¿Te ahogas en el perfeccionismo?

perfección

¿Eres de las personas a las que les gusta dejar todo atado y bien atado, sin fisuras? ¿Te gusta tomar el control haciendo que cada detalle quede perfecto en tu día a día? ¿Te has parado a pensar en la energía que inviertes en la perfección? ¿Te satisface o todavía te sientes culpable cuando no consigues el nivel autoexigido? ¿Eres de los que se ahogan en la perfección de las cosas, de las relaciones, de las acciones y decisiones? Desde el Coaching abordamos este afán por la excelencia.

 

Desde pequeña aprendí una lección que he tardado décadas en desaprender: la perfección.

No recuerdo a nadie que me enseñara a ser perfecta; es más, ni siquiera me viene a la mente una acción o una exigencia directa al respecto por parte de mis figuras de apego, mis padres.

Sin embargo, mi anhelo de perfección se convirtió en una herramienta que usaba como moneda de cambio para ser aceptada, querida y valorada en mi círculo familiar de referencia.

“El perfeccionismo es un disfraz del miedo y de las inseguridades”, dice Elia Guardiola, experta en Marketing Emocional y en Comunicación Corporativa; “aunque, mejor hecho que perfecto”.

“Si esperas tener el producto perfecto, el servicio perfecto, el proyecto perfecto, el texto perfecto, el lo que sea perfecto, no llegará, ni llegarás, nunca”, dice Guardiola en uno de sus 49 Aprendizajes.

equilibrio

En el punto medio

Seguro que conoces a alguien que mantiene una autoexigencia de realizar todo a la perfección. Suelen ser personas con una rigidez alta en sus planteamientos y con una escasa modulación emocional. Quizá te haya ocurrido a ti mismo en alguna etapa de tu vida.

Sin embargo, cuando se logra soltar esa necesidad de alcanzar esa excelencia mal entendida en cada cosa que se hace, el estrés y la ansiedad disminuyen.

Porque en la base de tal conducta puede existir un afán de control que, a su vez, aporta una falsa sensación de seguridad. Es una especie de bucle que se convierte en una persecución dolorosa hasta que decidimos parar y flexibilizar.

Una de mis abuelas solía recordarme que “en el punto medio está la virtud”; por entonces yo no entendía bien el significado de tal aforismo, aunque ella, Mercedes, posiblemente se fijaba en que, ya por entonces, su nieta apuntaba maneras hacia el perfeccionismo.

Además del control, el afán de perfección puede enmascarar otra carencia, la de ser suficiente, la de ser valioso, es decir, ser valorado por lo que se hace, en vez de por lo que se es.

Desde el Coaching te propongo algunas ideas para dejar a un lado tal empeño:

  • Elige el punto medio. Evita crearte expectativas irrealizables en el desarrollo de tu trabajo, en tus relaciones de familia, amistades o en las diversas tareas que lleves a cabo.
  • Evita ser intensa. No lo des todo para todo y a todas horas. Así mejorarás tu autoestima.
  • Evita las comparaciones. Si te comparas con lo que hacen y dicen otras personas es posible que estés idealizando el desempeño de los demás y, al mismo tiempo, aumentando tu nivel de autoexigencia.

perfecto

La trampa de ser perfecto

“A menudo, la necesidad de empezar de cero nace de una mente perfeccionista que opera bajo la ley del todo o nada”, dice Neus Monfort, coach experta en Bienestar; “si nuestra vida no es impecable, sentimos que es un fracaso total por lo que, en lugar de reparar lo que tenemos, buscamos destruir y volver a empezar, para recuperar la ilusión de una ejecución perfecta”.

Monfort sugiere que “para que el cambio sea una evolución saludable y no una evitación, debemos transitar este proceso con consciencia” y propone las siguientes claves:

  • Céntrate en ti. Priorizarte no es egoísmo. Reflexionar sobre lo que sientes y quieres es el primer paso. Evita esculpir una identidad perfecta para los demás y date cuenta de cuáles son tus valores reales: ¿Qué cosas te hacen sentir vivo hoy?
  • Despídete de tu etapa anterior con gratitud. El perfeccionista quiere borrar el pasado porque le avergüenza. El cambio saludable integra el pasado. Agradece lo vivido.
  • Acepta tus emociones. Nombrarlas (miedo, incertidumbre, tristeza) las hace menos poderosas y te permite avanzar con valentía real.
  • Revisa tu sistema de valores. A veces estamos viviendo bajo valores ajenos. Identifica qué es sagrado para ti hoy (honestidad, libertad, creatividad).
  • Visualiza la paz, no la perfección. Imagínate en paz, en vez de siendo el más exitoso.
  • Establece metas claras y realistas. El secreto está en dividir lo grande en acciones pequeñas. La persona perfeccionista se pone metas titánicas y se frustra al primer fallo. Celebra cada micro-victoria; un camino con parches, realizado, sigue siendo un camino.
  • Desmantela tus creencias limitantes. Cuestiona las voces que dicen no eres suficiente; por ejemplo, cambia el soy demasiado viejo por tengo más herramientas para lograrlo ahora.
  • Prueba algo nuevo y abraza el error. Salir de la zona de confort requiere soltar el control. Prueba actividades donde seas principiante. Jugar con lo nuevo te ayuda a perderle el miedo al fallo y te reconecta con tu capacidad de asombro.
  • Busca el apoyo y la sabiduría de los demás. Pedir ayuda es una señal de valentía, no de incompetencia. Identifica a tus abofeteadores (personas que te impulsan), a tus estimulantes (quienes te sugieren) y a tus consoladores (los que te dan seguridad).

Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más acerca de mi pretendido perfeccionismo.

Resulta que esa herramienta de la perfección marcó mi infancia, es verdad. Ayudaba en casa a mi madre realizando todas las tareas que podía, cuidaba de mis hermanas menores y les ayudaba con los deberes del cole, hacía los míos y me afanaba en tener las mejores notas (recuerdo aprenderme de memoria las lecciones de francés porque, al cambiarme de colegio, era el idioma que enseñaban, en lugar del inglés).

Como nos quedábamos a comer en el colegio, procuraba peinar a mis hermanas antes de entrar a las clases de la tarde (recuerdo la angustia que me producía que una de mis ellas se resistiera a que le hiciera las coletas y estuviera despeinada al entrar en su aula; a veces pasaba)

No obstante, esos recuerdos los traigo al presente con compasión y cariño. Es cierto que me preocupaba mucho porque todo me saliera bien, incluso aquellas cosas que no dependían de mí; sin embargo, todo ello ha contribuido a que sea hoy la mujer que soy de quien, por cierto, me siento muy orgullosa.

He aprendido que la herramienta de la perfección me fue útil en aquellos momentos, que fue una cuestión de supervivencia.

Actualmente, en mi proceso, he sabido que la perfección no me lleva a ningún lugar en el que desee estar. Y es que ahora ya no se trata de sobrevivir, sino de vivir en plenitud.

Es más, parafraseando el estribillo de uno de los temas más populares de Loquillo (Quiero un camión), digo eso de Yo, para ser feliz, quiero serenidad e imperfección.

Y tú, ¿cómo te relacionas con la perfección?

¡Feliz Imperfección! ¡Feliz Coaching!

 

  • Soy coach ontológica para acompañarte en la identificación de tu objetivo y apoyarte durante tu proceso de Coaching. Sistemas propios: ArkeCoaching, AstroCoaching y IronCoaching.

Etiquetas

Ideas, salud y bienestar para disfrutar después de los 50

Añade Senior50 como fuente preferida en Google y recibe contenidos útiles sobre vida activa, salud, nutrición, cultura, ocio y bienestar.

Seguir Senior50 en Google

Selecciona Senior50 como fuente preferida para ver más contenidos nuestros en Google.

Noticias relacionadas