Pétalos verticales,
de ese…
tu mar congelado.
Camas sin nadie.
Hilos transparentes,
telas de arañas
–brillo helado-,
más altas que las montañas.
Puedo desprenderme del alimento
de este domingo cualquiera
sin apenas pasar hambre.
Puedo hacer
dibujos en la acera,
desde el calor de mi casa
con las plumas,
heladas y blancas
que tú, nube,
me brindaste.
Puedo
hacerte el amor
por el arco de tu espalda,
y mirarte a los ojos
hasta que
el blanco de tu cuerpo
sea de agua.
Ha dejado de nevar.
Es ahora la lluvia…
lenta, silenciosa,
con sus ojos cerrados,
directa hacia mi boca
la que me quiere besar.
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