva para las personas de edad y las limitaciones impuestas para su contención, ponen en evidencia la fragilidad humana y el control limitado que tenemos de nuestra existencia. Los jubilados mayores hemos de estar preparados para afrontar esa realidad.

Pero también corremos el riesgo de asumir los prejuicios sociales respecto a la edad, lo que hoy llamamos “edadismo”. Consiste en idealizar la juventud y rechazarnos y convencernos que hemos perdido la capacidad para adaptarnos a los cambios y seguir evolucionando. En la medida en que cuestionamos estas ideas superadas alcanzamos mayores cotas de libertad para disfrutar de los aspectos positivos de la vejez.

Porque con la edad avanzada no solo tienen lugar pérdidas y deterioro; también hay recursos que se refuerzan y otros nuevos que se desarrollan.

Los mayores nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea de una manera más abarcadora. Reconocemos similitudes y contrastes, y tenemos en cuenta diferentes aspectos de la realidad antes de tomar una decisión; es lo que comúnmente entendemos por “sabiduría”.

Con la edad también es posible avanzar en el conocimiento de uno mismo y en la adaptación de las expectativas a las posibilidades reales. El éxito en la adaptación de los jubilados mayores a las situaciones imprevistas está en sacar provecho de todos estos aspectos positivos y no dejarse abatir por una visión exclusivamente centrada en las mermas y vulnerabilidades.

 

Bartolomé Freire, psiquiatra. Autor de La jubilación, una nueva oportunidad. 

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