¿Qué es para ti la amistad? ¿Supone que la otra persona siempre responda a tus demandas? ¿Implica que tú debas adivinar las necesidades del otro? ¿Eres de las amigas que sabe ser discreta y no revela las confidencias que le hacen? ¿Qué haces para conseguir amigos? Y ¿qué haces para mantenerlos? Desde el Coaching te invito a dar una vuelta por el territorio de la amistad auténtica, ¿te vienes?
“Te he echado de menos”, le digo a mi amiga Anna, con quien no coincidía desde hace unas semanas, tras mudarme de ciudad. “Yo también a ti”, responde ella; “aunque he pensado que tenias que recolocarte, encontrar tu sitio en la nueva situación, tras el cambio”.
Y es que amigo es aquél a quien, aunque no veas durante un tiempo, cuando vuelves a coincidir, parece que las cosas sigan en el punto en el que se quedaron, sin recriminaciones ni justificaciones.
Aunque, ¿cómo se define la amistad? Es compañerismo, aprecio, cariño, camaradería, afecto, simpatía y también implica una relación de apego.

Las claves de la amistad
La base de la relación de amistad se apoya en la confianza, la sinceridad la reciprocidad y la lealtad, a lo que puede añadirse la empatía, la comunicación, el apoyo y, sobre todo, el respeto.
No obstante, la amistad no es estar siempre, sino en aquellos momentos en los que se puede sostener.
Veamos cuáles son sus principales claves:
- Aceptación. Amigo es aquél que te acompaña y te ayuda desde la aceptación, evitando el juicio.
- Amigo es aquél ante quien te muestras tal cual eres, con autenticidad, pues, de nuevo, sabes que no te va a juzgar.
- Vínculo de calidad. Que viene muy marcada por el nivel de intimidad y la confianza que se comparte con esa persona.
- Contacto frecuente. De forma habitual, e incluso está presente en la rutina diaria.
Este tipo de relación tiene también sus leyes de funcionamiento:
- Respeta que eres quien eres. Esto está relacionado con el valor de la autenticidad y con el hecho de ser genuina.
- Confianza. Saber que cuando cuentas algo a un amigo éste no lo va a revelar ni propagar.
- Compasión empática. Esa persona va a ser capaz de ponerse en tu lugar y entenderte, aunque no comparta lo que digas o la forma en la que lo expreses.
- Apoyo y acompañamiento. El amigo te escucha y luego te pregunta qué vas hacer, cómo lo vas a hacer y cómo te puede ayudar.
- Conexión. Es fundamental entre amigas. Para entenderse.
- Aceptación. La otra persona te acepta tal cual eres, con tu manera de ser, con tu conducta.
- Lealtad. Entre amigos, este valor puede englobar algunos de los anteriores. Se es leal con el otro cuando se conecta, se respeta, se confía, se le acepta y se le acompaña.
También contigo mismo
“Muchas personas son amables, comprensivas y pacientes con los demás, pero profundamente duras consigo mismas”, dice Victoria Cadarso, psicoterapeuta especializada en Desarrollo Personal; “de modo que se equivocan y se castigan; fallan y se juzgan; cuando no pueden con todo, se exigen aún más”.
Para esta experta, “la amistad hacia uno mismo es una de las acciones más olvidadas del amor propio y, al mismo tiempo, una de las más necesarias”.
En este sentido, “ser tu amigo no es justificarlo todo, ni tampoco dejar de responsabilizarte”, dice Cadarso; “es no abandonarte cuando te equivocas, acompañarte con la misma comprensión que ofrecerías a alguien a quien quieres”.
Dice esta psicóloga: “en terapia veo que, cuando una persona empieza a desarrollar una relación interna más amistosa, algo muy profundo cambia, por lo que el error deja de ser una amenaza y se convierte en aprendizaje”.
Sin embargo, “cuando no hay amistad interior, aparecen la culpa constante, la autoexigencia extrema, el miedo a fallar y la sensación de no ser suficiente”, dice Cadarso.
Si la amistad empieza a estar presente, “surge una base de seguridad emocional”; dice Victoria Cadarso; “ser tu propio amigo es poder decirte cosas como esto ha sido difícil, aunque sigo aquí contigo; me he equivocado y, aún así, merezco respeto o también: puedo aprender sin machacarme.
Si has llegado hasta aquí
Te cuento ahora algo más de la relación de amistad con Anna. Nuestro vínculo se estableció hace años, aunque hasta hace sólo dos era un poco intermitente. Al volver a encontrarnos, fue en el momento propicio y en el instante adecuado e iniciamos algo que, con humor, denominamos congestión emocional, es decir, que nos apoyamos y ayudamos mutuamente al compartir preocupaciones, conflictos y hasta pálpitos que nuestras respectivas intuiciones nos proporcionan. Toda una modulación o cogestión emocional.
Hablamos (ninguna palabra está de más), debatimos (con respeto y sencillez) y, sobre todo, reímos, nos reímos mucho hasta de nosotras mismas, lo que nos procura casi siempre una solución distinta y distendida.
Los lazos de apego se fortalecen día a día, a pesar de que actualmente yo me encuentre a más distancia. No obstante, encontramos la manera de vernos, a veces a través de divertidos mensajes de wasap.
Una delicia. Y tú, ¿le das importancia a tus relaciones de amistad?
¡Feliz Amistad Verdadera! ¡Feliz Coaching!













