INNOVACIÓN

¿Qué relación existe entre depresión y comida ultra-procesada?

¿Existe relación directa entre la comida ultra-procesada y los síntomas de la depresión? Según un estudio realizado recientemente la respuesta es sí.

 

Un estudio liderado por el Centro de Investigación Biomédica en Red, CIBER, y el Instituto de Investigación Biomédica de Girona Dr. Josep Trueta, IDIBGI, vincula directamente la comida ultra-procesada con la depresión, el volumen de sustancia gris del circuito cerebral mesocorticolímbico y parámetros de inflamación. En este estudio también han colaborado investigadores de la Agencia de Salud Pública de Barcelona y del Instituto de Investigación de Sant Pau.

Dicho estudio pretende arrojar luz sobre los posibles efectos adversos que el consumo de ultra-procesados puede tener en la salud mental y en el cerebro.

Los trastornos depresivos son uno de los trastornos psiquiátricos más comunes en todo el mundo, con una estimación de 300 millones de personas que viven con depresión (Stringaris, 2017). Se estima que este tipo de trastornos será la principal causa de enfermedad para el año 2030. Por otro lado, es indiscutible que la depresión limita severamente el funcionamiento psicosocial de los enfermos y disminuye notablemente su calidad de vida.

La mayoría de los ultra-procesados tienen una densidad de nutrientes más baja, pero una concentración energética más alta en comparación con los alimentos no procesados. Además, son ricos en ácidos grasos saturados y trans, azúcares añadidos y sal, y son pobres en proteínas, fibra dietética y micronutrientes. Este tipo de productos suelen contener aditivos para intensificar sus cualidades sensoriales e imitar la apariencia de los alimentos mínimamente procesados, lo que los hace comestibles, sabrosos, altamente atractivos y potencialmente adictivos.

 

Uno de los resultados principales es la asociación entre un mayor consumo de ultra-procesados y una mayor presencia de síntomas depresivos, así como un menor volumen en regiones cerebrales implicadas en procesar la recompensa y monitorizar el conflicto, aspectos esenciales en la toma de decisiones, incluyendo las alimentarias. También destacó la mediación la cantidad de glóbulos blancos en la asociación entre el consumo de ultra-procesados y los síntomas depresivos. La asociación entre el consumo de estos productos y los síntomas depresivos fue especialmente notable en el grupo con obesidad (58.6% de los participantes), que partían de una mayor presencia de síntomas depresivos en comparación con el grupo sin obesidad.

En conclusión, la investigación respalda la evidencia previa que vincula el consumo de ultra-procesados al riesgo de padecer un trastorno depresivo, y proporciona nuevos datos que lo asocian con cambios en la estructura de redes cerebrales concretas. Además, muestra que estas asociaciones podrían ser dependientes de la presencia de obesidad y los niveles de inflamación periférica.

 

 

 

REDACCIÓN SENIOR 50

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