Y me quedo roto sin saber,
y me da por beber hasta romperme.
La voz, queda seca y responde,
al latir con el aire medio loco
de un loco que respira por tenerse.

Frágil la tímida luz de la vela
poco antes de apagarse.
La noche, es una de las tantas muertes,
que no cuento por morirlas
y siempre en cuerpo presente.
Su oscuridad la cueva norte
del este de mis heridas.

Un beso ardiendo,
soñado,
a mitad de camino entre el sí
y la propia mejilla.
Un barco a la deriva sin capitán,
sin rumbo.
Un tiburón mordiendo la carne
de su propio corazón.

La eternidad muere vencida…
un beso al corazón
por la sangre de una herida
nacida de la razón.

Ya casi me da igual.
Las agonías son como el aire,
estanques bajo ventilador parado
y la visión de mis ojos en su cuerpo.

Una manera de amar
es dejar de hacerlo,
para no sufrir.
Un corazón solitario,
también puede serlo hasta el Fin.
Mi parada cardíaca
expulsa una última palabra por la boca,
Un nombre.

Todo se muere,
lo último en hacerlo,
mis oídos junto a una maravillosa melodía
que rebota en eco
y se pierde, lentamente,
Ese nombre… tu nombre.

Bañado de alquitrán un rostro,
dormido en su base de piedra
con los ojos bien cerrados,
a punto de tragar.
Una pared blanca de fondo,
baldosas con óleo
y un pequeño charco de plástico,
del color de unos ojos que no están.

Pensamiento bajo escudo de barro
iluminando gesto inerte.
La media sonrisa
es solamente por aparentar.
La alegría y el dolor
son las alas del ave
que marcha del frío
para encontrar el calor
y siempre cerca del mar.

 

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

 

Tomás Martínez

Artista polifacético dedicado a la poesía desde que era niño y a la pintura. Él mismo recuerda “aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante. Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy”.

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