Vivir más obliga a revisar cuánto pagamos por el seguro de decesos

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Vivir más también obliga a revisar cuánto pagamos por el seguro de decesos.

 

España vive más que nunca. La esperanza de vida al nacimiento se situó en 2024 en 84,01 años, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. En el caso de las mujeres alcanza los 86,53 años y, en el de los hombres, los 81,38 años. Además, una persona que llega a los 65 años puede esperar vivir, de media, casi dos décadas más si es hombre y más de 23 años si es mujer.

Esta realidad demográfica, marcada por una mayor longevidad y por el progresivo envejecimiento de la población, plantea una cuestión cada vez más relevante para muchas familias: si vivimos más años, ¿cuánto acabamos pagando por productos pensados para cubrir nuestra despedida?

Uno de esos productos es el seguro de decesos, profundamente arraigado en España. Según UNESPA, 22,3 millones de personas tenían cubierto su sepelio al cierre de 2024, lo que equivale al 45,6% de la población. En muchos hogares, se trata de pólizas contratadas hace décadas por padres o abuelos y que se mantienen año tras año, en ocasiones sin revisar cuánto se ha abonado ya, qué capital cubren realmente o si sus coberturas siguen respondiendo a las necesidades actuales.

“El problema no es tener un seguro de decesos. Para muchas personas puede aportar tranquilidad y acompañamiento en un momento difícil. El problema es no revisarlo nunca y pagar durante décadas sin saber cuánto se ha acumulado, qué cubre y qué alternativas existen”, explica María Hermida, portavoz de Pazy.

Una cuota mensual pequeña que puede convertirse en un gasto elevado

El coste mensual de un seguro de decesos suele percibirse como asumible. La cuota se incorpora a los gastos habituales de la familia y, en muchos casos, apenas genera debate. Sin embargo, cuando ese pago se proyecta durante 30, 40 o incluso 50 años, la cifra acumulada puede cambiar por completo la percepción inicial.

La OCU ha advertido en distintas ocasiones de que, salvo excepciones, algunas pólizas de decesos pueden terminar resultando más caras que contratar directamente los servicios funerarios. La organización de consumidores ha llegado a señalar que se puede pagar hasta tres veces más de lo que costaría un entierro, especialmente cuando la póliza se mantiene durante muchos años sin analizar su evolución.

A este factor se suma el incremento del coste funerario. Diferentes estimaciones sitúan el precio medio de un funeral en España en una horquilla de entre 3.500 y 7.500 euros, dependiendo de la provincia, el tipo de servicio, el tanatorio, el féretro, el traslado, la ceremonia, las flores o si se opta por inhumación o incineración. La ubicación también influye: algunos análisis apuntan a diferencias de hasta el 34% en el coste según la provincia.

“Cuando una familia mira solo la cuota mensual, el seguro puede parecer barato. Pero la pregunta importante no es cuánto pago este mes, sino cuánto he pagado ya, cuánto pagaré si vivo hasta los 85, 90 o 95 años y qué recibirán mis familiares a cambio”, añade Hermida.

El impacto de la longevidad en el coste final

Para visualizar el efecto de estas cuotas a largo plazo, Pazy ha elaborado una simulación familiar a partir de recibos reales de una póliza tradicional de decesos. El caso analiza a una familia de cuatro miembros que mantiene el seguro durante décadas y proyecta los pagos hasta edades de entre 85 y 87 años.

Según este cálculo, el importe total abonado podría superar los 70.000 euros, una cifra muy superior al coste de contratar directamente varios servicios funerarios tomando como referencia un precio aproximado de 4.000 euros por despedida.

Desde la compañía recuerdan, no obstante, que se trata de una simulación concreta y que cada caso puede variar en función del tipo de prima, la edad de contratación, las subidas aplicadas, las coberturas incluidas y el capital asegurado. Por ello, recomiendan revisar la póliza antes de tomar cualquier decisión.

En algunos casos, mantener el seguro puede seguir teniendo sentido, especialmente si la persona es mayor, si valora determinadas coberturas complementarias —como traslados— o si la póliza ofrece tranquilidad a la familia. En otros, puede ser conveniente comparar el coste acumulado con el precio real de un servicio funerario y valorar alternativas.

Cinco preguntas antes de renovar por inercia

Los expertos aconsejan no renovar automáticamente una póliza de decesos sin revisar antes algunos aspectos básicos. Entre las preguntas que conviene plantearse destacan las siguientes: cuánto se ha pagado hasta ahora; cuánto se abonaría si se mantiene la póliza hasta los 85, 90 o 95 años; cuál es el capital asegurado; qué servicios cubre realmente; y qué ocurriría si el coste final del funeral fuera inferior al capital contratado.

También es recomendable valorar si existen alternativas más adecuadas a la situación económica, familiar y personal de cada asegurado.

Más allá del análisis financiero, los expertos insisten en la importancia de hablar de la despedida en vida. No solo desde el punto de vista económico, sino también emocional y organizativo: qué tipo de ceremonia se desea, si se prefiere entierro o incineración, qué música sonaría, quién debería tomar las decisiones o cómo evitar que la familia tenga que resolverlo todo en pleno duelo.

“Planificar una despedida no significa adelantar la muerte. Significa quitar carga a quienes queremos. En España hemos normalizado pagar durante años por el momento final, pero todavía nos cuesta hablar de cómo queremos que sea ese momento y cuánto sentido tiene lo que estamos pagando”, concluye María Hermida.

 

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