Cuando recuerdo mi niñez
me viene a la memoria
el olor de la flor del almendro
y el ocre seco de la tierra,
con su jardín de olivos
justo enfrente de mis ojos,
casi en blanco y negro,
y siempre repleto de amigos.

Cuando recuerdo mi niñez
siento el agua en las botas
y la piel de unos pies arrugados,
y gastados por el juego
en los cien charcos que se dejaban
hasta que la luz de la tarde
se iba consumiendo,
reflejando casi a la vez
la misma luna en mismo charco.

Cuando recuerdo mi niñez
me olvido del presente
acariciando la lejanía,
se vuelve compañía
el susurro lejano de su gente.

Cuando recuerdo mi niñez
cierro los ojos
y me abandono
al poder infinito de sus lagos,
y me perdono
al no poder abrazarte
con mis brazos.

Cierro los ojos cuando recuerdo mi niñez.
Y tú como yo sigues por latir,
y escucho las palabras ahora mudas
de tus fotografías,
y escucho hasta el silencio
que dejaron
aquellas aves al pasar,
justo encima de nosotros
perdidas en el tiempo,
y tan reales.

Cierro los ojos
cuando recuerdo mi niñez.
Los vuelvo a abrir
y desaparecen el miedo y la locura.
Y regresa el juego y la ternura
de una mirada que añoro
por estar cerca de mí
y no poder besarla ni abrazarla.

Al abrir aquellas puertas
puedo verte
en aquel jardín de la infancia,

donde si pudiera te susurraría al oído
después de darte un beso.
Que los ojos solo se cierran
cuando dejas de ver a través del alma,
y que la infancia es igual de bonita
como poder recordarla
también después.

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

Tomás Martínez

Artista polifacético dedicado a la poesía desde que era niño y a la pintura. Él mismo recuerda “aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante. Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy”.

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