¿Cómo ha afectado la pandemia a los Servicios Sociales?

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¿Qué efectos ha tenido, y está teniendo la pandemia en los Servicios Sociales? ¿Cómo les ha afectado? A estas y otras muchas preguntas intenta responder el II Informe del Monitor de impacto de la COVID en Servicios Sociales realizado por investigadoras de cinco universidades públicas y financiado por el Instituto de la Administración Pública (INAP). Los datos de este II Informe se refieren al mes de noviembre de 2020 y, al igual que en el primero (septiembre de 2020), el objetivo es analizar cómo se está viviendo la pandemia desde la óptica de los Servicios Sociales:
qué tipo de personas acuden a los centros para pedir ayuda; qué ayuda es la
que más se está pidiendo; y cómo ha cambiado la forma de trabajar de todo el personal para adaptarse a las limitaciones impuestas por las medidas de
protección.

Las universidades que participan en este estudio son la Universidad Complutense de Madrid, Universidad de las Islas Baleares, Universidad del País Vasco, Universidad de Salamanca y Universidad de Zaragoza. Y las conclusiones se han extraído de las entrevistas realizadas en los últimos dos meses a trabajadoras y trabajadores sociales de 52 centros de Servicios Sociales en Andalucía, Aragón, Islas Baleares, Castilla y León, Euskadi y Madrid.

Ya desde los inicios de la pandemia los servicios sociales en todo el país se vieron afectados de forma importante: se cerraron centros, se suspendieron las acciones de atención personal y hubo que modificar la forma de ofrecer los cuidados. Con el paso de los meses, y la apertura progresiva de los servicios, han aparecido nuevas dinámicas como la cita previa y nuevas formas de trabajo que hoy se mantienen. Formas como las llamadas de teléfono, la comunicación virtual con los usuarios. Además, en aquellos primeros meses de crisis sanitaria las demandas se desbordaron, situación que aún hoy no se ha corregido porque, como apunta el Informe, aún no se han cubierto todas las solicitudes referentes a la atención de cobertura de necesidades básicas, de ayuda económica o de alimentos.

En estos meses también se ha constatado un cambio en el perfil del demandante de los Servicios Sociales, provocado por la precariedad laboral y social. Según las informaciones recogidas en esta investigación, los perfiles son, además de los habituales, familias con niños y personas con problemas emocionales relacionados directamente con la pandemia y el confinamiento.

Nuevos perfiles demandantes 

La precariedad intensifica las necesidades de los demandantes «habituales» y, al mismo tiempo, alcanza a nuevas personas y nuevas familias. Según las informaciones recogidas en este documento, los usuarios denominados «crónicos o de continuidad» han visto agravadas sus circunstancias en estos meses y su dependencia del sistema. Los trabajadores sociales creen, además, que este perfil tendrá gran dificultad para enfrentar la crisis «de forma autónoma».

A ellos se suman aquellos que, aunque intentan alejarse de los Servicios Sociales para valerse por sí mismos, no pueden hacerlo por lo precario de su situación económica y laboral, lo que les lleva a pedir ayuda de vez en cuando (ayuda de emergencia).

Otro perfil es el de aquellos que nunca habían acudido a estos servicios. Son trabajadores del sector de la hostelería, dueños de negocios de diferente tipo que han tenido que cerrarlos, personas que cobran alguna prestación que es insuficiente, y las personas que se quedaron fuera de esas ayudas.

Otro de los colectivos identificados como nuevos usuarios son aquellas personas que están teniendo dificultades emocionales como soledad y depresión vinculadas al aislamiento, el confinamiento y el distanciamiento social. En este grupo se encuentran los mayores de 65 años que viven solos. En ocasiones se trata de usuarios de Centros de Día que cerraron al inicio de la pandemia y no pueden realizar los programas de Promoción de Autonomía Personal, y usuarios del Servicio de Ayuda a Domicilio. Este grupo está acusando ese aislamiento y ve cómo se aceleran los procesos de deterioro tanto físico como emocional.

 

Desgaste de los profesionales

Este II Informe refiere que, aunque los profesionales de Servicios Sociales han sabido adaptarse a los cambios que requerían la nueva situación, existe un cansancio y un desgaste generalizados que se intensifica por no saber cuánto se alargará esta crisis. Y expresan «la necesidad de volver a la presencialidad (de manera controlada y con protección) y de reactivar el trabajo social con grupos y comunitario para recuperar la razón de ser de su trabajo: la intervención social». En este sentido, y a modo de ejemplo, recogemos aquí las declaraciones de un trabajador que argumenta la necesidad de esa presencialidad: «El no poder ir a los domicilios hace que se pierda mucha información, porque estar en las casas da muchas pistas y datos sobre cómo está la persona o la situación. Si no puedes ir te tienes que creer lo que te cuentan porque no lo puedes ver. Pierdes mucha información» (Castilla y León, municipio de menos de 15.000h).

 

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