CULTURA

Al final de la vía

 

No es lo mismo.

Yo sí que pude salir
después de entrar,

y con la misma ropa
que nadie me obligó a quitar.
Y entré porque quise,
y sin gritar… de miedo,

y por mi propio pie…
uno en cada bota.

Una rueda muy grande de acero y sin raíl.
Un zapato, casi, casi rojo,
desgastado,

por el paso del tiempo,
como si esa misma rueda

lo hubiera aplastado,
secado
por la sed,
y enterrado por el hambre

de aquella sopa cruda con veneno.

Un número en la piel
para borrar tu nombre.
Uniforme de rayas verticales.
Medio blancas,
azules de esperanza…

Azul oscuras casi negras
haciendo entender el final,
la oscuridad de la profundidad de los océanos
tragándose las almas sin piedad.

Cepillos que peinaron
las cabezas
que afeitaron a sus dueños.

Tazas que en contenido caliente
pasaron por sus gargantas,
pensando ser si valientes
o huesos enterrados
y sin mantas.

La luna sigue siendo la misma
que sus ojos vieron.
Perdieron al soñar la isla,
que les sacará
de ese lago con agujero.

Una canción romántica,
me bebería con todos y cada uno de vosotros.
Y moriría bailándola abrazado,
pensando…

la última vez que me ves.
Fueron notas a tus labios
sin ni siquiera haberme besado.

Puedo sentir la muerte,
en este preciso instante.
Puedo ser cada uno de esos niños
que agarrados soñaban con ser.

Puedo ser,
unas letras entre uñas

dibujándose en cemento
y pensar…
solo quiero vivir.

No me sorprendo, dibujado por el final…
Lo que me pasa, es que habiéndolo vivido…
hoy en día, aún no lo comprendo.

Lamento lo que no pude vivir…
que es lo que ellos, no vivirán jamás.

 

 

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

Tomás Martínez

Artista polifacético dedicado a la poesía desde que era niño y a la pintura. Él mismo recuerda “aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante. Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy”.

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