¿Sabes perdonar?

perdonar

¿Qué sabes del perdón? ¿Se trata de algo que practicas a menudo? ¿Cuándo crees que es oportuno pedir disculpas por lo que hayas dicho o hecho? Y los demás, ¿cuándo crees que deben pedírtelo a ti? ¿A quién crees que beneficia más el acto del perdón, a quien hizo el daño o la ofensa o a quien la recibió? Desde el Coaching te propongo que me acompañes en la espiral del perdón. Bienvenido.

 

Hace unos días alguien me ha comentado que una tercera persona, una de mis favoritas, pretende un acercamiento, tras años sin saber de ella.

Esa persona desapareció de mi vida sin darme explicación alguna, sin decirme qué dije o qué hice para que tomara la decisión de marcharse.

Ahora todo apunta a que desea volver, lo cual me plantea una gran duda, la del perdón.

“Pedir perdón es un hábito natural y cotidiano que, con más o menos facilidad, todos utilizamos cuando queremos reparar o compensar un daño”, dice Miriam Ortíz de Zárate, psicóloga y coach experta en Psicoterapia; “sin embargo, al hacerlo, cargamos a la otra persona con el peso de tener que perdonarnos”; “¿y si no lo hace? ¿quién queda en deuda?”

olvidar

Perdonar no es olvidar

Cuando alguien te hace daño y le perdonas, esto no implica que olvides o justifiques lo que te haya hecho. Tampoco obliga a reconciliarte con esa persona.

No obstante, el gesto de perdonar puede tener múltiples beneficios; empezando por el equilibrio emocional y psicológico, el bienestar físico.

La hostilidad que se genera cuando no perdonas conlleva efectos fisiológicos tales como la activación de los neuroquímicos del estrés y de la ansiedad (cortisol y adrenalina), el aumento de la tensión arterial y muscular, así como también la frecuencia cardíaca.

En cambio, cuando perdonas, regresas a un punto de equilibrio, lo que te procura la bajada de la presión arterial, el descenso del ritmo cardíaco, así como la reabsorción de los neuroquímicos del estrés.

¿Qué otros beneficios conlleva el acto de perdonar o disculpar a quien te ha herido?

  • Alivia el sufrimiento. Si perdonas y aceptas activas un mecanismo que reduce el dolor emocional.
  • Autoestima en ascenso. El perdón mejora tu estado de ánimo, tus respuestas emocionales y, por tanto, tus relaciones.
  • Límites. Al entrenar el perdón aprendes a poner límites desde la empatía y la asertividad.
  • Cerebro evolucionado. El perdón activa las zonas más evolucionadas de tu cerebro, aquéllas que se ocupan de solventar problemas y del control de las emociones.
  • Menos reacciones impulsivas. El equilibrio bloquea las reacciones impulsivas motivadas por la rabia, lo que te permite interpretar lo que te ocurre de otra manera, sintiendo empatía por la otra persona y reduciendo el dolor por lo ocurrido.
  • En el clan. Se sabe que el perdón actúa como un mecanismo evolutivo de cohesión social que favorece la supervivencia del grupo familiar.

reencontrarse

¿Cómo se perdona?

En psicología se habla de un proceso de siete pasos para perdonar, empezando por la identificación del dolor (de dónde viene lo que estás sintiendo), el reconocimiento de las emociones que te hacen sentir ese dolor, dejar ir el pasado, ser empático, perdonar incondicionalmente, agradecer y volver a querer.

Te doy algunas de las claves para entrenar el perdón:

  • Reflexiona acerca de qué expectativa tuya se rompió por aquel hecho del pasado (el perdón se da sobre hechos que ya ocurrieron)
  • Recuerda cómo estaban tus emociones en aquel momento; lo mismo para las de los demás.
  • Si es posible, habla y expresa tu perdón frente a frente. Si no lo es, escribe una carta a esa persona, liberándola del peso que sientes. Luego rompe, quema y deshazte de la carta como acto simbólico de soltar eso que estuvo atascado en ti por un tiempo.
  • Acepta que eres un ser humano que comete errores. No se trata de justificar, sino de lograr un mayor entendimiento de las situaciones.
  • Recuerda que lo que no perdonas se manifiesta en tu cuerpo físico, mental y emocional. El resentimiento genera estrés y ansiedad.
  • Libera el control y el poder que la otra persona y la situación han tenido sobre tu vida.
  • Si no eres capaz de perdonar, recuerda que se trata de un proceso, por lo que, en ocasiones, será preciso que disculpes una y otra vez.
  • Si no deseas disculpar a la otra persona, recuerda las ocasiones en las que otros te han perdonado.
  • Si eres tú quien lo pide, haz una lista de personas a las que deseas pedir disculpas por tus hechos. Llámales, envíales una carta o un mensaje.
  • Perdónate los juicios que te haces a ti, internamente, derivados de los hechos de los demás. Se trata de perdonar ese juicio interno con el que te has sentenciado.

 

Ten en cuenta que el perdón tiene que ver con el amor; está vinculado a la liberación personal, pues nos permite soltar la carga que llevamos dentro. En este sentido, soltar estas situaciones constituye un estado de consciencia, una frecuencia vibratoria más alta, lo cual es muy beneficioso para quien perdona.

Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más acerca de mi dilema con el perdón.

Resulta que, para mí, el acto de perdonar o de que me perdonen no tiene un valor intrínseco en sí mismo. De hecho, si alguien me lo pide porque cree que me ha herido o disgustado, suelo responder con una pregunta: ¿para qué lo has hecho o dicho?  Aclaro que no trato de hacer recriminación alguna.

Y es que, desde mi punto de vista, lo relevante es la explicación y no tanto el acto de contrición o arrepentimiento de quien se supone que me ha causado un daño.

De hecho, cuando pido disculpas lo primero que doy a la otra persona es una explicación de lo que originó o me llevó a comportarme de esa manera.

Hace ya tiempo un gran amigo me preguntaba el porqué de mi afán de pedir explicaciones. Fue entonces cuando me di cuenta de que la aclaración de las acciones de otras personas me permite comprender que son también seres humanos, con sus luces y sombras.

Me permite también compadecer, desde la empatía, sus actos y, por tanto, aceptar que esa persona es como es. En este punto puedo elegir si la acerco o si me alejo.

Esta última elección es, a veces, muy dura; me refiero a cuando se trata de alguien a quien quieres de verdad.

Sin embargo, me acuerdo del principal beneficio del perdón-explicación: solicitarlo o darlo consigue que el resentimiento desaparezca, logrando, en mi caso, la serenidad.

Y para mí la serenidad es sinónimo de Felicidad.

¡Felices Disculpas y Explicaciones! ¡Feliz Coaching!

 

  • Soy coach ontológica para acompañarte en la identificación de tu objetivo y apoyarte durante tu proceso de Coaching. Sistemas propios: ArkeCoaching, AstroCoaching y IronCoaching.

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